Sofía El tiempo parecía detenerse cada vez que Alejandro y yo encontrábamos esos pequeños momentos para vernos, rodeados de penumbra y silencio, casi como si el mundo entero quedara al margen de nuestra historia. Nuestra relación había pasado de miradas furtivas y roces casuales a una estrategia cuidadosamente calculada, un juego de sombras en el que cada paso debía ser preciso para no despertar sospechas. Como ahora, en su casa, a las afueras de la ciudad, frente a una chimenea, con mi ropa por el suelo y su cuerpo encima del mío. Sus caderas se movieron lento de atrás hacia adelante, mis manos permanecían por encima de mi cabeza, sujetas por la suyas en un amarre perfecto. Jadee cuando golpeo más fuerte contra mi interior. Mis piernas se aferraron a su trasero. Paso una de sus manos

