Al entrar en su casa, _______ fue directa a la cocina. Allí sacó un paquete
de guisantes del congelador y se lo puso en el tobillo. Por suerte seguía sin
hincharse, pero le molestaba. Cerró los ojos. Necesitaba descansar un poco.
Estaba sudada por las carreras que se había dado y dolorida por el golpe.
Pensó en Tom y se percató de que el olor de su colonia se había quedado
impregnado en su ropa. Con curiosidad, la olió y asintió. Aquel hombre
olía muy bien.
Quince minutos después, se levantó cojeando y fue en busca de su
vecina. Necesitaba que recogiera a su hija de la guardería, pero nadie le
abrió la puerta. Eso la agobió y, activándose, se duchó con rapidez y se
vistió. Ella misma iría a buscarla.
Cuando estaba poniéndose el abrigo, llamaron a la puerta. A la pata
coja y con el pelo aún húmedo por la ducha, abrió y se quedó a cuadros
cuando vio que eran Tom, una cuidadora de la guardería y su pequeña.
La niña, al verla, le abrió los brazos y ______, boquiabierta, la abrazó.
Antes de marcharse, la cuidadora de la guardería le dijo con una grata
sonrisa que se mejorara del pie y luego, tras pasear con descaro su mirada
por el hombre, se marchó. Cuando ______ se quedó ante un Tom que no
había abierto la boca, preguntó, entornando la puerta de su casa:
—Pero ¿qué haces tú con mi hija?
—Has dicho que tenías que ir a buscarla y como he supuesto que tu
marido no llegaría a tiempo, te he solucionado el problema.
Al oír eso, a ______ se le puso la carne de gallina. Su marido no existía,
pero dejando de pensar en ello, frunció el cejo y preguntó:
—¿Y por qué te han creído? No te conocen.
—Escucha...
Enfadada con la situación, lo cortó:
—No. No te escucho. No tenían que haber sacado a la niña de la
guardería. Lo tienen prohibido. Pero ¿qué clase de guardería es ésa, que le
dan los niños a todo el mundo? Los voy a denunciar. Les voy a meter un
puro que se van a enterar.
Tom asintió. Ella tenía razón, pero para tranquilizarla comentó:
—Conozco a dos de las cuidadoras y saben dónde vivo y dónde
trabajo. Les he dicho que somos amigos y que tú no podías recoger a la
pequeña. —Y al ver su gesto de enfado, añadió—: Venga, mujer, tómalo
por el lado positivo. Así no tienes que salir a buscarla. Y, tranquila, la niña
no se la dan a cualquiera, ya has visto que una de las cuidadoras me ha
acompañado hasta tu casa.
En ese momento, la pequeña Samantha le echó los brazos a Tom y
éste, sonriendo, la cogió y dijo:
—Princesa Sami..., dile a mamá: «¡No te enfades, mamá!»
—No te fades, mamááá.
_______ sonrió y quitándole a su pequeña de los brazos, fue a decir algo
cuando él se le adelantó:
—Me voy. Siento mucho lo que ha ocurrido.
Al ver que se marchaba, _______ intentó ser amable por primera vez y
musitó:
—Oye..., gracias.
Tom no la miró, asintió y continuó su camino hasta el ascensor. Sin
querer pensar más en ello, salió del edificio, cogió su Aston Martin y se
perdió en el tráfico. Tenía cosas que hacer.