El comandante la cogió de la cintura y, tumbándose en el suelo,
colocó su boca debajo de ella y continuó. Su lengua parecía estar en todas
partes y ______ jadeó al sentir cómo tiraba de su clítoris arrancándole oleadas
de placer.
La cama les sobró. El suelo fue su colchón y en él se revolcaron de
todas las maneras habidas y por haber, mientras imaginaban a dos personas
que nunca más regresarían a ellos.
—Vamos..., entrégate a mí. Pon las piernas alrededor de mi cintura y
búscame —exigió él, dándole un azote en el trasero—. ¡Búscame, Daiana!
Cuando ______ lo hizo, el comandante jadeó y ella se arqueó.
—Mike...
—¿Te gusta lo que te hago?
—Me encanta, Mike..., me encanta. Sigue...
Durante varias horas, el sexo frío e impersonal reinó en la habitación.
Ése era el sexo que en los últimos años habían practicado y que a ambos
les satisfacía. Tras varios asaltos en los que los dos se corrieron, fumaban
desnudos tirados en la cama, cuando ella preguntó:
—¿Qué hora es?
Lodwud miró el reloj que tenía en la mesilla.
—Las doce y veinte de la noche.
El silencio tomó de nuevo la habitación y de pronto él preguntó:
—¿Por qué seguimos pensando en Daiana y Mike?
—Porque somos idiotas —rió con amargura _____ e, intentando no
pensar más en ello, añadió—: Y ahora voy a continuar con ello y voy a
buscar a un tercero que quiera jugar.
Lodwud sonrió.
—Aún recuerdo la mujer que encontré para nuestra última cita. Se
volvió loca entre tú y yo.
______ soltó una carcajada y cuchicheó:
—Tú sí que te volviste loco entre ella y yo.
Levantándose de la cama, se puso las bragas, una camiseta y los
pantalones de camuflaje. No contaba con más ropa para cautivar. Una vez
se hubo vestido, miró a Lodwud y éste dijo:
—Es la una en punto. Si a las dos no has vuelto, seré yo quien elija.
—Ni hablar. Hoy decido yo.
Una vez salió de la habitación del hotel, caminó con decisión hacia el
bar. Por norma, elegían hoteles cercanos al aeropuerto para verse. Por
norma, la gente que se alojaba en esos lugares estaba de paso y buscaba en
la mayoría de las ocasiones una noche divertida sin ataduras.
Cuando ______ entró en el bar, escaneó el lugar con decisión. Varias
parejas charlaban amigablemente y algunos hombres o mujeres bebían
solos en la barra. Ella buscaba un hombre y los observó con cuidado. El
primero que vio no le valió, demasiado mayor y barrigón. El segundo no
estaba mal, pero se quedó con el tercero: un ejecutivo de su edad.
Acercándose hasta la barra, dijo, mirando al camarero:
—Un whisky doble con hielo.
No fallaba. Era pedir esa bebida una mujer y el hombre que estuviera
al lado miraba sí o sí. Sin tiempo que perder, _____ sonrió y, tras un par de
parpadeos, él giró su silla. Ella miró el reloj, la una y diez. Iba bien de
tiempo.
Con una sonrisa en los labios, habló con el hombre. Su nombre era
Ludvig. Era sueco y estaba de paso por Alemania. Era perfecto. Le explicó
que trabajaba para una empresa de automóviles y que estaba de viaje
visitando varios países. A la una y veinte Ludvig ya le había mirado el
pecho en varias ocasiones y a la una y media ella ya le había puesto una
mano en la pierna. A las dos menos veinte el sueco ya se había insinuado y
______ le había hecho su caliente propuesta de un trío. A las dos menos diez,
el sueco aceptó y a la una y cincuenta y dos, _____ abría la puerta de su
habitación y, mirando a Lodwud, que sonrió al verla entrar, comentó:
—Vamos, chicos..., quiero jugar.
Tras dos calientes asaltos con aquellos dos hombres, todo terminó.
______ despidió al sueco, que se fue encantado de la habitación. Cuando cerró
la puerta y se volvió hacia Lodwud, éste, mirándola, caminó hacia ella y
observó:
—Daiana, eres una chica... muy... muy mala.
______ sonrió y, tocando su erección, asintió.
—Sí, Mike..., reconozco que lo soy.
A la mañana siguiente, _____ se fue al aeropuerto militar. Al llegar, un
muchacho se acercó a ella y, tras saludarla con un movimiento de la mano,
dijo:
—Buenos días, teniente Parker.
—Buenos días, sargento.
Él, con gesto serio, añadió:
—Teniente, el mayor Parker está al teléfono y quiere hablar con usted.
Sorprendida por la hora, ______ cogió el teléfono que le tendía y
separándose unos metros, saludó:
—Buenos días, mayor.
—Teniente, ¿cómo fue ayer el vuelo?
______ sonrió. Su padre. Aquel hombre al que muchos temían por su mal
carácter, con ella era un padrazo, y respondió:
—Bien. Todo fue perfecto, como siempre.
—Me han dicho que ahora sales para Múnich.
—Sí.
—¿Has descansado lo suficiente?
Pensó en la noche loca que había pasado con Lodwud y afirmó:
—Sí, papá. He descansado.
Todos se preocupaban por ella y su vida. Algo innecesario. _____ se
había convencido de que podía con todo lo que se propusiera y dijo:
—Papá, llevo fuera de casa doce días y estoy deseando ver a Sami y...
—Vale —la cortó—. Lo entiendo... lo entiendo. Pero habla con tu
madre. Me ha llamado dos veces y ya sabes lo pesadita que se pone.
Al oír eso, _____ sonrió. Sus padres se habían separado hacía poco más
de un año.
—Tranquilo. Lo haré.
—Por cierto, ¿has vuelto a pensar en lo de Fort Worth?
—No, papá...
—Debes hacerlo, _______. Quiero teneros cerca a ti y a la niña. Tu
hermana regresará el año que viene y...
—¿Y mamá?
—Tu madre ya es mayorcita para saber qué quiere hacer —respondió
él en tono cortante.
______ sonrió y prefirió no preguntar más del tema, por lo que dijo:
—Papá, dejemos el asunto del traslado para otro momento.
—De acuerdo, hija. Pero recuerda, tu familia está aquí. En Alemania
no tienes nada.
Para Cedric Parker no era fácil vivir tan lejos de sus hijas y de su
mujer. Especialmente de ______, su mayor orgullo. Después de varios
minutos hablando con su padre, ella cerró el móvil y cogió un sobre que le
ofrecía el mismo militar que le había llevado el teléfono.
—Teniente, aquí tiene lo que solicitó.
______ cogió con fuerza el sobre. Dentro estaban las llaves del
helicóptero que la llevaría junto a su hija y, abriéndolo, preguntó:
—¿Todo bien por aquí, sargento?
El joven asintió y una vez la volvió a saludar con la mano, se dio la
vuelta y se marchó. En ese instante llegaron Neill y Fraser.
—Joder..., dormiría un mes —murmuró Fraser rascándose los ojos.
—Yo también, tío. Estoy agotado.
La teniente Parker al oír a sus amigos sonrió.
—Vamos, muñequitas, montad en el helicóptero, quiero ver a mi hija
—se mofó.
Aquel mismo día, después una hora de vuelo, llegaron al aeropuerto
de Múnich sobre las nueve de la mañana. Allí, tras dejar el helicóptero en
un hangar particular, con sus petates a cuestas, cogieron un taxi. Primero
dejaron a Neill y después continuaron hacia la casa de ______. Cuando
llegaron, la madre de ésta la abrazó al verla.
—¡Qué alegría tenerte aquí de nuevo, cariño!
Dejándose abrazar, ______ cerró los ojos y, feliz, murmuró:
—Hola, mamá.
Segundos después, Luján saludó a Fraser mientras _____ soltaba su
petate y corría a ver a su hija. Abrió con cuidado la puerta de la habitación
y entró. Con una sonrisa, observó a la pequeña Samantha dormida en su
cuna. Era preciosa. La niña más bonita que había visto nunca y, sin poder
remediarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas. Era igualita a su padre. Su
pelo, su sonrisa...
—Cariño —susurró Luján entrando en la habitación—. Vamos, he
preparado algo de comer para ti y para Fraser. Seguro que estaréis
hambrientos.
—En seguida voy, mamá. Dame un segundo.
Luján asintió. Le partía el alma ver la triste mirada de su niña al
contemplar a su hija dormida. Todos habían intentado con ahinco que _____
rehiciera su vida, pero no había dado resultado. Se negaba. No podía
olvidarse de Mike.
Cuando se quedó sola de nuevo en la habitación con su hija, con
cuidado se acercó a ella, le tocó los rizos rubios y sonrió.
—Hola... —cuchicheó Fraser tras ella.
La conocía. La conocía muy bien y sabía que tras aquella dura
apariencia de teniente del ejército de Estados Unidos, sufría. Nunca
olvidaría su reacción cuando supo lo que le había sucedido a Mike. Su
desesperación, sus lloros y su impotencia al enterarse tras su muerte de
cosas poco agradables.
Embarazada de siete meses, ______ se encerró en sí misma y no quiso
hablar de ello con nadie. Sólo era feliz cuando estaba con la pequeña Sami
o pilotando su C-17. Pero a pesar de la felicidad que la niña le
proporcionaba, sus ojos nunca más volvieron a brillar como lo hacían
antaño. Desconfiaba de todos los hombres y eso sólo se lo debía a Mike. Al
hombre que quiso y que la defraudó.
—¿Qué te parece cómo está la princesa? —preguntó ______, tragándose
sus lágrimas.
Fraser sonrió.
—Preciosa. ¿Cuánto tiempo tiene ya?
—Casi veinticinco meses.
Los dos se miraron en silencio y ______ murmuró:
—Cómo pasa el tiempo, ¿verdad?
Ambos asintieron y Fraser, intentando desviar el tema, bromeó:
—Esta niña va a romper muchos corazones. Y te lo digo yo, que de
eso sé mucho.
Se rieron y Fraser, cogiéndola por la cintura, murmuró:
—He hablado con mi azafata. Llegará al aeropuerto esta tarde.
—Perfecto.
Con cuidado, salieron de la habitación. Entraron en la cocina, donde
Luján les había preparado una tortilla de patatas y, mientras comían, la
mujer le dijo a su hija que debía regresar a Asturias. Su abuela, Covadonga,
tenía que ir al médico y se había negado a hacerlo con Scarlett, su
hermana.
—La abuela y Scarlett —rió ______—. No quiero ni imaginármelas a las
dos solas.
—Tu hermana en ocasiones es peor que tu abuela —dijo Luján—. Te
lo puedo asegurar. Cuando se enfada, amenaza con marcharse a Fort Worth
y tengo que convencerla de que no lo haga ante los gruñidos de tu abuela.
—Mamá, Scarlett terminará marchándose. Sabes que se trasladó a
Asturias sólo por un tiempo.
—Lo sé, hija, lo sé.
Fraser las escuchaba, pero no decía nada. Hacía unos años, Scarlett y
él habían tenido algo que sólo _______ conocía y que se rompió cuando
Scarlett vio a su hermana sufrir por la pérdida de Mike. De un día para otro
decidió dejar a Fraser y a éste no le quedó más remedio que aceptar. En su
momento lo pasó fatal, pero finalmente lo aceptó. Aquélla era su vida y
entendía que ella no quisiera formar parte de la misma.
Una hora después, el cansancio acumulado por el largo viaje se hizo
evidente. Luján los miró a los dos y dijo:
—Fraser, ______, ¡a descansar!
—Mamááááá...
Fraser soltó una risotada y mirando a la madre de su amiga, contestó:
—Gracias por la comida, pero yo me voy. Tengo planes con una
preciosa mujer.
Luján sonrió y Fraser, levantándose, dijo:
—Ahora a dormir en la camita, mi teniente. Tienes cara de no haber
descansado bien anoche.
______ asintió. Su noche de sexo loco le estaba pasando factura. Entró
con cuidado en la habitación y sonrió al ver a la pequeña sentada en la
cuna.
La niña abrió sus bracitos y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja.
—Mamiiiiiiiii.
Sin demora, la teniente Parker corrió a abrazar a su hija. Aspiró su
olor a inocencia y sonrió encantada al escucharla hablar con su media
lengua. Feliz, la sacó de la cuna y la dejó en la cama mientras ella se
desnudaba y se ponía el pijama.
Una vez terminó, se metió en la cama con la pequeña y comenzaron a
jugar. La risa de Sami era lo mejor. Lo más bonito que había en el mundo,
y eso, como siempre, la llenaba de felicidad.
¡Qué maravilla estar con su hija en casa!
Pasados unos minutos, la pequeña se acurrucó contra su cuerpo y,
contenta por estar junto a su mamá, se relajó y durmió. Con cariño, _____
observó el rostro plácido de su hija. Era preciosa, maravillosa, divina, y le
dio un beso de amor en la frente.
Con cuidado de no despertarla, cogió su cartera, de donde sacó una
carta. Una carta dolorosa, pero que releía cientos de veces. Con la luz de
una linterna, la iluminó y leyó:
Mi querida _____.
Si tienes esta carta en tus manos es porque nuestro buen amigo Conrad te la ha hecho llegar y eso significará que yo he muerto. Quiero que sepas que eres lo mejor que he tenido en mi vida a pesar de que en ocasiones me he comportado como un idiota contigo. Siempre has sido demasiado buena para mí y tú lo sabes, ¿verdad?
El motivo de esta carta es para disculparme por todo lo que vas a descubrir ahora de mí. Me avergüenza pensarlo, pero así es mi vida y ante eso nada puedo hacer, salvo pedirte disculpas y esperar que no me odies eternamente.
Deseo que conozcas a un hombre especial. Un hombre que te cuide, te lleve de fiesta con él, baile contigo, quiera a nuestro hijo y te dé esa familia que yo sé que tú siempre has querido formar. Espero que ese hombre sepa valorarte como yo no he sabido y que seas lo primero para él. Te lo mereces, _____. Te mereces encontrar a una persona así. No todos son como yo y, aunque sabes que te quise a mi manera, también sabes que eso nunca fue suficiente para ti.
A nuestro bebé dile que su padre lo hubiera querido mucho, pero deja que quiera como a un padre a ese hombre que espero que algún día llegue a tu vida. Eres fuerte, _____, y sé que saldrás adelante. Tienes que rehacer tu vida. Prométemelo y rompe esta carta después.
Os quiere,
Mike
Como siempre que terminaba de leer la carta, lloró y no la rompió.