Capitulo 4

2446 Words
El comandante la cogió de la cintura y, tumbándose en el suelo, colocó su boca debajo de ella y continuó. Su lengua parecía estar en todas partes y ______ jadeó al sentir cómo tiraba de su clítoris arrancándole oleadas de placer. La cama les sobró. El suelo fue su colchón y en él se revolcaron de todas las maneras habidas y por haber, mientras imaginaban a dos personas que nunca más regresarían a ellos. —Vamos..., entrégate a mí. Pon las piernas alrededor de mi cintura y búscame —exigió él, dándole un azote en el trasero—. ¡Búscame, Daiana! Cuando ______ lo hizo, el comandante jadeó y ella se arqueó. —Mike... —¿Te gusta lo que te hago? —Me encanta, Mike..., me encanta. Sigue... Durante varias horas, el sexo frío e impersonal reinó en la habitación. Ése era el sexo que en los últimos años habían practicado y que a ambos les satisfacía. Tras varios asaltos en los que los dos se corrieron, fumaban desnudos tirados en la cama, cuando ella preguntó: —¿Qué hora es? Lodwud miró el reloj que tenía en la mesilla. —Las doce y veinte de la noche. El silencio tomó de nuevo la habitación y de pronto él preguntó: —¿Por qué seguimos pensando en Daiana y Mike? —Porque somos idiotas —rió con amargura _____ e, intentando no pensar más en ello, añadió—: Y ahora voy a continuar con ello y voy a buscar a un tercero que quiera jugar. Lodwud sonrió. —Aún recuerdo la mujer que encontré para nuestra última cita. Se volvió loca entre tú y yo. ______ soltó una carcajada y cuchicheó: —Tú sí que te volviste loco entre ella y yo. Levantándose de la cama, se puso las bragas, una camiseta y los pantalones de camuflaje. No contaba con más ropa para cautivar. Una vez se hubo vestido, miró a Lodwud y éste dijo: —Es la una en punto. Si a las dos no has vuelto, seré yo quien elija. —Ni hablar. Hoy decido yo. Una vez salió de la habitación del hotel, caminó con decisión hacia el bar. Por norma, elegían hoteles cercanos al aeropuerto para verse. Por norma, la gente que se alojaba en esos lugares estaba de paso y buscaba en la mayoría de las ocasiones una noche divertida sin ataduras. Cuando ______ entró en el bar, escaneó el lugar con decisión. Varias parejas charlaban amigablemente y algunos hombres o mujeres bebían solos en la barra. Ella buscaba un hombre y los observó con cuidado. El primero que vio no le valió, demasiado mayor y barrigón. El segundo no estaba mal, pero se quedó con el tercero: un ejecutivo de su edad. Acercándose hasta la barra, dijo, mirando al camarero: —Un whisky doble con hielo. No fallaba. Era pedir esa bebida una mujer y el hombre que estuviera al lado miraba sí o sí. Sin tiempo que perder, _____ sonrió y, tras un par de parpadeos, él giró su silla. Ella miró el reloj, la una y diez. Iba bien de tiempo. Con una sonrisa en los labios, habló con el hombre. Su nombre era Ludvig. Era sueco y estaba de paso por Alemania. Era perfecto. Le explicó que trabajaba para una empresa de automóviles y que estaba de viaje visitando varios países. A la una y veinte Ludvig ya le había mirado el pecho en varias ocasiones y a la una y media ella ya le había puesto una mano en la pierna. A las dos menos veinte el sueco ya se había insinuado y ______ le había hecho su caliente propuesta de un trío. A las dos menos diez, el sueco aceptó y a la una y cincuenta y dos, _____ abría la puerta de su habitación y, mirando a Lodwud, que sonrió al verla entrar, comentó: —Vamos, chicos..., quiero jugar. Tras dos calientes asaltos con aquellos dos hombres, todo terminó. ______ despidió al sueco, que se fue encantado de la habitación. Cuando cerró la puerta y se volvió hacia Lodwud, éste, mirándola, caminó hacia ella y observó: —Daiana, eres una chica... muy... muy mala. ______ sonrió y, tocando su erección, asintió. —Sí, Mike..., reconozco que lo soy. A la mañana siguiente, _____ se fue al aeropuerto militar. Al llegar, un muchacho se acercó a ella y, tras saludarla con un movimiento de la mano, dijo: —Buenos días, teniente Parker. —Buenos días, sargento. Él, con gesto serio, añadió: —Teniente, el mayor Parker está al teléfono y quiere hablar con usted. Sorprendida por la hora, ______ cogió el teléfono que le tendía y separándose unos metros, saludó: —Buenos días, mayor. —Teniente, ¿cómo fue ayer el vuelo? ______ sonrió. Su padre. Aquel hombre al que muchos temían por su mal carácter, con ella era un padrazo, y respondió: —Bien. Todo fue perfecto, como siempre. —Me han dicho que ahora sales para Múnich. —Sí. —¿Has descansado lo suficiente? Pensó en la noche loca que había pasado con Lodwud y afirmó: —Sí, papá. He descansado. Todos se preocupaban por ella y su vida. Algo innecesario. _____ se había convencido de que podía con todo lo que se propusiera y dijo: —Papá, llevo fuera de casa doce días y estoy deseando ver a Sami y... —Vale —la cortó—. Lo entiendo... lo entiendo. Pero habla con tu madre. Me ha llamado dos veces y ya sabes lo pesadita que se pone. Al oír eso, _____ sonrió. Sus padres se habían separado hacía poco más de un año. —Tranquilo. Lo haré. —Por cierto, ¿has vuelto a pensar en lo de Fort Worth? —No, papá... —Debes hacerlo, _______. Quiero teneros cerca a ti y a la niña. Tu hermana regresará el año que viene y... —¿Y mamá? —Tu madre ya es mayorcita para saber qué quiere hacer —respondió él en tono cortante. ______ sonrió y prefirió no preguntar más del tema, por lo que dijo: —Papá, dejemos el asunto del traslado para otro momento. —De acuerdo, hija. Pero recuerda, tu familia está aquí. En Alemania no tienes nada. Para Cedric Parker no era fácil vivir tan lejos de sus hijas y de su mujer. Especialmente de ______, su mayor orgullo. Después de varios minutos hablando con su padre, ella cerró el móvil y cogió un sobre que le ofrecía el mismo militar que le había llevado el teléfono. —Teniente, aquí tiene lo que solicitó. ______ cogió con fuerza el sobre. Dentro estaban las llaves del helicóptero que la llevaría junto a su hija y, abriéndolo, preguntó: —¿Todo bien por aquí, sargento? El joven asintió y una vez la volvió a saludar con la mano, se dio la vuelta y se marchó. En ese instante llegaron Neill y Fraser. —Joder..., dormiría un mes —murmuró Fraser rascándose los ojos. —Yo también, tío. Estoy agotado. La teniente Parker al oír a sus amigos sonrió. —Vamos, muñequitas, montad en el helicóptero, quiero ver a mi hija —se mofó. Aquel mismo día, después una hora de vuelo, llegaron al aeropuerto de Múnich sobre las nueve de la mañana. Allí, tras dejar el helicóptero en un hangar particular, con sus petates a cuestas, cogieron un taxi. Primero dejaron a Neill y después continuaron hacia la casa de ______. Cuando llegaron, la madre de ésta la abrazó al verla. —¡Qué alegría tenerte aquí de nuevo, cariño! Dejándose abrazar, ______ cerró los ojos y, feliz, murmuró: —Hola, mamá. Segundos después, Luján saludó a Fraser mientras _____ soltaba su petate y corría a ver a su hija. Abrió con cuidado la puerta de la habitación y entró. Con una sonrisa, observó a la pequeña Samantha dormida en su cuna. Era preciosa. La niña más bonita que había visto nunca y, sin poder remediarlo, los ojos se le llenaron de lágrimas. Era igualita a su padre. Su pelo, su sonrisa... —Cariño —susurró Luján entrando en la habitación—. Vamos, he preparado algo de comer para ti y para Fraser. Seguro que estaréis hambrientos. —En seguida voy, mamá. Dame un segundo. Luján asintió. Le partía el alma ver la triste mirada de su niña al contemplar a su hija dormida. Todos habían intentado con ahinco que _____ rehiciera su vida, pero no había dado resultado. Se negaba. No podía olvidarse de Mike. Cuando se quedó sola de nuevo en la habitación con su hija, con cuidado se acercó a ella, le tocó los rizos rubios y sonrió. —Hola... —cuchicheó Fraser tras ella. La conocía. La conocía muy bien y sabía que tras aquella dura apariencia de teniente del ejército de Estados Unidos, sufría. Nunca olvidaría su reacción cuando supo lo que le había sucedido a Mike. Su desesperación, sus lloros y su impotencia al enterarse tras su muerte de cosas poco agradables. Embarazada de siete meses, ______ se encerró en sí misma y no quiso hablar de ello con nadie. Sólo era feliz cuando estaba con la pequeña Sami o pilotando su C-17. Pero a pesar de la felicidad que la niña le proporcionaba, sus ojos nunca más volvieron a brillar como lo hacían antaño. Desconfiaba de todos los hombres y eso sólo se lo debía a Mike. Al hombre que quiso y que la defraudó. —¿Qué te parece cómo está la princesa? —preguntó ______, tragándose sus lágrimas. Fraser sonrió. —Preciosa. ¿Cuánto tiempo tiene ya? —Casi veinticinco meses. Los dos se miraron en silencio y ______ murmuró: —Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? Ambos asintieron y Fraser, intentando desviar el tema, bromeó: —Esta niña va a romper muchos corazones. Y te lo digo yo, que de eso sé mucho. Se rieron y Fraser, cogiéndola por la cintura, murmuró: —He hablado con mi azafata. Llegará al aeropuerto esta tarde. —Perfecto. Con cuidado, salieron de la habitación. Entraron en la cocina, donde Luján les había preparado una tortilla de patatas y, mientras comían, la mujer le dijo a su hija que debía regresar a Asturias. Su abuela, Covadonga, tenía que ir al médico y se había negado a hacerlo con Scarlett, su hermana. —La abuela y Scarlett —rió ______—. No quiero ni imaginármelas a las dos solas. —Tu hermana en ocasiones es peor que tu abuela —dijo Luján—. Te lo puedo asegurar. Cuando se enfada, amenaza con marcharse a Fort Worth y tengo que convencerla de que no lo haga ante los gruñidos de tu abuela. —Mamá, Scarlett terminará marchándose. Sabes que se trasladó a Asturias sólo por un tiempo. —Lo sé, hija, lo sé. Fraser las escuchaba, pero no decía nada. Hacía unos años, Scarlett y él habían tenido algo que sólo _______ conocía y que se rompió cuando Scarlett vio a su hermana sufrir por la pérdida de Mike. De un día para otro decidió dejar a Fraser y a éste no le quedó más remedio que aceptar. En su momento lo pasó fatal, pero finalmente lo aceptó. Aquélla era su vida y entendía que ella no quisiera formar parte de la misma. Una hora después, el cansancio acumulado por el largo viaje se hizo evidente. Luján los miró a los dos y dijo: —Fraser, ______, ¡a descansar! —Mamááááá... Fraser soltó una risotada y mirando a la madre de su amiga, contestó: —Gracias por la comida, pero yo me voy. Tengo planes con una preciosa mujer. Luján sonrió y Fraser, levantándose, dijo: —Ahora a dormir en la camita, mi teniente. Tienes cara de no haber descansado bien anoche. ______ asintió. Su noche de sexo loco le estaba pasando factura. Entró con cuidado en la habitación y sonrió al ver a la pequeña sentada en la cuna. La niña abrió sus bracitos y se le dibujó una sonrisa de oreja a oreja. —Mamiiiiiiiii. Sin demora, la teniente Parker corrió a abrazar a su hija. Aspiró su olor a inocencia y sonrió encantada al escucharla hablar con su media lengua. Feliz, la sacó de la cuna y la dejó en la cama mientras ella se desnudaba y se ponía el pijama. Una vez terminó, se metió en la cama con la pequeña y comenzaron a jugar. La risa de Sami era lo mejor. Lo más bonito que había en el mundo, y eso, como siempre, la llenaba de felicidad. ¡Qué maravilla estar con su hija en casa! Pasados unos minutos, la pequeña se acurrucó contra su cuerpo y, contenta por estar junto a su mamá, se relajó y durmió. Con cariño, _____ observó el rostro plácido de su hija. Era preciosa, maravillosa, divina, y le dio un beso de amor en la frente. Con cuidado de no despertarla, cogió su cartera, de donde sacó una carta. Una carta dolorosa, pero que releía cientos de veces. Con la luz de una linterna, la iluminó y leyó: Mi querida _____. Si tienes esta carta en tus manos es porque nuestro buen amigo Conrad te la ha hecho llegar y eso significará que yo he muerto. Quiero que sepas que eres lo mejor que he tenido en mi vida a pesar de que en ocasiones me he comportado como un idiota contigo. Siempre has sido demasiado buena para mí y tú lo sabes, ¿verdad? El motivo de esta carta es para disculparme por todo lo que vas a descubrir ahora de mí. Me avergüenza pensarlo, pero así es mi vida y ante eso nada puedo hacer, salvo pedirte disculpas y esperar que no me odies eternamente. Deseo que conozcas a un hombre especial. Un hombre que te cuide, te lleve de fiesta con él, baile contigo, quiera a nuestro hijo y te dé esa familia que yo sé que tú siempre has querido formar. Espero que ese hombre sepa valorarte como yo no he sabido y que seas lo primero para él. Te lo mereces, _____. Te mereces encontrar a una persona así. No todos son como yo y, aunque sabes que te quise a mi manera, también sabes que eso nunca fue suficiente para ti. A nuestro bebé dile que su padre lo hubiera querido mucho, pero deja que quiera como a un padre a ese hombre que espero que algún día llegue a tu vida. Eres fuerte, _____, y sé que saldrás adelante. Tienes que rehacer tu vida. Prométemelo y rompe esta carta después. Os quiere, Mike Como siempre que terminaba de leer la carta, lloró y no la rompió.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD