La noche avanzaba lentamente, y mientras la cabaña en el jardín era testigo de una noche cargada de pasión entre Daniela y Alan, Amelia intentaba distraerse con un libro desde su laptop, leyendo bajo la tenue luz de la luna que entraba por la ventana de su habitación. Aceptaba su destino, resignada a ser solo una espectadora en aquella noche de emociones encontradas. El sonido del timbre interrumpió su lectura, frunció rápidamente el ceño, extrañada por la visita inesperada. ¿Quién podría ser a esa hora? Se levantó despacio, con el corazón latiendo un poco más rápido, y bajó las escaleras en dirección a la puerta. Al abrir la puerta principal vio en el portón algo, la imagen que vio al salir la dejó en silencio por un momento, no quería creer lo que veía. Pablo,

