La mañana siguiente amaneció todo muy tranquilo en casa de Amelia. Doña Margarita, como de costumbre, se levantó temprano para cumplir con sus actividades diarias, dejando la casa en silencio muy temprano por la mañana. Alan, también madrugador, aprovechó la oportunidad para tomar una ducha antes de comenzar el día. El baño, ubicado al final del pasillo en la primera planta, era un espacio compartido con Amelia, pero en ese momento, él creía que era el único que lo utilizaría dado que no había rastro de Amelia por ningún lado aún. Amelia, todavía sumergida en el letargo del sueño, se despertó lentamente, su mente aun iba vagando entre las brumas de sus sueños. Al escuchar el peculiar sonido del agua corriendo en el baño, asumió que se trataba de una ducha abierta o una

