Victoria no pudo mantenerle la mirada por mucho tiempo; un ligero temblor en sus manos la delató. Amelia sintió un escalofrío recorrerle la columna, una mezcla de satisfacción y furia al ver cómo esa mujer, siempre altiva y prepotente, comenzaba a derrumbarse ante su acusación. Por un instante, el silencio entre ambas fue como una g****a a punto de romperse, tensa y cargada de emociones no dichas. Amelia no parpadeó, sosteniendo la tensión como quien sostiene una cuerda al límite, sabiendo que una palabra más podría hacerla estallar. Las palabras golpearon a Victoria como una bofetada, su rostro palideció, y por un segundo pareció que se desplomaría en el suelo, las lágrimas que tanto había intentado contener finalmente rompieron el dique. Se derrumbó en la acera, con su cuer

