Las cosas no son fáciles. Llevaba dos semanas con mi madre y apenas había salido de la habitación que me habían montado, estaba demasiado enfadada, las cosas para mi eran duras. No me gustaba haber tenido que dejar todo e huir, como una cobarde y es que lo era, había cerrado la puerta del amor incluso antes de sentirlo, era una cobarde, era consciente de ello pero no quería que las cosas cambiarán. Como cada día a las seis de la tarde, mi madre entro a mi habitación con la cena, no me obligaba a cenar con ellos, querían que me adaptara e hiciera las cosas de corazón, no por estar obligada, es algo que aprecio pero sigo sin querer relacionarme con la familia perfecta que mi madre hizo sin llamarme. —Buenas noches, mi niña—me saludo como cada día. No dije nada, me quede sentada en la ca

