Mi madre decidió que lo mejor era llevarme a un psicólogo, a un terapeuta, así lo llamaba ella pero no dejaba de ser una persona a la que pagaban para escucharme quejarme e intentar analizar mis problemas, seguramente darme medicación que me pudiera ayudar con todo lo que estaba pasando, es decir dejarme sedada y dormida todo el día para que no molestara, pero es que de todas formas no lo hacía porque no contaba nada en mi casa, no comprendía porque tenía que pasar por esto. —Es un buen hombre—me dijo mi madre. La mire desde mi silla de la sala de espera. —Es un loquero, miralo como quieras pero no está bien—le deje claro. Mi madre me miro en silencio, analizaba la situación. —Vete si quieres—me dijo mi madre. La mire sorprendida. No me quería quedar, no me gustaba hablar de mis pr

