La propuesta de matrimonio

1250 Words
TIEMPO DESPUÉS Las cosas en mi vida han cambiado mucho. Para empezar, no sé nada de la vida de Lucas desde la última vez que tuvimos ese enfrentamiento. Agradezco que me haya dado tiempo para olvidarlo, o bueno, eso es lo que creo. —Sabes que no soy un tipo tan expresivo para decir las cosas, pero ahora que te tengo delante de mí, no quiero perder más el tiempo. Eres la mujer perfecta, Lusiana, y no puedo esperar a compartir mis años y mi tiempo contigo. Por eso te pregunto: ¿te gustaría casarte conmigo?— La emoción me estaba ganando. Tanto así, que se me salieron las lágrimas. El hombre que estaba de rodillas era Leonardo, el chico que había conocido en vacaciones y que estuvo insistiendo en que tuviéramos algo. Bien dice el dicho que el que persevera alcanza. Él y yo vivíamos en el mismo estado e incluso lo había convencido de que trabajáramos juntos. Al principio, pensé que sería una mala idea, pero ahora, tiempo después, estamos aquí. Nos ayudamos mutuamente y me trata como a una princesa. Es comprensivo, amoroso, y me ha quitado todos esos fantasmas que en su momento me hicieron daño. Desgraciadamente, en su vida solo tiene a su madre, porque su padre tuvo un accidente fatal. Sin embargo, me ha demostrado que también es un buen hijo, al ver cómo trata a su madre tan bien. No sé si fue lo correcto aceptar sus salidas, pero era la única alternativa que tenía para olvidar a Lucas. Tampoco soy egoísta, no. También con Leo han pasado algunas cosas normales de pareja. Nunca se ha pasado de la raya. Siempre me ha respetado, y eso me gusta de él. Nos hemos besado, nos hemos acariciado, pero hasta ahí. Lo estuve probando para ver sus intenciones y hasta dónde podría llegar su paciencia, y la ha superado. Tengo la esperanza de que este hombre llegue a enamorarme profundamente. —Créeme que si sigues así, me va a dar un infarto— me dice, y le sonrío. Me había quedado divagando en mis pensamientos, olvidando la realidad. El anillo brillaba como el sol, las personas que estaban cerca de nosotros nos miraban, y yo tenía que dar una respuesta. —¡Obvio que sí, cariño!— le digo con emoción. Él me abraza y me levanta al aire como si se tratara de una niña pequeña. —Eso es lo que quería escuchar— me susurra frente a mi rostro—. Te amo hoy, mañana y siempre, Lu. —Yo también te amo mucho, Leo. —¡Pero qué buena noticia!— dijo mi padre acercándose a nosotros. Afortunadamente, Leo se llevaba muy bien con mi padre, y eso era un punto a su favor. —Le agradezco, señor— respondió Leo. —Más te vale que trates muy bien a mi amiga o, de lo contrario, te cortaré las pelotas— le dice Paola. Ella no aceptaba muy bien a Leonardo, y todo porque decía que lo único que le interesaba era el dinero. Pero con el tiempo, él demostró que tampoco le importa eso. —Tranquila, Paola, sabes perfectamente que la trato como a una princesa— Paola se sonrojó. Pues él tenía razón. De pronto lo veo un poco pensativo y me acerco para preguntarle: —¿Te pasa algo, Leo?— Él asiente. —Es mi madre. Me encantaría que pudiera estar presente para celebrar con nosotros—. Sé que su madre está en una condición bastante crítica en el hospital, pero sería momentáneo, pues el tratamiento que está recibiendo es muy bueno. Tanto así, que los médicos le han asegurado que se va a salvar. —Lo sé, cariño, pero por eso la vamos a visitar y le vamos a decir que nos casaremos— lo incentivo, y él asiente sonriendo. —No creo que sea una noticia nueva. Ella fue quien me dio la idea de hacer todo esto— me sorprende la inteligencia de esa señora. Después de que todos mis familiares nos felicitaron por el gran paso que estábamos dando, él y yo decidimos ir al otro lado de mi casa, a ese patio donde estaba una banca en medio del jardín. —Sabes lo mucho que te amo— lo quedo viendo a sus ojos. Los mismos ojos que me dan seguridad. —Yo también te amo mucho— le respondo—. Te agradezco por todo lo que has hecho por mí, desde el inicio hasta la actualidad. Créeme que desde que estás en mi vida, he podido ver los colores. —Al contrario— me respondió haciéndome piojillos—. Tú cambiaste mi vida, y ahora que has aceptado ser mi esposa, será mucho mejor. Pero creo que es hora de dormir— las estrellas iluminaban el cielo y la luna nos daba en la cara. * Al día siguiente me desperté muy temprano, y lo primero que vi es que estábamos en las r************* ; éramos la sensación del momento. Ahora todos sabían de nuestro compromiso. Mi corazón se alegró por esto. Decidí tomar una ducha, desayuné y me dirigí a la empresa. Algo que no me esperaba ocurrió. Al entrar, pude ver a todas las personas que trabajan aquí, y no solo eso, también estaba Leonardo. Todos me felicitaron, y realmente me sentía muy importante. Les agradecí a todos por sus buenos deseos y luego se fueron a sus puestos. Estaba en mi oficina cuando de pronto entra Paola, pero se ve que está un poco desesperada. —Amiga del alma…— me dice, pero la conozco como la palma de mi mano, así que me adelanto y le digo: —Vamos al grano, por favor, Paola. ¿Qué necesitas?— Ella me ve con malos ojos. —¡Qué horror contigo, Lu! Ya ni el suspenso te gusta— se acerca y se sienta.— Bueno, es que tengo un pequeño problema. Lo que pasa es que hay una subasta a beneficio de los niños quemados y es el miércoles. Claramente yo no puedo ir porque tengo que acompañar a una tía al hospital, y no puedo dejarla sola— me sigue viendo con esos ojos de cachorro. —Ya sé, tú quieres que yo vaya— ella asiente—. Bueno, está bien, no hay problema con eso. Solo me das la dirección y listo— ella me sigue viendo como si faltara algo más. —Eso no es todo— dice—. Lo que pasa es que también tienes que participar—. ¿Qué? No puede ser. —No estarás hablando en serio, ¿o sí?— Ella asiente de nuevo. —Sí, pero no te preocupes, no pasará nada. Igual no creo que te vayan a elegir— se lleva las manos a la boca en forma de burla. —¡Gracias!— le sonrío en una sola línea. —Es broma. Sabes que eres preciosa. Bueno, te explico: si llegas a ganar, tendrás que pasar unos días en una cita con esa persona. Obviamente no puede hacer nada que tú no quieras. No creo que haya algo malo con eso, ¿cierto?— Asiento, después de todo es para un acto de caridad.— Bueno, eso es todo, y gracias. Acepté esto porque soy una persona a la que le gusta hacer el bien, pero no sabía que al aceptar esta propuesta, muchas cosas sucederían y mi mundo se pondría patas arriba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD