— ¿Liev? —preguntó confundido Erein, miró alrededor y sus ojos cayeron en las vitrinas de cristal donde habían estado sus corazones, ni un solo rastro. ¿Dónde los había escondido, Uriel Brise? —He caminado por aquí y puedo asegurarte que los mortales son peculiares, ¿por eso Elan no quería que anduviéramos por aquí? — ¿Qué estás haciendo? —Dándoles un poco de diversión —esbozó una sonrisa y luego fue directo al sillón, se acostó, acomodó su ropa y luego le sonrió de manera de despedida. Escuchó pasos, así que retrocedió para luego irse con el agua. La voz de su hermano menor hacía eco en su cabeza, y por el alboroto, sabía que había hecho algo más, algo grande. Era peligroso que estuviera cerca de los mortales, él especialmente, podía corromper o l

