CAPÍTULO TRES: LA HISTORIA DEL DIOS

2436 Words
Para un martes a las ocho de la mañana Agni ya estaba en el museo, sus hermanos se habían molestado porque ella había decidido salir antes del hospital, pero poco le importaba, quería seguir haciendo su rutina y más que todo; estudiar a ese Dios que había traicionado sus emociones. ¡Ella no era débil! Claro que no, pero desde aquel encuentro se sentía así, débil y frágil, incluso para su familia que la perseguía cuidándola, cuando ella era una mujer fuerte, que manejaba la espada mejor que todos los hombres de su familia, que podía vencerlos y retener al Dios. Entonces, ¿Qué pasó allá abajo? Tomó el café y fue directo a su oficina, aun las visitas guiadas empezaban en una hora, tenía el tiempo de disfrutar de un café cargado y revisar unas notas extras, mejor dicho, todo lo que había estudiado desde que era joven; sobre el Dios. Entró a la oficina, dejó el café en la mesa y abrió las ventanas dejando que se ventilara y agradeció el bonito día que era hoy. Caminó hacia la enorme biblioteca con buenos títulos, pero fue al sector de Dioses, y la línea general de Erein. Tomó el libro más grande, más viajo y el que había traducido. Fue hacia su escritorio y lo abrió, releyó, una y otra vez. “El Dios que daba esperanza, que quería que su mundo fuera conocido, Erein que nunca eligió un bando” ¿Entonces por qué peleó contra el Dios Elan? Se decía que se querían, pero la unión más profunda la tenían tres hermanos, Erein, Solda y Liev. El infierno era cálido según lo que se decía, pero también peligroso, fue su reino que se abrió y causo que la tierra ardiera, ¿Cómo alguien tan pacifico como Liev causó tantas muertas?             — ¿Qué haces aquí? —La voz de Enzo la hizo sobresaltar, la joven cerró el libro y miró a su hermano que la veía con seriedad—. Deberías estar descansando.             —No voy a quedarme en una habitación de hospital, no lo haré. Sabes que nosotros necesitamos mantenernos activos —la joven dio un último sorbo al café y luego tiró el envase a la basura—. Tengo las visitas guiadas, ¿almorzamos juntos?             La muchacha guardó el libro pero eso no hizo que su hermano no lograra ver el título, lo cual lo puso más tenso. Ella se acercó dejando un beso en su mejilla y regalándole una sonrisa que lo compraba, Enzo suspiró besando su frente, con un miedo instalado en el pecho, tenía miedo, vaya que sí. Era su hermana, su otra mitad, y siempre había querido protegerla, su madre se lo pidió.             —Te veré en el restaurante de siempre.             —Cuídate. —la joven puso su celular en silencio y lo guardó en sus pantalones, arregló la camisa blanca y avanzó, tomó el ascensor, en segundos ya estaba en el segundo piso y se sorprendió por la cantidad de gente que había ahí. Más de lo normal. Todos llevaban su gorro, cámara y  folletos donde decía que el martes sería para mostrar y contar sobre el Dios Erein. Sí, los siguientes días serían de diferentes dioses y el último de todos, así más turistas llegarían animados por conocer las historias que se ocultaban en esa isla traicionera.             —Buenos días, soy Agni Brais, y hoy me encargaré de darles una visita guiada sobre el Dios del mar, Erin. —esbozó una sonrisa al ver a los demás sonreír emocionados, rápidamente empezaron a levantar sus teléfonos y cámaras cuando ella fue hacia una de las principales estatuas—. Erein es uno de los cinco años, según nuestros estudios, su hermana melliza vendría a ser la Diosa del bosque; Solda.             Erein, de pie entre la multitud esbozó una sonrisa. ¿Cuántos días llevaba en tierra? Desde que había despertado y solo en ocasiones iba hacía su reino, pero Makato estaba haciendo un excelente trabajo, así que por ahora no necesitaba preocuparse. Ahora estaba cerca de ella, quería saber más y en poco tiempo había averiguado todo sobre los protectores de los Dioses, había tratado de investigar sobre los corazones de sus hermanos, pero no tenía idea, hasta lo último que supo fue que estaban en el museo, pero los cambiaron. ¿A dónde y por qué? ¿Cuáles fueron las órdenes de Elan? Desde donde estaba admiró a la Brais mujer la única que había nacido en una generación de hombres, el abuelo de ella la llamaba regalo de los Dioses, o tal vez era un regalo para el Dios del mar. Sonrió por lo último que pensó, se colocó los lentes negros para ocultarse, más si aquella parte del museo estaba llena de esculturas suyas, cualquiera podía darse cuenta que era él, por eso esa mañana se había cortado el cabello, rasurado más la barba y vestido diferente a como una vez lucio.             —Era un Dios armonioso, pasaba sus días en su reino o arriba, en un barco que él mismo construyó, desde ahí podía ver lo que los mortales hacía —explicó Agni, su cabello atado en una coleta alta, su camisa blanca escondiendo la tinta negra de sus brazos y una silueta que lo había tentado desde que había estado demasiado cerca. Era hermosa, una humana demasiado hermosa, y aunque quería estar cerca de ella por otros motivos, ahora quería averiguar que tanto sabía, ¿Qué más sabía? Tal vez ella sabría qué pasó con sus hermanos exactamente, que hizo Maua.             —Se supo que él ahogó muchas personas, enfurecido con sus hermanos —dijo un hombre a su lado, Erein gruñó viéndolo de reojo. Claro que no, no los mató, todo se salió de control—. Según lo que se conoce de este Dios, era bastante hostil, poco social y aparte tenía muy poco control.             ¡No es cierto! Quiso gritar, pero se quedó callado, apretando el folleto donde salía su escultura, una de las tantas a la que Elan le había obligado quedarse quieto.             —No era hostil —Agni lo defendió y los ojos del Dios fueron otra vez a esos ojos color mar que se habían oscurecido, pero ella mantenía la sonrisa en la boca—. Los Dioses fueron engañados por su hermana Maua, la Diosa de la tierra, quien cansada por seguir la regla del mayor, Elan, decidió revelarse, para eso necesitaba la ayuda de los dos hermanos más poderosos.             >>Según las investigaciones que ha llevado años, libros encontrados, todo, nos llevó a una conclusión más firme, y eso pueden encontrarlo en el libro que Zigor Brais publicó hace unos años “El secreto de los Dioses” pueden encontrarlo en nuestra librería o en cualquiera de la ciudad. Él estudió por más años los poderes que tenían los Dioses, entre ellos encontró que Maua al ser de la tierra, había adquirido los pecados de los mortales, entre ellos el engaño, fue corrompida y en secreto cultivo magia que ningún hermano conocía, que Elan había prohibido.             — ¿Entonces Erein y Liev fueron engañados? —preguntó una anciana y el aludido dirigió los ojos a la muchacha, no, no fue engañado. Él lo hubiese sabido.             —Sí, ella los engañó, primero uso magia y luego los convenció de que Elan era un tirano con reglas absurdas. —Contestó la muchacha—. Ellos tenían muchos poderes, incluso detectar cuando alguien mentía o engañaba, pero al ser su hermana, bajaron sus defensas.             >>Si sucedió el ahogamiento de muchos inocentes, entre ellos niños, y fue una ira volcada sin dirección —explicó la muchacha—. Erein amaba a los mortales, los quería, pero al verse cegado por el engaño de su hermano y lo que sucedía; no controló su poder.             — ¿Qué pasó después de eso?             —Fue uno de los primeros hermanos en ser dormido, Elan armó un ejército de guerreros que casualmente estaban mis ancestros, y engañaron al Dios para sacarlo del mar —explicó la muchacha señalando una pintura en óleo, ahí se visualizaba al Dios arrodillado y con Elan enterrando la espada en su corazón, mientras era rodeado por un ejército de guerreros, y atrás el mar estando furioso.             Ella descendía de gente que lo engañaron, que le mintieron y lo mantuvieron lejos del mar. Apretó los labios, mareado por esa información y por la que él tenía, pero seguía habiendo lagunas mentales, muchas, ¿Por qué no recordaba? ¿Qué más había hecho Maua?             Ella continuó, pero él se perdió en la profundidad de sus pensamientos, un momento estaba ahí y el otro ya estaba en su reino con Liev.              —Elan nos ha utilizado todo este tiempo y me ha encerrado en el infierno ¡Sin poder recorrer el mar, la tierra, los bosques! ¿Cómo es posible? —su hermano estaba furioso, sus ojos rasgados y oscuros fueron directamente hacía él, ya que Erein había ido al infierno en busca de él, a escondidas de Elan—. Maua, ¿por qué recién nos abres los ojos?             —Porque yo también he tenido una cinta en los ojos para no ver lo que nuestro hermano ha hecho —Maua apretó los labios viendo desde ahí como las almas caminaban siendo guiadas por el lobo n***o, rugiendo cada que alguna alma quería regresar, pobres, después de cruzar las puertas del infierno ya no había retorno—. Por eso he venido con ustedes, quienes han sufrido más, al ser atados sin poder conocer la libertad.             — ¿Qué haremos ahora? —Preguntó Erein con el corazón hecho un mar de confusión—. ¿Maua?             —Ser libres, mis queridos hermanos pequeños —ella avanzó, una mirada fría, abrazo el cuerpo delgado de Liev y luego el de Erein, siempre las muestras de afecto de su hermana habían sido todas frías, todas carentes de sentimientos e incomodas.             — ¿Ir contra Elan? ¿Es lo más sensato? —Liev dudó y Maua acarició su mejilla blanca como el mármol.             —Ahora sí, no empecemos con las dudas, que no nos llevaran a ningún lado —reclamó la muchacha.             —Hicieron una reunión y no me invitaron, ¿Cómo debo tomar eso? —la voz de Solda hizo eco en la habitación, todos dios un respingo y vieron a la Diosa del bosque avanzar, arrastrando su vestido blanco y su cabello rubio ser adornado por flores que poco a poco se iban marchitando por estar en el infierno.             —Desde que fui a buscarte te negaste, he querido abrir tus ojos pero pareces estar a gusto al estar siendo privada de la libertad —Maua señaló sentándose en el trono de Liev, éste arqueó una ceja pero su hermana no se inmutó, la Diosa siempre había tenido una personalidad fuerte, demasiado.             — ¡Libertad, ¿tú le llamas libertad? ¿Te escuchas Maua? —la rubia dirigió sus ojos hacía donde estaba Erein quien le desvió la mirada —. Traicionas a nuestro hermano y ni siquiera tienes la valentía de decírselo en la cara.             — ¡Elan no hace caso! Le he pedido muchas veces la libertad de andar con los mortales y se ha negado ¡Nosotros también sentimos! —Maua se puso de pie, yendo directamente hacia Solda que la mirada con frialdad—. Dime, querida hermana, ¿no te gustaría estar lo suficiente cerca de los humanos que están felices por tus bosques, por tus animales y tus cosechas.             Solda dudó, Erein pudo verlo en su mirada, también añoraba eso.             >>Ellos sabiendo que eres tú quien lo causa, pudiendo sentir su calidez, amarlos de cerca ¡Los humanos son tan amorosos!             — ¡Maua! —Gritó Erein asombrado por sus palabras—. ¿Estuviste con un mortal? ¡Eso está prohibido!             —Otras más de las reglas de Elan, ¡Prohíbe que amemos a los mortales! ¿Por qué no hacerlo?             —Porque los hijos de esa unión podrían ser un peligro para nosotros mismos, deberías saberlo —Liev dijo en un susurro y todos le dieron la razón.             Era una de las primeras reglas, no amar de esa manera a los mortales, sería algo catastrófico si nacía un bebé con parte de los poderes del Dios, sería un caos que podría salirse de las manos a ellos. No era algo bueno, y los sabían. Ahí quedó la segunda conversación donde Maua se inclinaba por la libertad que Elan prohibía, pero, no fue la última vez, vinieron más, hasta que pudo convencerlos. Erein se preguntó si Maua había tenido hijos, si existieron, si hubo un niño nacido de la unión de un mortal y un Dios. Eso sería peligroso.             — ¡Y con eso damos por finalizada la visita! —Erein sacudió la cabeza al escuchar la voz de la muchacha, apretó los labios algo confundido por el espacio y tiempo, pero a los minutos pudo darse cuenta que se encontraba en el museo Brais, donde eran expuestos ellos, con algunos datos demasiado reales y otros no tanto.             Vio como la gente se empezó a ir, la mayoría se quedó en la librería del museo yendo por el libro que la mujer había mencionado, así que él también fue por uno, tal vez ahí tendría un poco más de respuestas a sus incontables preguntas. Después, cuando el museo fue quedando vacío la buscó, recorrió los pasillos donde colgaban pinturas que reconoció y otras no, esculturas grandes de sus hermanos de él y fue tan escalofriante encontrarse con el mismo, pero de piedra. Trago duro avanzando hasta que la encontró frente a un cuadro donde estaba él, sosteniendo un tridente y con una sonrisa enorme, recordaba ese momento, había extendido su reino, estaba en el barco festejando y a lo lejos sus hermanos, en algún punto, debieron pedir que lo pintaran. ¿Por qué Elan había registrado tanto la vida de ellos? ¿Sabría que en su momento ellos desaparecían? Avanzó con cuidado, las botas no hicieron tanto ruido, así que se colocó al costado de Agni, mantuvo el folleto con el libro en sus manos y admiró el cuadro.             —Debía estar algo loco para creer que el cabello largo me hacía más atractivo, ¿no lo crees, Agni?             La joven se sorprendió y giró viendo el rostro del Dios, a centímetros de ella, sus ojos ocultos por unos lentes de sol, y vistiendo de cuero, completamente de n***o. ¡Debía avisar a todos!             —No avises a nadie, necesito respuestas, tú puedes dármelas. Vamos, Agni, estás viva porque yo así lo decidí.  
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