TERCERA PERSONA —Tienes el mejor amigo más raro del mundo—, comentó Lorena mientras George la llevaba de vuelta a la mansión. El silencio llenaba el coche hoy. Solo se oía el rugido del motor. Incluso cuando Lorena subió el volumen de la radio, George la apagó con irritación. Estaba sumido en sus pensamientos, observó Lorena. No dejaba de fruncir el ceño y, por alguna razón desconocida, tenía los nudillos blancos. Agarraba el volante con fuerza, pero no le importaba en absoluto. —Aiden puede ser un poco torpe a veces—, George respondió de nuevo sin mirar a Lorena. Sentía su mirada sobre él y podía imaginarla frunciendo el ceño ante su expresión tensa. Las palabras de Aiden, el anillo y los derechos de Lorena a la libertad seguían resonando en su mente. ¿Importa tanto un anillo? ¿Es por e

