LORENA —¿Helado justo después de un entrenamiento brutal?—, preguntó George, sorprendido por la sugerencia de su hermano. —Entreno para poder comer todo lo que quiera—, respondió Nando con naturalidad. —¿Alguna vez dejarás de ser tan raro?—, preguntó George mientras nos llevaba a nuestro siguiente destino. —No, su rareza es increíble—, intervine con una sonrisa de Fernando, que se sentó en el asiento del copiloto después de ganar al piedra, papel o tijera. —Mira, objetivos de mejor amigo—, dijo Fernando señalándome. —Ustedes dos, los dos son raros—, comentó George, pero su sonrisa demostraba que le hacía gracia. —Tú eres el raro que salías con una z0rra e ignorabas a una joya—, comentó Fernando, y el rostro de George se ensombreció un poco. —Joyita, me gusta eso—, bromeó George tra

