LORENA —¿Así que durmió así anoche?—, preguntó Fernando mientras señalaba la figura cansada de George. Después de hablar sin parar sobre Melissa, George se sentó a mi lado en la cama y, sin previo aviso, se echó hacia atrás y apoyó la cabeza en mis piernas. Intenté sacudirlo, pero ignoró todos mis intentos por despertarlo. —No he dormido nada. Intenté zafarme de su agarre, pero como un bebé grande, me agarró las piernas y las usó como almohada—. Resoplé de nuevo tratando de empujar a George. —Sé la forma perfecta de despertarlo—, sugirió Fernando con una sonrisa maliciosa. —¿Cómo?—, pregunté. —Un vaso de agua fría lo despertará sin duda. —, prometió Fernando mientras traía un vaso de agua helada y se lo echaba lentamente sobre la cabeza a George. —Frío, frío, frío...—, gritó este últ

