LORENA —Hola a los dos—, comentó Anastasia cuando George y yo entramos como una exhalación en su casa. —Hola—, le respondí con un gruñido, mientras George seguía ignorándola y se dirigía al salón. —¿Ha pasado algo?—, preguntó sorprendida por nuestro comportamiento. —No voy a volver a hablar con él. Me agarró la mano con fuerza y me hizo otro moratón. Luego, durante el resto del día, siguió comportándose como un lunático. Me gritaba sin motivo y no paraba de insultar a Armando—, grité asegurándome de que George lo oyera todo. —¿Armando, tu Armando?—, Fernando se unió a la conversación y yo asentí con la cabeza, sintiéndome un poco avergonzada. —Se ha comportado como una mocosa todo el día y no confío en su tal Armando—, gritó George. —No te piden que confíes en él, idiota—, le espeté

