Capítulo 4 "Vamos a solucionar esto"

1750 Words
¿Soy culpable? Aquel fue mi pensamiento de las siguientes horas, no sabía que podría suceder algo de tal magnitud. Me descuidé unos momentos mientras hacía una orden para llevarle al CEO y bastó con eso para que Ethel le lanzara el plato de pastas encima a la secretaria de otro de los colegas que están allí. No estuvo conforme con solamente lanzarle el plato de pastas, sino que le pasó sus pequeñas manos por toda la camisa blanca, el grito que salió de sus labios llamó la atención de todas las personas del lugar, se escuchaban los murmullos y algunas risas. Traté de hablar con Ethel, explicarle de la mejor manera que aquello no era correcto y que debía de disculparse, por supuesto que es una niña difícil, pero aun así estuvo dispuesta a intentarlo. Cuando nos acercamos a ofrecerle una disculpa mientras se limpiaba, no le permitió abrir la boca, por el contrario, la miró llena de odio y le habló de un modo que ningún adulto debería hacer. Los niños son niños, pero se dan cuanta cuando un adulto no los soporta, es razón suficiente para sentirse atacados, incluso cuando no le hiciste nada en concreto, se le notaba en el tono el desprecio, la rabia, la mirada severa, todo eso lleva a que un niño pueda actuar de la manera que ella lo hizo. No la justifico, de hecho creo que en sus palabras anteriores hacia el CEO, sí que llevaba algo de razón, Sohan jamás le pone un límite, estuve suficiente tiempo en el día para escuchar cosas que me llevaron a la conclusión de que su justificación es simplemente una, la ausencia de su madre. La secretaria que se sienta frente a mí en otro escritorio me lo dijo, que el CEO justifica todo lo que la niña hace por la ausencia de su madre, nadie sabe demasiado sobre eso, pero según un día la mujer se fue sin dar explicación. Ethel es una niña maravillosa, tiene muchas cosas que la hacen especial, pero sus actitudes la hacen parecer una niña mimada, una niña sin control y al ver que Sohan permite que me hable como quiera, que se burle de mí, me doy cuenta de que apaña sus actitudes. Está equivocado, no sabe como guiarla, no tiene la menor idea de como lidiar con su hija y aunque me siento culpable por su actitud, por no haber hecho algo a tiempo para detener el incidente, no fue mi culpa por completo. Me dieron ganas de llorar cuando me levantó la voz, me trató como una irresponsable y me hizo sentir que la culpa de que su hija fuera un desastre era del todo mía, cuando en realidad no ha visto las cosas que él lleva haciendo mal. Al menos no me había corrido en mi primer día, sino que luego de lo sucedido, me miró lleno de frialdad y me pidió que no volviera a entrar en el resto del día a su oficina. Desde entonces lleva encerrado con la niña ahí adentro, ni siquiera había comido lo que traje y por alguna extraña razón no podía evitar preocuparme. Terminé de organizar la agenda de mañana en orden de prioridades, cuando miré hacia la puerta, Ethel se asomó con una mirada de culpabilidad y se acercó en puntas de pie. —Perdón Salomé, te llevaste el enojo de mi padre por mi culpa —susurra mirando hacia la puerta— Está demasiado ocupado trabajando, ¿Puedo pedirte que calientes su comida? —¿Estás segura de que es una buena idea? Se veía realmente furioso —murmuro soltando un suspiro audible. —Sí, nunca come bien, estoy segura de que eso va a mejorar su humor —asegura con una media sonrisa. —Si se molesta te haces responsable —le exijo poniéndome de pie. —No te preocupes —dice llena de emoción— Te esperaré cerca de la puerta de la oficina, no golpees solamente asómate. No sé por qué extraña razón terminé por hacerle caso, fui a la cocina y le calenté la comida que Ethel me había dicho que era su favorita. Cuando regresé a la oficina abrí la puerta tan despacio como si fuera a hacer un gran ruido, asomé la cabeza apenas y Ethel estaba en el sofá a pocos pasos, me hizo la señal para que entrara, vi que el CEO estaba al teléfono. Pasé saliva en cuanto nuestras miradas se cruzaron y me fulminó, me temblaron un poco las piernas, sin embargo, me apresuré a pasar. —Déjalo en la mesa —me pidió la pequeña. Acomodé todo en la pequeña mesa ratona, una bandeja con un plato bien acomodado, llevaba un jugoso bistec acompañado de verduras y le coloqué un vaso de jugo frío junto al platillo del postre. Todo perfectamente acomodado, tal cual como Ethel me lo había dicho en el almuerzo que debía de estar, me apresuré a salir antes de que cortara la llamada. Luego de volver a mi puesto de trabajo estuve el resto del día preocupada, me preocupaba que fuera a despedirme por mi osadía, debí de quedarme quieta en mi puesto y no tentar a mi suerte. Las horas pasaron lentas, pero al final sobreviví hasta la hora de la salida, era el primer día, pero me sentía agotada, solo quería llegar a casa y recostarme con mi pequeño a ver sus dibujos favoritos mientras me cuenta de su día. Me fui justo a la hora, el CEO aún no había salido de su oficina, pero ya me lo habían comentado antes, normalmente se queda trabajando hasta tarde, en ocasiones su hija se queda dormida en el sofá y solamente así es que termina optando por volver a casa. Fui al estacionamiento por mi automóvil, aún tenía que ir por Cleon a su escuela, estuve tratando de hacerlo funcionar un buen rato, ya llegaría con retraso por él y si seguía tardando directamente no llegaría. Le marco a mi madre para pedirle que pase por él, pero a pesar de que suena muchas veces no me responde. Suelto un gran suspiro y solamente veo una posibilidad a llegar por él, tomar un taxi, aunque eso implique que voy a tener que gastar los pocos ahorros que me quedan en eso. Iba hacia la salida cuando un auto bastante lujoso se detiene a mi lado, se baja el vidrio y veo el rostro del CEO. Mi corazón se paraliza al verlo, medio sonríe y paso saliva. —¿Apenas se va? Pensaba que hacía rato que ya no estaba por aquí —dice en un tono amable. —Mi auto se quedó en el estacionamiento y llevo prisa —me limito a responder. Empiezo a caminar nuevamente, veo que el automóvil se mueve al lado mío, entonces vuelvo a detenerme y lo miro. —¿Necesita algo, señor? —le pregunto un poco incómoda. —Deje que la lleve —se atreve a decir— Será una manera de compensar mi mal comportamiento con usted, le prometo que a donde sea que vaya la haré llegar a la hora que tenga que llegar. Me quedo pensativa, la verdad es que me incomoda el simple hecho de pensar en que me va a llevar, pero también viene a mi mente el rostro de mi hijo y no quiero que se quede esperando tanto tiempo. Observo el reloj en mi muñeca, no queda mucho más de media hora y queda a una distancia considerable, por ende no me queda de otra. —Acepto —digo nerviosa. —Suba entonces —me dice con una sonrisa victoriosa. Me dirijo a la parte de atrás, por supuesto, pero él me mira, saca la cabeza por la ventana con el ceño fruncido y dice: —¿Qué hace? Suba adelante —ordena. Un poco apenada me apresuro a subir, al estar dentro veo a Ethel por el espejo retrovisor y ella me saluda con una sonrisa traviesa. —¿A dónde va? —me queda viendo— Marque el GPS, por favor. Hago lo que me pide y me queda mirando fijamente, seguramente porque ese lugar está bastante lejos, no sé o al menos creo que esa es la verdadera razón. —Será un reto llegar en este tiempo —hace el motor rugir— Pero no se preocupe, soy un buen conductor, ¿Verdad hija? —El mejor del mundo —dice soltando una pequeña risa. Nunca me había sentido tan mal en un trayecto, además de conducir bien, debo de admitir que conoce demasiado bien la ciudad. Estuvimos en el sitio antes de lo que espera, de todos modos la mayoría de los niños se habían ido, pude ver a Cleon sentado en un pequeño escalón, ni siquiera me despedí, me apresuré a bajar y crucé corriendo. —Cariño —lo llamo y veo que levanta la vista. Me quedo paralizada, con el ceño fruncido y un nudo se forma en mi garganta. No de nuevo, maldije internamente. —¿Qué le pasó a tu ojo Cleon? —pregunté inclinándome a su altura y revisándole el rostro. —La maestra, me jaló del brazo porque no quise ir con ella a la dirección y al soltarme me di un fuerte golpe —explica con las lágrimas al ras. —¿Por qué quería llevarte a la dirección? —pregunto tratando de asimilar sus palabras. —Me culpó de algo que no hice, dijo que había tirado un papel en su cabello, pero yo no fui mamá —hunde su rostro en mi cuello y le acaricio el cabello— Fue otro de mis compañeros, pero me dio miedo decirlo, porque no quiero que de nuevo me odien, no quiero tener que volver a cambiarme de colegio. —Vamos a solucionar esto hijo —le digo secando sus lágrimas con cuidado de no tocarle el morado. —¡No mamá, por favor! —dice en un gesto suplicante. —Cleon, no voy a dejar que vuelvan a hacerte daño y que vuelva a pasar lo mismo —le digo molesta y lo tomo de la mano llevándolo dentro casi a arrastres. —Mamá —dice sollozando. —No, aunque esto parezca que te va a perjudicar, no será así —le digo caminando por aquel pasillo. Llegamos a la dirección, justamente estaba la maestra de Cleon, tomando un café con la directora del instituto, me detuve en seco y ambas mujeres cruzaron miradas.
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