Capitulo 3 "Lo sabia Alguien me Observaba"

1171 Words
Rebeca no sabe como hacer para que los nervios que la invaden no se le noten, y se retira rápidamente de la sala; Andrés solo la mira y baja su cara para tomar la taza de café, disimuladamente ante aquellos ya experimentados adultos ya que sabia que podría meter a Rebeca en problemas sin que esas fuesen sus intenciones. Del lado de la cocina Rebeca se recuesta de la pared respirando fuertemente son nervios piensa ella pero sucede algo mas y no sabe como describirlo ¿Que me pasa? — ¿que es esto que estoy sintiendo? Rebeca había sentido por primera vez aquellas mariposas que revolotean por el estomago dando vueltas y vueltas, aquellos nervios que se sienten cuando aquella persona que nos gusta esta cerca de nosotros; pero como describir todo esto si apenas puede hablar con la Señora Eugenia solo para cosas referentes a los quehaceres de la hacienda, no tiene amigas ni siquiera a la Señora Antonia con quien hablaba en ocasiones y el tema del amor era un tabú para aquellos años. — ¡Calmate Rebeca! ¡calmate! — era lo único que se decía Justo en ese momento pero en la ciudad de San Fernando de Apure, Julia la madre de Andrés se encuentra regando el jardín de su casa y sembrando algunas plantas con su hija Juliet — ¡Ten cuidado hija las rosas tienen muchas espinas y te podrías lastimar! — Si madre no hay de que preocuparse seré muy cuidadosa, madre hay algo que quiero preguntarle, si usted me lo permite — ¡Claro hija, que sera eso! — Madre disculpe si la ofendo pero quiero preguntarle que pasa con usted y papá, la noche antes de viajar a Barinas me di cuenta que papá salió de madruga de casa cuando debía estar durmiendo, luego llego muy ebrio y luego al despedirse de usted me di cuenta que su abrazo de despedida no le era correspondido. Doña Julia con cara de vergüenza y asombro decide romper el silencio y le dice a Juliet: —Hija mía, decirte esto es algo que me apena pero ya eres lo suficientemente grande para saberlo, tu padre y yo no estamos bien su serio problema con la bebida ha hecho que tengamos muchos problemas a tal punto que ha llegado a agredirme, ¡hija te pido que no lo juzgues pues es tu padre y debes respetarle! — ¡Que dices madre! ¿ha llegado a maltratarle? —¡Madre pero eso es grave, como papá puede ser capaz! —¡Hija no hay de que preocuparse, no quiero problemas con tu padre además que va a decir mi familia y mis amigas si se enteran de eso! ¡no hables esto con nadie entendido! —¡Si mamá! — respondió Juliet con la voz quebrada y llorando pues la imagen de su padre se había terminado de dañar para ella. Mientras tanto en la hacienda de la Señora Nieves, ésta hacía un recorrido con Don Manuel y su hijo Andrés —¡Manuel he notado que hay muchos individuos extraños por estos lares y le confiare mis tierras a usted ya que mi difunto esposo confiaba ciegamente en usted espero no me defraude! pronto mi hija llegara de Caracas y sera ella quien tome las riendas de todo ya yo estoy bastante mayor y estoy cansada de todo esto — dijo la señora de Nieves mirando hacia las montañas que adornaban la parte inferior de su hermosa hacienda con algo de nostalgia. — ¡No se preocupe mi señora que esta usted hablando con la persona indicada! — contestó Don Manuel, luego de recorrer la hacienda y recibir las instrucciones dadas, llegó la noche y después de cenar cada uno subió a la parte de arriba de la casa para dirigirse a sus respectivas recámaras. Al día siguiente todos se encontraban levantados muy temprano aproximadamente a las 4:00 A.M. Andrés saluda a su padre — ¡Bendición padre buenos días, ¿ como durmió? ¿Logro descansar algo? — ¡Que el altísimo te bendiga hijo, bien por lo menos pude pegar un ojo — ¡Papá debemos cuidar muy bien de la hacienda de la señora Eugenia, esa señora esta depositando su confianza en nosotros y eso es muy importante! — ¡No hay de que preocuparse hijo, deja todo en mis manos, mas bien vamos a repartirnos el trabajo tu ve al establo que esta detrás del cuarto viejo y yo iré al principal que estoy seguro debe estar hecho un desastre! Sin embargo algo atravesaba la mente de aquel ex capitán retirado, pues no dejaba de pensar en aquella muchacha que trabajaba como servidumbre en la hermosa hacienda que constaba de 42 hectáreas, cabezas de ganado y establos de caballos, así que Don Manuel no quería realmente ir a arreglar el establo y ver precisamente a los caballos, por lo que muy cuidadosamente camino hasta llegar a la ventana de la cocina, la cual era transparente cosa que le facilitaba poder espiar con mayor claridad a Rebeca, quien se encontraba preparando el desayuno muy cuidadosamente, a la Señora Eugenia le gustaba el café caliente con poca azúcar y una arepa de maíz pilado recién hecha, si espera unos segundos siente que esta se endurece y creanme no les gustaría verla molesta, así que Rebeca preparaba el desayuno rápidamente para la señora Eugenia y los invitados que desde el momento que llegaron a la hacienda ya pasaron a ser trabajadores encargados de la seguridad de la misma. Rebeca se encontraba de espalda y sentía una incomodidad muy grande, sentía que alguien la miraba así que volteo a ver por la ventana mas no se acercó a ella, pero no vio nadie, y continuo preparando el desayuno, sin embargo se quedó con aquella incertidumbre de que alguien la observaba, de pronto escuchó un ruido muy fuerte en la parte de atrás de la casa por lo que se asombro tanto que dejó caer una vajilla de porcelana una de las favoritas de la señora Eugenia —¡Santo cristo! ¿y ahora como le voy a decir a la señora Eugenia que me paso esto? ¡Esa era una de sus vajillas favoritas se dijo a si misma y enseguida salió corriendo a recoger el desastre, dando tiempo a que Don Manuel corriera sin ser visto por nadie, un felino que rondaba la hacienda intentaba cazar un roedor por ello salió corriendo e hizo el ruido que asusto a Rebeca, logrando ver el felino se dijo a si misma —¡Lo sabia no estaba equivocada! alguien estaba a mis espaldas observándome, y eras tu gato travieso ¡me has metido en un problema! En esos minutos llega Don Manuel al establo en el que se encontraba Andrés, muy agotado por haber corrido — ¡Papá que paso! ¿porque corres? ¿te paso algo? ¿porque corres? —¡Tranquilo hijo no pasa nada, no pasa nada! Dijo Don Manuel consumido por el agotamiento.
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