— Padre ¿estas seguro que no te sucede nada?
— ¡Ya te dije que no! ¡ muchacho impertinente, solo fue un animal del monte que me asustó no sigas preguntando mas nada entendiste!
Andrés no tuvo mas opción que quedarse callado y mirando a su padre con muchas dudas respiro profundo y pensó
—Esa no es la verdad, ¡debo averiguar en que cosa anda papá! Andrés sabia que aquel viejo ex militar no lo asustaría así como así un simple animal de monte, y mucho menos si se encontraba armando así que esto dejó en el mucha incertidumbre.
— ¿Dios mio y ahora que hago? — decía Rebeca lamentándose y asustada porque no sabia que le diría a la señora Eugenia cuándo llegara del centro de la ciudad
— ¿Y si le digo la verdad? ¡Puede que me crea! — no, no, ¿y si cree que le estoy tomando el pelo? Eso seria peor, ¡Dios mio me quedaré sin trabajo, y sin un techo en donde vivir!
Luego de haber hablado con su padre y de hacerse tantas preguntas Andrés decidió ir a caminar un rato por aquella hacienda en la que el calor del llano se sentía intensamente sobre su blanca piel, su cara era sonrojada por el sol y el sudor corría por doquier en todo su cuerpo. Quisiera no tener que pensar que papá anda en algo raro pero ya son tantas cosas que me hacen dudar de el, su comportamiento en casa, con mamá, la bebida y ahora anda corriendo de manera muy extraña por la hacienda que se supone que debemos custodiar....¡Algo raro pasa!
Era lo que pensaba el menor de los hermanos Robles, quien seguía caminando contemplando los alrededores de aquella casa colonial de dos pisos la puerta principal se en contrabando en el piso de abajo, al entrar se visualizaban las sillas que formaban parte de la colección colonial, el piso estaba totalmente alfombrado y en las paredes colgaban cuadros del señor Ernesto Nieves, teniente subordinado al rango de capitán en sus años dorados tuvo mucho éxito y gano muchas batallas siendo una de las mas emblemáticas las de lucha durante el gobierno de Páez , en donde conoció a Manuel Robles, de allí nace su amistad o mejor dicho su ideología en común, cuadros del señor Nieves su esposa y sus hijos, una lampara que colgaba justo arriba del comedor el cual se dividía en tres sillas de cada lado, dos candelabros sobre el fino comedor y en el centro se encontraba una estatua de un ángel
Andrés siguió caminando hasta aproximarse a la parte de la cocina en donde vio a una Rebeca muy angustiada caminando de un lado al otro
¿Sera que me acerco? ¡se nota algo angustiada! ¿sera que en algo puedo ayudarla? Andrés estaba muy nervioso sin embargo por primera vez en su vida tomo una decisión por si solo y se acerco poco a poco hasta la cocina tocando la ventana ya que era transparente y Rebeca no podría asustarse pensando que fuese la señora Eugenia quien tocaba por la puerta. De pronto Rebeca voltea y el susto fue grande no sabía que hacer mirando a Andrés, no sabia que hacer entonces justo en ese momento Andrés le saluda ella consternada subió su mano poco a poco y le saludo...Su corazón latía tan fuerte que ella pensaba se saldría de su pecho, Andrés solo miraba su belleza e intentaba disimular porque su mano temblaba como una hoja, luego le hace señas preguntándole si le puede abrir la puerta, Rebeca muy nerviosa se queda inmóvil Andrés vuelve a hacerle señas hasta que ella cae en si, y se pregunta
¿Que hago? ¿y si llega la Señora Eugenia? ¿sera que puede ayudarme? Rebeca decide abrir la puerta por lo que Andrés caminó hacia la misma, ambos temblaban pero deseaban ese encuentro, la curiosidad por cruzar las primeras palabras eran inevitables, Andrés del lado de afuera y Rebeca del lado de adentro dos jóvenes con vidas totalmente diferentes estaban a punto de encontrarse
—Toc —Toc, — toca Andrés a la puerta pero Rebeca no abre
—Toc —Toc — insiste Andrés, hasta que en un chirrido avisa que la puerta se abrirá y de pronto ocurre el encuentro aquellos jóvenes se miraron por primera vez la respiración de Rebeca era tan acelerada que no dejaba que respirara bien, Andrés estaba tan nervioso que sus manos seguían temblando hasta que se armo de valor y le dijo
— ¡Permitame presentarme soy Andrés Robles!
— Re, Re, soy Rebeca Borges, ¡mucho gusto! — bastante asustada.
—¡El gusto es mio! —respondió Andrés quien ya había extendido su mano para saludar
—Ja,ja,ja Disculpe —dice Rebeca con risa de nervios y extienden su mano para saludar, es justo en ese momento en donde ocurre el estallido entre ambos, las mariposas en el estómago de Rebeca se sentían con mas intensidad, la mano de Andrés estaba sudorosa definitivamente se encontraban en otro lado, no existía otra cosa para ellos en ese corto momento, hasta que de pronto el agua hirviendo de la cocina se derramó haciendo que Rebeca despertara
—¡Por Dios que me esta pasando, todo me esta saliendo mal!
—¡Disculpe, si hay algo en lo que pueda ayudarla solo digame!
—Me temo que usted no puede hacer nada por mi —responde Rebeca
—Ahora mismo me ha sucedido algo muy terrible y no podre excusarme con la señora Eugenia
—¿Señorita que es aquello tan malo que la aqueja? — disculpe mi pregunta
—Se supone que no puedo hablar con usted caballero, la señora Eugenia fue muy clara conmigo, nada de hablar con nadie, nada de amistades y creo que es lo mejor, además dificulto usted me pueda ayudar ¡gracias!
—Disculpe Rebeca no creo que haya un inconveniente, no quiero parecer fastidioso, pero insisto quizás pueda ayudarle, —cuenteme que le pasa
—Disculpe le puedo pedir algo, —digame señorita ¿que sera?
—Por lo que mas quiera vallase, vallase y haga como sin esta conversación no existió, podría ocasionarme miles de problemas con las señora Eugenia, y eso es lo menos que quiero.
—Esta bien señorita, si así lo desea la dejaré tranquila, espero pueda resolver lo que tanto le aqueja, con su permiso me retiro —Lo único que Rebeca quería era solucionar aquella situación que tanto malestar le generaba así que el estar sola le ayudaría a pensar con claridad.
Andrés se retiro de la cocina y mientras caminaba iba pensando ¿sera que fui muy fastidioso con ella? ¡De seguro no querrá verme mas!
¿Porque no dejo que la ayudara?
Mejor voy a bañarme, Andrés se dirigió a la parte principal de la casa y pasando la lujosa sala de aquella casa colonial se dirigió al segundo piso subiendo las escaleras, antes de subirlas se encontraban unos barrotes blancos, el pasa manos era bañado en oro, y al ir subiendo se podían apreciar unas estatuas de ángeles a mano izquierda, al terminar de subir las escaleras se ve colgando una lampara despampanante que da un toque de elegancia a la época del siglo XX.