Andrés ingresó a aquel baño el cual le fue asignado a el y su padre como uso exclusivo del personal encargado de resguardar la hacienda sorprendido contemplaba semejante estructura la cual parecía un pedestal. El fallecido Teniente Nieves fue un hombre subordinado al rango de capitán por ende tenia muchas influencias tantas que en su vivienda existían ambientes económicamente acomodados, estas se deban principalmente en Los Estados Unidos de Norteamérica o en Inglaterra pero gracias a la gran influencia del Teniente Nieves había logrado tener algunos de estos lujos dentro de su hacienda en Venezuela justo en el estado Barinas; uno de ellos era el baño que había cedido la Señora Eugenia para Andrés y su padre.
Una espaciosa sala exhibida con gran parafernalia con unos muebles de madera tallada revestían a cada uno de los aparatos sanitarios existentes en los seis baños lujosos de la hacienda; en el interior los espacios ornamentados con todo un lujo de detalles existentes, el suelo era de mármol color gris plomo, las cortinas eran de terciopelo que hacían contraste con el color de la cerámica de mármol que existía en el suelo, las obra de arte eran todo un deleite ante los ojos de cualquiera ángeles eran los pintados en aquellas obras, todo esto tan deslumbrante le trajo recuerdos a Andrés de alegría y nostalgia ya que en la antigua casa en donde vivieron hace tan solo dos años atrás existía tal majestuosidad, pero por causas que ellos desconocen que fue vendida; el motivo solo lo saben sus padres.
Andrés se quito el chaleco cruzado con botones metálicos envejecidos, luego con mucha cautela la camisa cuello de tirilla color blanca la cual ya había perdido el planchado que le había hecho su madre las mangas estaban dobladas hacia arriba por el eminente calor de la ciudad de Barinas, luego se quito el pantalón largo de pana color gris el cual era abrochado por una tapa rectangular delantera con ojales y botones luego paso a retirar su ropa interior, un mono de lana de una sola pieza de color gris claro luego ingresa a la bañera de mármol blanca y se sumerge en el agua que salia tibia por aquel clima tan caluroso, allí piensa como puede desenmascarar a su padre pues ya estaba totalmente convencido que algo se traía entre manos.
Mientras tanto en San Fernando de Apure se encontraba Doña Julia preparando el almuerzo junto con su hija Juliet, después de los procesos independentistas en Venezuela se abrió la inmigración esto trajo como consecuencia que llegasen grupos italianos, portugueses y alemanes y con sus llegadas la comida Venezolana sufrió un cambio significativo, sin embargo Doña Julia era una mujer muy conservadora y arraigada a sus tradiciones así que prepara un delicioso coporo con yuca
—Juliet ten cuidado con el pescado, es muy delicado
—No se preocupe madre, sé como lavarlo cuidadosamente
—Ya el arroz estará solo faltan unos minutos
—Esta bien madre
De pronto en ese momento llaman a la casa de la familia Robles
— ¡buenos días! — ¡Llegó el periódico! — exclamó Joaquín el chico encargado de repartir el periódico en la ciudad
—¡buenos días! ¡llego el periódico! Dijo nuevamente
En lo que llego Doña Julia y con su cara sin hacer algún tipo de movimiento dijo:
—buenos días caballero, muchas gracias es "El astrónomo" por favor —dijo refiriéndose al nombre del periódico
—Si, aquí tiene Doña Julia, me saluda a Don Manuel
—Gracias, en lo que regrese le doy sus saludos — dice doña Julia sin subir la mirada y hacer contacto visual con aquel joven
—Joaquín se quedo mirándole hasta que esta se fue a su casa
—¿Quien era mamá? preguntó Juliet, —el joven que reparte el periódico hija mía, a ver como vas
—Bien madre le dije que tendría cuidado, mire ya esta todo el pescado lavado, listo para freír
—Muy bien hija, ya es hora de apagarle al arroz
—Mamá, quisiera preguntarle algo si me lo permite claro esta
Doña Julia se quedó pensando si le decía que no podía preguntar nada o dejaba que su hija quien ya era toda una señorita le preguntase; así que con cierto temor dejo que su hija hablara
—Si, hija mía
—Madre disculpe mi pregunta, espero no ofenderle perooo....¿Usted todavía ama a papá? —Doña Julia muy asombrada no sabia que reacción tomar, si molestarse e imponerse como lo era típico en aquella época o si hablar con su hija ya adulta, así que evadió su pregunta diciendo
—Hija que preguntas son esas, claro que amo a tu papá, son 27 años juntos hija además están tu hermano y tu fruto de nuestra unión como no amar a tu padre
—Madre disculpe que se lo diga pero ya no soy una niña y eso lo sabemos, yo se que entre ustedes ya nada esta bien, que papá se ha portado como un patán con usted nadie me lo ha dicho ¡yo lo le visto!
— Se que no es fácil para usted aceptar semejante cosa que dirán en la familia y sus amigas; pero quiero que sepa que yo la entiendo, si, no se que es el amor porque aun no lo he vivido pero si se de principios, los mismos que usted y mi padre me enseñaron y no es de caballeros que un hombre le falte el respeto a su esposa — dijo Juliet dejando en asombro total a doña Julia quien con un nudo en la garganta contenía todo el llanto para mantener las apariencias
—¡Hija no se que decirte! — respondió doña Julia totalmente descolocada ante todo lo que le dijo su hija
—¡No tiene porque hacerlo madre! ¡venga vamos a servir el almuerzo que se enfría! — se dieron media vuelta y caminaron hasta la cocina
Mientras tanto un verdadero caos se creaba en la mente de Rebeca ya que la señora Eugenia se aproximaba a casa, Rebeca escucho el carruaje que transportaba a Doña Julia, tirado por dos caballos negros pura sangre y guiados por el señor Pedro, quien detuvo a los caballos
—¡Ahh! ¡Ahh! —dijo frenando a aquellos hermosos caballos tan negros como la noche, sus colas parecían una palmera que s meneaba en el verano y su pelaje era tan perfecto que brillaban así fuese de día
—¡Buenas tardes! — dijo con voz fuerte el señor Pedro Mendez quien era el chofer de la familia Nieves desde que el difunto Ernesto Nieves vivía, de contextura grueso 1,90 de estatura, fornido, de cabello y barba blanca los cuales reflejaban su experiencia recorrida por aquella época, una persona totalmente inflexible pues pata el la razón la tenia una sola persona, y en este caso todo lo que dijera la patrona Eugenia de Nieves era Amén, juró lealtad a la familia después de que El Teniente Ernesto le salvó la vida en la guerra de independencia.
Justo en ese preciso instante Andrés iba saliendo al patio de la hacienda
—¡Buenas tardes! — contestó a Pedro; quien enseguida se aproximó al carruaje y con gesto de cortesía abrió la puerta principal para que la Señora Eugenia bajara
—¡Buenas tardes señora Eugenia! —le saludo Andrés
—¡Buenas tardes Jovencito ¿y tu padre en donde se encuentra?
Andrés no sabia que contestar pero debía excusar a su padre pues no podía dejarlo mal y más nos frente a la persona quien le estaba confiando la seguridad de su hacienda
—Se encuentra en el establo que se encuentra en el cuarto viejo señora Eugenia
—¡Excelente! Es uno de los establos que me preocupa tiene mucho trabajo por hacer —dijo la señora Eugenia aliviando a Andrés con sus palabras
—¡Bien jovencito, conoce a uno demos hombre de confianza Pedro, es parte de mis mas antiguo personal! —dijo la señora Eugenia presentando a Pedro quien miro por debajo del ojo a Andrés extendió su mano derecha y le dijo:
—¡ Mucho gusto, Pedro —Andrés tendió su mano respondiendo al saludo y diciendo —¡Es un placer, Andrés Robles!
Pedro apretó la mano de Andrés con algo de fuerza para hacerse ver como un hombre de respeto el cual no andaba con ningún tipo de juegos, mientras tanto Andrés aguantó aquel apretón de mano, pues debía demostrar que el también estaba formado bajo carácter y firmeza.
—¡Buenas tardes tengan todos! —dice Don Manuel Robles quien aparece después de estar unas horas por el establo que tanto trabajo lleva, Andrés enseguida se apresura y antes que la señora Eugenia hablase le dijo:
—¡Buenas tardes padre! ¿logro terminar el trabajo en el establo? —el viejo experimentado de Manuel Robles, sabia perfectamente que su hijo lo estaba excusando y enseguida le contestó
—¡Hijo mio este cabello blanco no es en vano se perfectamente como lidiar con un establo que lleve mucho trabajo! — estas palabras no le agradaron en absoluto a Pedro quien lo miro de reojo y con mucha seriedad.
—¡Así me gusta Manuel, la eficiencia antes que todo! Permitame presentarle a uno de mis hombres de confianza, Pedro
—¡Caramba! ¡ Es un placer para mi conocerle Manuel Robles — dijo el ex capitán extendiendo su mano
—¡ Mucho gusto Pedro Mendez! — justo en ese momento un fuerte apretón de manos se estrecho entre ambos, no solo era cortesía mas bien era un apretón de manos algo retador, Don Manuel dice de manera sarcástica — Estoy seguro de que haremos un excelente equipo, disimulando la mirada retadora con la que miraba a Pedro a lo que este contestó — estoy seguro que si!