Luego soltaron sus manos —¡este patiquín no me da buena espina! —se dijo así mismo Pedro
Mientras que Don Manuel se dijo así mismo ¡no seras un problema para mi chofer de quinta!
— Voy a ducharme y luego nos vemos en el comedor, necesito que nos reunamos, con permiso — dijo la Señora Eugenia quien se dio media vuelta subiendo su largo vestido para poder caminar sin enredarse
Del lado de la cocina seguía Rebeca sumamente nerviosa ya que debía servir el almuerzo y era muy probable que la señora Eugenia preguntara por su vajilla de porcelana la cual atesoraba puesto que era un recuerdo que había comprado en Londres cuando viajó con su difunto esposo.
¿Que voy hacer? En ese momento llega la señora Estela quien también trabajaba en la hacienda y se estaba recuperando de un decaimiento que había sufrido una gripe, la cual la había dejado en cama por unas semanas
—¡Señora Estela! — dijo Rebeca con alegría al ver a aquella anciana — en lo que sale corriendo y la abraza.
— ¡Ay mi hijita yo pensé que no saldría de eso, pero aquí estoy fuerte como un Roble! — dijo refiriéndose al árbol.
—¡Cuanto me alegra que esté de regreso la extrañe mucho! ¡me he sentido muy sola y muchas cosas han pasado después de su ausencia!
—¡Tranquila mi niña, ya estoy acá!
— ¿sabes en donde esta la señora Eugenia? Necesito anunciarme
— Bueno señora Estelita ella llegó y entro a la casa, y la verdad es que no quisiera verle a la cara — dijo Rebeca a la señora Estela a quien llama cariñosamente Estelita
—¿Que dices hija, que tan grave es lo que pasó que no quieres ver a la señora Eugenia?
—¡Ay señora Estelita esta mañana pase un gran susto por culpa de un gato que quería cazar a un ratón, yo sentía que me estaban mirando y era el hambriento gato, que de pronto salió corriendo entró a la cocina e hizo que se me quebrara la vajilla favorita de la señora Eugenia.
—¿Que dices mi niña? —¡la vajilla de porcelana, la que trajo de Londres!
—¡Si! Estelita, afirmó Rebeca
—¡Mi niña, como te va a pesar eso! ¿ y has pensado que le dirás a la señora Eugenia?
—¡He pensado en muchas cosas, incluso en decirle la verdad por mas tonta que parezca, pero me aterra la idea de hablar con ella, usted sabe Estelita como es la señora Eugenia
—¡Si lo sé! Pero debes hablar con ella mi niña — es justo en ese momento que alguien toca a la puerta de la cocina.
— ¡buenas tardes, ¡caramba doña Estela tiempo sin verla! — dice Pedro
—¿como se encuentra Pedro? Pues si, estuve ausente porque me encontraba delicada de salud pero ya estoy acá.
—Me alegra mucho, bienvenida — le dice muy cortésmente Pedro
— la señora Eugenia quiere reunirse con el persona de la hacienda tiene algo muy importante que hablar con nosotros, así que nos esperará en el comedor.
—¡Gracias Pedro por informarnos! — dijo la señora Estela.
—Mi niña espera a que la señora Eugenia nos diga lo que tiene que decirnos y luego hablas con ella, por favor trata de tranquilizarte y dile la verdad, es todo.
—¡Vamos la señora Eugenia ya esta en el comedor! — exclamo Pedro
La señora Estela y Rebeca se dirigieron caminando un poco apresuradas a la sala, mientras que Don Manuel y Andrés ya se encontraban allá, la señora Estela se apresuró y se anuncio haciendo reverencia
—¡Buenas tardes señora Eugenia! regrese hace una hora y la estuve buscando pero supe que se encontraba ocupa, aquí estoy de regreso — dijo la señora Estela con tono y actitud de sumisión.
—¡Hola Estela! ¡me alegra que haya podido salir ilesa de ese cuadro de gripe tan fuerte por el que paso! — dijo la señora Eugenia políticamente, pues en realidad le daba igual el estado de salud de la señora Estela Rivera.
—¡Gracias señora Eugenia! aquí estoy para servirle.
—¡Bien Estela acerquese hacia los demás empleados tengo algo que informarles!
— Una vez todos ubicados frente a la señora de Nieves, ésta comenzó a hablar:
—¡Buenas tardes, damas, caballeros! El motivo de esta reunión se debe a lo siguiente, como pueden observar se encuentran dos personas que no habían visto anteriormente acá, den un paso al frente caballeros — dijo dirigiéndose a Don Manuel y Andrés Robles
— Ellos son el ex capitán retirado Don Manuel Robles, un gran compañero de batalla de mi difunto esposo Ernesto que en paz descanse y este jovencito es su hijo Andrés Robles — dijo colocando su mano derecha sobre el hombro de Andrés quien no paraba de mirar a Rebeca disimuladamente
— Es todo un honor para nosotros estar presentes en esta prestigiosa hacienda señora Eugenia — afirmó Don Manuel
—le aseguro que no la defraudaremos
— ¡Eso espero Don Manuel! Ellos son:
— La señora Estela cocinera y su ayudante Rebeca y el señor Pedro mi chofer de confianza —dijo la señora Eugenia.
—Y ellos como ya escucharon son Manuel y Andrés Robles padre e hijo serán encargados de la seguridad de la hacienda en general, quiero que les quede algo muy claro a todos ¡las relaciones que tengan entre si serán estrictamente laborales entendido!
— Solo cuando sean realmente necesarias, del resto cada uno debe permanecer en su respectivo lugar de trabajo ¿Les quedo claro?
— ¡Si señora Eugenia! — Respondieron todos en coro.
— ¡Debemos preservar la seguridad de la hacienda hay muchos ladronzuelos rondando!
—¡Bien pueden retirarse! — dijo la señora Eugenia, mientras que Rebeca se armó de valentía y se quedo para explicarle lo sucedido; pero no pudo fue más su miedo de pensar que se quedaría sin trabajo y un techo en donde vivir, que decidió callar.
—Señora Eugenia necesitaré de la ayuda de alguno de los caballeros para poner en el sol el maíz pilado se deben mover dos sacos y son muy pesados para mi — exclamó la señora Estela
— Bien muchacho ven acá. — le dijo la señora de Nieves rápidamente a Andrés quien ya iba finalizando su salida.
— Tu estas más joven que los otros dos caballeros acompaña a la señora Estela yayudala con unos sacos de maíz pilado luego ve a tu lugar de trabajo.
—¡Como ordene Señora Eugenia! — le dijo Andrés
—¡Mucho gusto señora Estela! —Andres Robles para servirle
—¡El gusto es, mio, ahora acompañeme a la Cocina jovencito
—Te enseñare algunas cosas que debes saber aparte de que debes mantenerte al limite, en especial con Rebeca — ¿Como? ¿ De que habla? ¿ no entiendo? Dijo Andrés en lo que la señora Estela le contesto
— Niño estas arrugas que ves en mi cara y manos son la experiencia, a mi no me puede engañar, me di cuenta como miraba a Rebeca, intentaba disimular pero a esta vieja de 68 años no se le puede engañar tan fácilmente —Andrés un poco apenado, no supo que responder así que opto por hacer silencio, tal era el mismo que las hojas se podían escuchar rodar por del piso impulsadas por la brisa de aquella Barinas del siglo IXX.
—Ahora vamos ayúdeme y mantengase al margen mire que esa pobre niña ya tiene muchos problemas como para tener otro.
—Disculpe la pregunta señora Estela ¿Que es eso tan grave que le sucede a Rebeca? —preguntó con intriga Andrés
—¡Caramba jovencito no veo porque debería contarle eso, pues no es de su incumbencia!
—¡Perdoneme señora Estela no quise ser un imprudente!
—¡Pensándolo bien podría contarle, eso si, si me promete que no dirá nada a nadie! ¡total ya forma parte de nuestro personal, es uno mas de nosotros!
—¿Me da su palabra de caballero que esto quedara solo entre nosotros?
—¡Si, si, claro que si!
—La pobre niña pasó un susto esta mañana porque pensaba la observaban pero no resulto ser así, resulta que un gato estaba tras un ratón y salto por la cocina haciendo que la pobre se asustara tanto que se le quebró una vajilla de la señora Eugenia; una de sus favoritas, ¡nada más y nada menos una comprada en Londres, eso podría ser motivo de su despido y se quedaría sin un techo en donde cubrirse del agua y sol!
—El día de hoy ha sido sumamente largo para esa pobre muchacha!
— Señora Estela ¿No hay nada que se pueda hacer por ella? — ¡no se, si de pronto se disculpa con la señora Eugenia quizá ella entienda! — dijo Andrés en tono de desespero
—¡Ay niño! La señora Eugenia es de carácter fuerte, ¡solo un milagro pudiera salvar a esa niña de quedarse sin trabajo esta misma noche! —dijo la señora Estela con exageración dejando a Andrés pensativo.
—Ven allí abajo están los sacos con el maíz pilado — dijo la señora Eugenia a Andrés, luego este subió las mangas de su camisa blanca recién planchada, pues acababa de colocársela, y agarró uno de los sacos con fuerza hasta montarlo sobre su hombro derecho mirando hacia abajo le dijo a la señora Estela.
— ¿digame a donde lo llevo?
—¡Afuera jovencito, coloquelo justo al lado de los potes de agua, debemos lavarlo antes de ponerlo al fogón! — andrés entró y buscó el otro saco de maíz pilado.
— ¿Lo coloco en el mismo lugar señora Estela?
— ¡Si joven coloquelo allí!
Mientras Andrés buscaba aquellos sacos pesados de maíz pilado pensaba como podría ayudar a Rebeca, hasta que de pronto se dijo así.
— ¡Ya tengo una idea!
—¡Señora Estela! ¿le molestaría si la ayudo? —preguntó Andrés
—Descuide joven, ¡yo me tomare el tiempo necesario para hacer esto, mas bien vaya y vea los caballos seguramente su padre lo debe estar buscando!
— ¿Esta segura señora Estela? Yo no tengo problema en ayudarle, es mas papá esta con cinco peones que fueron contratados para trabajar esta semana, y cuatro manos trabajan mas rápido que dos, permitame ayudarle usted no puede hacer mucha fuerza.
—¡Muchacho eres terco como una mula! — dijo la señora Estela, ¡bueno esta bien, ven ayudarme a remojar el resto de maíz que quedó en el saco! Dijo tuteándo a Andrés significado de que ya estaba entrando en confianza con él.
— En casa ayudaba a Mamá a pilar el maíz, — dijo Andrés.
— ¡mi hermana y yo competiamos a ver quien era más rápido! —sus ojos se aguaraparon, trago grueso y enseguida se quedó en silencio, mientras la señora Estela podía notar que no era un mal joven
— ¿Y quien ganaba? — pregunto para suavizar un poco la situación la señora Estela
—¡ Ja,ja,ja! —hecho a reír Andrés, ¡pues ella!
— ¡yo dejaba que ganara! ¡no me gustaba verla llorar! ¡Que tiempos aquellos! — dijo echando un suspiro al aire
La señora Estela lo miró y le dijo —tienes buenos recuerdos Andrés ¡Y buena memoria! — dijo en tono de broma
¡Andrés sonrió y luego respondió
— si, tengo buena memoria pero aveces quisiera no tenerla! — enseguida se levantó y busco el otro saco para vaciarlo!
Justo en ese momento el ojo clínico de la experimentada señora Estela pudo darse cuenta que algo pasaba en la vida de aquel joven blanco de cabello n***o y ojos marrones oscuros
— ¡ Ay jovencito apenas estas comenzando a vivir y ya algo ha marcado tu vida!
— ¡Espereme aquí señora Estela, voy por mas leña va hacer falta mas para encender el fogón ya vengo, no se vaya de aquí —dijo Andrés
— ¡Esta bien aquí lo espero muchacho! —¡Mientras Andrés caminaba el sudor pasaba de su cabeza hasta su cuerpo, el calor era eminente, llegó hasta un tronco que había en el suelo y cortó algunos pedazos de leña luego los apiló uno sobre otros, y por último los amarró con un mecate, cuando toma la leña y la coloca sobre su hombro comienza a caminar cuando de pronto ve en el porche de la hacienda a la señora Eugenia muy pensativa parecía que secaba su cara con un fino paño de seda color n***o que hacia juego con su vestido, guantes y velo del mismo color el cual no cambiaba desde hace cuatro años en los que sentía han sido los mas vacíos de su vida
—Es el momento oportuno para hablar con ella, pero parece que esta triste ¿sera que lo hago? ¡no! Mejor en otra oportunidad —¿y si después sale de viaje uno la veo quien sabe hasta cuando?
—¡Lo voy hacer! ¡Buenas tardes! Con permiso señora Eugenia ¿me permite unos minutos de su apreciado tiempo?
—¡Ah! ¡buenas tardes joven, si claro dígame!