— A ver muchacho cuentame ¿Que tal te ha parecido todo?
La señora de Nieves no acostumbraba a preguntarle a sus empleados como se sentían, como se encontraban de salud y mucho menos que tal les parecía el trabajo en la hacienda, pero en este caso era diferente Andrés era el hijo de un ex capitán compañero de lucha de su difunto esposo, por lo tanto su trato hacia el era diferente al resto de sus empleados; el y su padre tenían una posición mas alta que ellos y por supuesto un cargo superior
—¡Bien señora Eugenia, mucho trabajo el cual ya se esta adelantando!
— ¡Así me gusta jovencito! — Cuando se es joven se tiene mas fuerza, mas energía y no se esta cansado de nada! — dijo la nostálgica señora Eugenia con actitud de tristeza
— Esta en lo correcto señora Eugenia — dijo Andrés solo para darle la razón
— Bueno ese no es el tema, ¿cuentame para que me buscabas?
— ¡Señora Eugenia hay algo que quiero decirle, y no se como hacerlo! — dijo Andrés un poco nervioso
¿Es algo tan grave lo que tienes que decirme que estas tan nervioso?
—Bueno señora Eugenia es algo un poco delicado, y de verdad que me siento muy avergonzado
— ¡Ay niño habla ya que me estas asustando! ¡no me digas que le paso algo a alguno de mis caballos! — una de las cosas que le apasionaba a la señora de Nieves eran los hermosos caballos, los negros pura sangre, y la atención que sus empleados debían darle tenia que ser la mejor.
—¡No! ¡no! —Pierda cuidado señora Eugenia, no se trata de sus hermosos caballos.
—¿Entonces? ¡habla ya niño!
—Andrés se armó de valor y decidió hablar
— Le cuento; la señora Estela me pidió el favor de ayudarla con unos sacos de maíz pilado los cuales pesaban mucho y ella no podía con ellos, estos sacos estaban en un estante que se encuentra al lado de las vajillas, cuando levanté uno de ellos sin querer tropecé una de las vajillas de usted y esta cayó al suelo rompiéndose en pedazos, la señora Estela se asustó tanto que grito y enseguida la señorita Rebeca salió corriendo en lo que dijo que debía hablar con usted ya que esa era una de sus vajillas favoritas la cual había comprado en Londres.
— ¡Señora Eugenia, yo le juro que no fue mi intención, le pido mil disculpas!
— ¡Muchacho! ¡mi vajilla favorita! ¿como pudo pasar eso? Dijo con expresión de asombro la señora Eugenia
—Sabes algo....¡Agradezco tu sinceridad! y se que ni siquiera trabajando toda una vida podrás pagarme esa vajilla, pero....¿de que sirve una vajilla lujosa si no tienes con quien sentarte a usarla?
—¡Sacala de inmediato de la casa y espero esto no vuelva a suceder nunca mas!
— Dijo la Señora Eugenia de Nieves, quien era de carácter tan duro como un Iceberg de hielo pero que justo en ese momento se había derretido con el calor del sol.
—Andrés solo le miro se quedó tan impactado que solo le dijo — Así será señora Eugenia, permitame retirarme
— Con un nudo en la garganta Eugenia de Nieves solo levanto su mano derecha e hizo señas que le indicaban a Andrés podía retirarse.
Andrés tomo la leña, la coloco en su hombro nuevamente y caminó poco a poco pensando durante todo el camino ¿Que tan terrible pudo haber sido la muerte de su difunto esposo que tenia el corazón tan destruido?
— ¡Muchacho pensé que te había asustado ver tanto maíz para pilar ja,ja,ja — dijo la señora Estela al ver nuevamente a Andrés.
— ¡No! Aquí me tiene de regreso señora Estela, logré conseguir la leña, mas de la que pensaba.
—Muy bien Andrés te felicito — dijo la señora Estela ya en confianza con el joven.
— ¡Señora Estela, le puedo decir algo.
— ¡Si claro muchacho, ¿que sera?
—Cuando fui por la le leña me encontré con la señora Eugenia.
—¡A caramba! ¿en donde la viste?
— En el porche de la hacienda, pero hay algo que me causó curiosidad.
—Muchacho, no me digas que andas entrometiéndote en cosas que no debes.
—¡No, No! Señora Estela como cree, no se la vi algo triste, como si recordara con lamento algo o a alguien.
—Muchacho ¿porque dices eso? — es que le pedí permiso para hablar con ella y me dijo una cosa que me asombró dijo Andrés
—¿Permiso para hablar con ella?
— con cara de asombro.
—¿Hablar con ella sobre que? —pregunto nuevamente un tanto nerviosa.
— Disculpe señora Estela, me tome el atrevimiento de conversar con ella sobre lo ocurrido con la señorita Rebeca. — soltó Andrés muy tranquilo.
—¿Que? ¡Muchacho¡ ¿como te atreves? — su se tornaba molesta.
— ¡Calmese! ¡Calmese señora Estela! yo solo quise ayudar ya que ella podía perder el trabajo y no seria nada justo. — explicaba Andrés tratando de calmar a la señora Estela.
—¡A ver! ¿ y como se supone que ayudaste? — ya un poco más cálmada.
—Bueno conversé con ella sobre lo ocurrido, pero no le conté la verdad como era, no es que sea un mentiroso pero debía hacer que ella me creyera, por eso le dije que a mi se cayó un saco de maíz pilado sobre el estante y se me rompió la vajilla. — sonriendo mientras explicaba su idea.
—¿Tu crees que ella se creyó ese cuento? — pensando lo ingenuidad de chico.
—¡Por eso le digo, señora Estela que me asombró mucho lo que me dijo, no le dio mucha importancia a lo de la vajilla!
—¡Se notaba muy nostálgica me dijo, unas palabras que me asombraron mucho; "de que sirve una vajilla lujosa si no tienes con quien sentarte a usarla" eso me dejo muy impactado me dio a entender que tiene un vacío muy grande en su corazón.
—¡En serio muchacho! ¿Me estas diciendo eso en serio? nunca he visto a la señora Eugenia sentimental ¡nunca! — recalcó con mucho enfasis la señora Estela.
— ¡Solo cuando falleció su esposo! del resto nunca la visto llorar o ponerse sentimental es una mujer muy fuerte y reservada. Entonces la niña Rebeca puede estar tranquila, ya no se quedara sin trabajo y sin techo ¡Gracias a mi señor! — Exclamó la señora Estela y luego agradeció con mucho ímpetu aquel muchacho.
— Y gracias a ti Andrés, ¿pero que buscas con eso? ¡Yo espero que no tengas ningún tipo de interés por esa niña y no quieras cobrar ese favor! — dijo en tono muy fuerte la señora Estela y expresando desagrado en su rostro
—¡No señora Estela! ¡Se equivoca! ¡no soy ese tipo de hombres que hacen las cosas por interés y mucho menos con algo tan delicado como lo es el trabajo y techo de alguien, solo lo hice porque no quisiera que pasara un mal momento — mirando a la señora estele con mucha nobleza.
—¡Bueno niño voy a creer en tu palabra! pero no quiero que estés cerca de Rebeca, ella ha sufrido mucho y no merece que alguien le genere mas sufrimiento ¡quedo claro! — mirando fijamente a Andrés.
—¡No se preocupe señora Estela, así será! ¡Bien vamos a terminar de pilar el maíz, ahora es que nos falta y debemos mover las manos! — dijo Andre para pasar la página luego pregunto a su compañera.
—¿Señora Estela le puedo preguntar algo? — con mucha intriga.
—¿Que sera caballero? — pregunto la señora Estela con un semblante diferente.
—¿Alguna vez usted ha sentido que algo no anda bien en su vida? No se, ¿como si algo le faltase o haya perdido algo?
—¡Bueno hijo, yo he pasado por muchas cosas en la vida, muy duras! — resaltó aquella anciana llegando se de tristeza.
—¡Disculpe señora Estela, si fui imprudente y le recordé algo que le afecta! — exclamo Andrés intentando disculpar se.
—¡ Tranquilo hijo, siempre es bueno hablar con alguien y creo que ya debo hacerlo! — luego se quedaron recordando cosas del pasado.