— ¡Han pasado tantos años, 22 aproximadamente y aun recuerdo todo como si fuera ayer! Una noche de Junio a eso de las 8:00 de la noche nos encontrábamos en casa mi esposo mi hijo y yo cuando de repente tocaron la puerta de manera muy brusca, mi esposo abrió eran unos oficiales, estaban muy agresivos tumbaron todo a su paso destruyendo nuestras cosas, yo estaba muy nerviosa lo único que hacia era gritar y llorar hasta que uno de ellos me golpeo tan fuerte que me dejo inconsciente, antes de caer al piso mi esposo intentó defenderme de aquellos patanes pero no pudo ya que dos de ellos se abalanzaron sobre el y lo sostuvieron diciéndole — "Tranquilo, tranquilo mas nos resulta que estés sin un rasguño, tus fuerzas dejalas para la guerra mira que bastante que las necesitaras"
— luego de esto se echaron a reír despiadadamente, mi pobre hijo vio todo eso pero no podía hacer nada tan solo tenía 15 años, luego ya no pude ver mas nada y así como te lo cuento fue que perdí a los seres mas apreciados que el santísimo creador me había dado; mi esposo e hijo, mis compañeros mis fieles amigos a quienes esos patanes me arrebataron para siempre — Ya la señora Estela no podía contenerse y rompió en llanto, un llanto tan profundo como un pozo de agua
— ¡Señora Estela no quise remover ese terrible recuerdo, le pido mil disculpas! — Dijo Andrés muy apenado.
— ¡Tranquilo hijo no es tu culpa, necesitaba hablar con alguien gracias por escuchar a esta vieja!
— ¡Señora Estela, siempre seré oídos para una gran persona como usted! Ahora continuemos que el maíz se nos va a quemar — dijo Andrés para cambiar el tema.
— Señora Estela le puedo pedir un favor.
— A ver hijo ¿cual sera?
— Quisiera que usted hablara con Rebeca sobre lo que sucedió, pude notar que ayer quería hablar con la señora Eugenia y no podemos permitir que eso suceda o si no la señora Eugenia perderá la poca confianza que me pueda tener.
—Bueno Andrés ya después de todo lo que has hecho, eso no seria un problema, despreocupate yo hablo con ella quedate aquí moviendo el maíz que yo voy a buscar a Rebeca. — Manchando a avisar a su compañera.
— La señora Estela se dirigió hasta la parte de adentro de la cocina y llamo:
—¡Rebeca! ¡Rebeca! ¿En donde estas mi niña?
—¡Señora Estelita! Por acá, abajo.
— gritando fuerte para ser escuchada.
— hija ¿que haces? — pregunto la Señora Estela.
— Estoy limpiando el sótano que esta muy sucio y bueno así puedo olvidar esta preocupación tan grande que siento — dijo Rebeca bastante angustiada.
—¡Hija te tengo una buena noticia!¡Ya no debes preocuparte mas! — bastante alegre.
—¿Como dice Estelita? — en seguida Rebeca subió corriendo las escaleras del sótano y se asomo mirando hacia arriba para exclamar:
— ¿Como que no debo preocuparme mas? ¡Acaso sucedió un milagro! — muy confundida.
—Digamos que si hija, ¡los milagros existen! — muy sonriente.
—Señora Estelita no estoy entendiendo absolutamente nada ¿que ocurre? — muy pensativa.
—Bueno hija recuerdas a Andrés , el nuevo empleado.
— Si claro que lo recuerdo, ¿pero que tiene que ver el en todo esto?
—Hija el jovencito hablo con la Señora Eugenia y le contó lo que había sucedido, ¡tranquila! ¡tranquila! — dijo con tono apresurado la señora Estela tomando una pausa para luego continuar explicando le.
—¡El joven le dijo a la señora Eugenia que el accidente de la vajilla le había sucedido a el, cargando uno de los sacos de maíz pilado!
—¿Queee? —¿ese muchacho hizo eso? ¿ y porque señora Estelita?
— bastante estrañada.
—¡Bueno hija, ese muchacho sabia que te podías quedar sin empleo y hasta sin un techo y por eso decidió hablar con ella, sabes que la señora Eugenia escucha a pocas personas y ese joven es hijo del compañero de guerra de su difunto esposo es una persona con una vida totalmente diferente a la nuestra, a el si lo escucharía.
— Señora Estelita ¿y que le dijo la señora Eugenia? — ya un poco más tranquila.
— ¡Mi niña al parecer la señora Eugenia estaba muy triste, tanto que no le tomo importancia a lo de la vajilla, tanto que se dio cuenta que lo material no vale nada, que es pasajero, que hay cosas que no importan si no tenemos a quienes amamos a nuestro lado!
—¡Me sorprende señora Estelita, todo eso que me dice,me sorprende! ¡debo agradecerle a ese muchacho lo que ha hecho por mi!
— dijo Rebeca.
— Hija, te daré un consejo no te acerques mucho a ese muchacho, eso podrían traerte problemas mi niña y no solo en el trabajo sino en el corazón, escucha a esta vieja que sabe de que te habla — Rebeca se quedó en silencio sin responderle nada a la señora Estelita, luego de un silencio le dijo:
—Gracias por sus consejos señora Estelita, ¡si, solo le agradeceré y no estaré cerca de ese muchacho! —Expresó con firmeza
—¡Eso espero mi niña, no me gustaría verte sufrir! — tocando su cabello.
—¡No se preocupe señora Estelita!
— muy decidida.
— Bien te espero afuera estamos terminando con el maíz pilado y así Aprovechas de agradecer a el muchacho!
—En lo que termine acá me acerco señora Estelita — continuando con su ardua labor.
Mientras todo esto ocurría a los alrededores de la hacienda, en una de las recamaras la mejor que existía se encontraba una señora Eugenia tendida sobre su cama, viendo unas fotos que le traían los recuerdos mas hermosos de su vida, llorando secaba su cara rápidamente con su pañuelo de seda n***o, era invadida por un profundo sentimiento de gran dolor, la señora Eugenia abrazaba una foto en donde aparecían una mujer un hombre y tres niños, muy felices se encontraban en aquel recuerdo plasmado a blanco y n***o.
La señora Eugenia de Nieves no entendía como la vida podía ser tan injusta con ella, pues tenía lujos y dinero pero no tenía a las personas que llenaban su vida de gran felicidad; en aquella foto se encontraba ella con un hermoso vestido exuberante color rosa vieja con unos hermosos guantes de sede blancos un abanico no podía faltar para lidiar con el calor, y un sombrero que era decorado con unas hermosas perlas color rosa haciendo juego con su flamante vestido, el caballero que se encontraba a su lado tenía un una chaqueta negra con un pantalón y chaleco del mismo color, confeccionados con la misma tela, traje usado en actos solemnes o también llamado de etiquetas, por ello constaba de chaqué.
Los niños eran una versión de su padre en miniatura y la niña una de su madre, todos eran vestidos muy parecidos, al voltear la foto la señora Eugenia puede apreciar un escrito en cursiva legible y elegante que decía; Familia Nieves Ruiz Caracas Marzo de 1810.
Aquel retrato era de la familia Nieves Ruiz, y aquellos niños eran los hijos de la señora Eugenia, pero ¿en donde se encontraban cada uno de ellos? La señora Eugenia solo hablaba de su hija que se encontraba en la cuidad de Caracas, sin embargo no lo hacia con frecuencia pero nunca mencionaba a aquellos niños que en la actualidad serian adultos, ¿a caso su esposo y ellos eran el motivo del dolor tan grande de la señora de Nieves? Ese seria el motivo de tan gran dolor que no tenía comparación con nada.