Capitulo 10 "Claro que así sera"

1466 Words
Justo a las 4:00 AM cantaron los gallos indicando que ya había amanecido, el sol resplandeciente aun no se podía ver, Andrés ya estaba despierto ansiando hablar con su padre, pero este aun no despertaba así que decidió levantarse e irse arreglando para comenzar con el trabajo así haría tiempo y en cualquier momento hablarían, pero no podía dejar que se le hiciera tarde, su imagen no podía verse mal frente a la señora Eugenia. Se levantó fue al baño, se ducho y luego entró a la habitación a vestirse, sentía algo de remordimiento por ello quería llamar a su padre para que también fuese a trabajar temprano pero pensaba ¿Y si llamo a papá y luego con la excusa de que es tarde me evade? ¡No hablaremos nada y como siempre me dejara hablando solo! — ¡Lo siento papá esta vez si debemos hablar! —dijo mirando a su padre que aún dormía Andrés salió cuidadosamente de la hacienda y luego se dirigió a uno de los establos el número V, estos tenían su número escrito en la parte de al frente de la puerta, eran construidos con una estructura sencilla, techo y paredes las cuales suelen ser ventiladas mas que las de una cabaña, al llegar al establo se encontró con dos de los peones que habían sido contratados por la señora Nieves para trabajar esa semana, la señora Eugenia no confiaba en mucha gente por eso rotaba los peones que trabajaban en su hacienda, solo pocas personas eran de su intima confianza y trabajan permanentemente es su hacienda —¡Buenos días! —¡Buenos días! — respondió Arturo un hombre fornido, alto de piel trigueña — ¡Buenos días! — respondió Juan quien era un hombre de estatura media, piel morena y con una contextura delgada — ¡Tu debes ser el hijo de nuestro jefe! Dijo con sarcasmo — mirando al joven. — Por favor Juan no comiences con eso — dijo rápidamente Arturo para evitar un rose entre Andrés y Juan. — ¿Como dice caballero? ¿no entiendo? Dice Andrés — ¡Te hablo del ex capitán Don Manuel Robles; quien no dejó de mandarnos ayer como si fuéramos sus borregos aparte nos toco escuchar sus largos cuentos de como fueron sus años mozos, ¿a caso te mando a vigilarnos? — ¡ Caballeros no vengo en son de problemas, tampoco quiero mandar o vigilar a nadie, simplemente soy un trabajador mas de esta hacienda; es todo! — ¡Si como no! — ¡Ya esta bueno Juan! ¡con tu actitud vas hacer que nos echen de la hacienda! — Dijo Arturo en un tono de molestia — Con permiso caballeros — dijo Andrés retirándose — ¿ A caso te has vuelto loco Juan? ¿Que te pasa? ¿Quieres que nos echen de la hacienda, te recuerdo que tu mujer esta esperando una cría o se te olvida? — mirando a su compañero. — ¡Ya Arturo! Ya lo sé ¡no hace falta que me lo recuerdes! — exclamando de mala gana. — ¿Entonces que es lo que quieres porque te portas de esa manera? ¿Acaso ese jóven te ha hecho algo? — Encarando a su compañero. — Ya Arturo no necesito que vengas con tus retajilas, vamos a seguir con el trabajo que falta mucho. Mientras caminaba Andrés pensaba ¿Que habrá hecho papá para que ese señor me haya tratado de esa manera? ¡Estas son las horas y nada que despierta! En el fondo Andrés se encontraba muy preocupado por su padre, quien ya se había bañado y en el cuarto se encontraba arreglándose para salir. — ¡Caramba cuánto has envejecido Manuel Robles, los años no han pasado en vano! — dijo al ver su reflejo en el espejo el ex capitán Manuel Robles. Luego salió de la recamara cerrando la puerta cuidadosamente, miro de un lado a otro y bajo las escaleras poco a poco de bodega se va a dirigir hacia el estante en donde se encuentran los licores. — ¡Jaaa! — ¡Caramba me asusto! —al ver al hombre frente el. — ¿Y eso porque? — pregunto Pedro. — ¡No, no pensé que estaba por acá tan temprano Pedro! — ¡Descuide Manuel también soy un hombre madrugador cómo usted! — Respondió Pedro sin usar la palabra "Don" que antecede al nombre del ex capitán y se usa como una expresión de respeto o cortesía; con esto le da a entender a Manuel Robles que le da igual el cargo que tenia o de donde venía — ¡Bien es hora de ir a trabajar! — con permiso. — ¡Adelante Manuel! — ¿Que estaría buscando este patiquin? Ay Manuel Robles, lo tengo entre ceja y ceja. — Se dijo a mismo Pedro Méndez, a quien Don Manuel no le inspiraba ni la mas mínima confianza. — ¡Que se creerá ese pobre chofer de quinta! ¡Que lastima que no me puedo deshacer de el! ¡Aunque eso podría cambiar! — Dijo Don Manuel soltando una carcajada! Al caminar se encontró con tres de los peones contratados para trabajar ese fin de semana con actitud arrogante les dijo: — ¡Buenos días mis madrugadores peones! Espero hayan descansado porque hoy será un día de mucho trabajo tanto que querrán que el día termine rápido ¡Ja, ja ja — riendose a cargadas Don Andrés. ¡Buenos días! — respondió un poco mal encarado Rafael y más atrás respondieron Domingo y Guillermo entre los dientes disimulando ya que se encontraban paleando por ello estaban agachados y sus caras estaban mirando hacia abajo. — ¿No tendrán un traguito por allí muchachos para animarnos? — ¡No acostumbramos a beber estando trabajando señor así que no tenemos nada de licor. — dijo uno de ellos de mala ganas. — ¡Caramba! ¡Caramba! Te recuerdo ; Yo soy el ex capitán Don Manuel Robles y tú un simple peón no soy un señor cualquiera, soy Don Manuel Robles ¿Te quedó claro? - dijo Don Manuel quien se sintió ofendido al escucha que Guillermo lo llamo señor, más allá de eso Don Manuel no puede con la frustración que siente al no poder conseguir ni una gota de licor. — ¡Estos patiquines de hoy en día! ¡Debieron ir a la guerra allí si verían las llagas abiertas! — exclamó retirándose del lugar — ¿Pero que le paso al ex capitán Robles? ¡se molesto sin ningún motivo! — pregunto Guillermo bastante confundido. — ¡Eso crees tu Guillermo! ya se que es lo que le gusta a Don Manuel, ¡El alcohol! — dijo sonriendo. — ¡Caramba! ¡Tan moralista y miren con lo que salió! — exclamó Domingo y siguieron su trabajo En la cocina ya se encontraban listas las arepas de maíz pilado y colado el café, la señora Estela y Rebeca estaban alistando la mesa para que los empleados de confianza comieran, por otra parte los peones comerían a parte de ellos, la señora Estela desayunaria con Pedro, Andrés y Don Manuel quienes son de su entera confianza, Rebeca y la señora Estela juntas y los 5 peones afuera en los establos. — Estelita ya esta lista la mesa, llamo para que vengan ¿o ya saben? — Tranquila mi niña ya deben ir aproximándose. Uno a uno fueron llegando los empleados de confianza, en ese momento cada uno dio los buenos días educadamente, mientras que Don Manuel espero todos se adelantaran y con mucha picardía saludo a Rebeca que se encontraba sola en la puerta dándoles la bienvenida — ¡Buenos días señorita — dijo mirándole con mucha picardía y una sonrisa un poco perversa! — ¡ Buenos días! — dijo Rebeca impresionada por la actitud de Don Manuel tan atrevida. — ¡Bienvenidos caballeros buenos días! Nuestro primer desayuno con mi personal de confianza, todo ha marchado bien espero siga así todo y yo no tenga nada de que preocuparme. — Les dijo la Señora Eugenia. — ¡No se preocupe señora Eugenia por mi parte todo marchara en orden! — dijo Pedro, Don Manuel no perdió tiempo y también opinó: — Pierda cuidado señora Eugenia todo marchara en orden. Andrés solo se quedaba en silencio y pensó, Ya es hora de que actúe por mis propios actos y no deje que papá hable por mi por lo que intervino. — ¡Si señora Eugenia todo estará en orden cuente con eso, haremos nuestro trabajo de la mejor manera posible verdad padre! — Don Manuel un poco descolocado por la reacción de Andrés no tuvo mas opción que afirmar lo dicho por Andrés. — ¡Claro que si hijo así será!
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