LI El pequeñito de cabellos castaños algo rizados, de ojos de miel y piel clara, se quedó dormido en el regazo de su padre, a pesar de que el hombre estaba atado. Habían pasado horas desde que salieron de su casa, ya pronto llegaría la noche y la esperanza se perdía. Rose se peinaba el cabello y se aplicaba un labial muy rojo en su boca, lo había hecho durante horas, bajo la atenta observación de Sebastian, que presentía su final. No tenía idea de dónde estaban, apenas recuperó la consciencia ahí, arriba en un risco junto al océano. Estaban resguardados en una especie de cabaña, solo compuesta de techo y postes que lo sostenían. Sentados en el piso, con una preciosa vista al horizonte, se hallaba en su máximo de terror, pues Rose había dejado que Max caminara por todo lado cerca del risc

