LII El incesante ir y venir de personas los estaba mareando un poco. El aroma de mar lo traía la brisa que en la oscuridad era aún más fuerte. Las estrellas brillaban mucho esa noche, a pesar de las luces de los paramédicos y la policía. Uno de ellos tuvo que tomar mucho aire al alumbrar hacia abajo y ver el cuerpo entre las rocas, de quien alguna vez fue una mujer. Sebastian miró a su costado mientras era subido a la camilla, él necesitaba más atención de manera urgente. Vio a su hermana, su mejor amiga a su lado, también a su mujer, y a su hijo. Solo que los ojos de Dana iban de su amigo a ese desconocido que la tenía preocupada. —No puede ser… —se dijo Sebastian sonriendo. —¿Qué? —preguntó Sarah tomándolo de la mano. Ya era hora de salir de ahí. —Anda, ve con él, Dana. Sarah irá co

