XXIII El universo empezaba a darle vueltas, eso que había bebido le empezaba a caer demasiado pesado. Escuchaba las risas entrecortadas de los viejos que se reían de él, todo estaba muy mal. Se levantó y dando tumbos fue hasta el baño, ahí trasbocó y algo en su sistema mejoró un poco. Luego de eso, se tiró toda el agua que pudo en el rostro, las cosas empezaban a estar un poco más claras. Esa mañana, antes de tener que regresar con esos horrendos socios que siempre tenían planes muy pesados, Sebastian visitaba una joyería, en una escapada de su oficina. Quería hacer sentir bien a su amada, que no pasaba por su mejor momento. El obsequio que le tenía preparado era para celebrar su primera semana de trabajo, en la le había ido muy bien. Ella quería ese viernes invitarlo a cenar y le había

