XL Sarah se conmovió hasta lo más profundo al ver la reacción de Sebastian con Max. Tenía muchísimo miedo de ser juzgada, señalada, que él se sintiera traicionado, abandonado. Estaba tan preparada para los reproches que no daba crédito a lo que veía, padre e hijo abrazados, un hombre que sanaba sus heridas al contacto de una criatura que él ayudó a procrear. Tenía que haberlo sabido. Sebastian era un cazador nocturno, no obstante, cuando no se trataba de mujeres, él era el hombre más bueno y noble del mundo. Claro que no iba a maltratarla por algo así, y que de seguro entendería las circunstancias de cómo pasaron las cosas. —Cuánto habrás sufrido… —susurró Sebastian levantándose de la silla con niño y todo. —Sebastian, Sarah, si lo desean puedo tener al pequeño mientras ustedes hablan

