XLI La pelea tuvo que terminar cuando Paul pidió a uno de sus guardias que llevaran a David al hospital. Sebastian también estaba muy lastimado, sin embargo, no podían ir al mismo sitio. El editor se negaba a subir al auto, llamando en lamentos a su hijo, que no podía irse con él. El momento era sumamente desgarrador, pues a pesar de todo lo que rodeaba esa tormentosa situación, David adoraba a ese pequeño que sabía no era suyo, y ahora se lo confirmaban. Cuando Max nació, tuvo exactamente la misma sensación que Sebastian cuando lo conoció; que las cosas malas que hubiera hecho se purificaban con ese pequeño y arrugado ser humano. No obstante, ahora lo perdía también. Sebastian estaba sentado en el piso, lamiendo sus heridas y descorazonado al escuchar a David gritar así. No fue capaz de

