Capítulo 5: Cinismo

1546 Words
V La esposa infiel estaba sentada en aquella mesa redonda y pequeña en medio de los dos hombres que la habían tocado los últimos 10 años. Todo resultaba hilarante, casi podía flotar de la conmoción. Su mirada iba y venía de un lado a otro, como en un partido de tenis, al que no había sido invitada. Su corazón lo sentía en la garganta, jamás había sentido tanta tensión solo esa vez en que escuchaba a los doctores decir, creyendo que ella no los escuchaba, que tal vez no lo lograría. Además, había que sumar a toda la hilarante situación, las insistentes miradas femeninas sobre ellos, que claro, iban enfocadas en la envidia que les provocaba esa situación, mirando a Sebastian como un pedazo de carne que tirarían esa noche en sus camas. Pensó Sarah que él no necesitaba de ese ardid tonto del ladrón de nada, era un hombre demasiado atractivo que por sí solo podría formarse el harem que se le diera la gana. Lo miró de reojo, esa voz, esa manera de entonar las palabras que rebotaban en su pecho y después en sus oídos. Luego esas cosquillas en la nuca cuando él sonreía, y luego que de reojo también la observara. —Por favor —dijo de repente Demian con el móvil en su mano—. Lo siento mucho, regreso en un momento, debo atender esta llamada. —No se preocupe, acá lo esperaremos —respondió Sebastian con una sonrisa. Luego lo vio salir del salón. —Señor Brendant, le suplico que termine ya con esto. Se lo juro que nunca diré nada de quién es usted. Déjeme estar en su cabeza como una conquista más, pero no me torture de esta forma tan terrible —habló la aterrada Sarah, sin atreverse a verlo al rostro. —Sarah, lamento si te estoy torturando, pero acá se está hablando solo de negocios —respondió llevando un poco de agua a su boca—. Lo tuyo y lo mío es muy aparte. —No hay eso de «tuyo y mío», míreme, estoy temblando de miedo… por favor, váyase y déjenos a Demian y a mí en paz. —Para qué, ¿de acá saldrás a acostarte con él? Ese era el plan, ¿no? ¿Lo deseas tanto así? ¿Crees que con su cuerpo borrarás el mío? Sarah tomó aire y luego apretó mucho los párpados. —No, señor, no creo eso. Las mujeres no somos como ustedes. Cada caricia es diferente y única, por eso guardamos a cada hombre en un lugar especial en nuestros recuerdos. El hombre con el que hice el amor en aquel bar, tendrá su espacio para siempre en mí. Sebastian no pudo con aquella explosión de sinceridad y sintió como un puñal se le enterraba directo en la boca del estómago. Ella era única, todas lo eran, pero Sarah lograba con muy poco caminar por su corazón tan libre como quisiera. No, él no quería ser solo una noche alocada en la mente de esa mujer, él la quería para siempre a su lado. Además, ella lo aceptó sin siquiera preguntarle lo que había pasado y su horrible aspecto. Al tomarlo del rostro y compadecerse de él, abrió esa puerta que Sebastian había tenido con mil candados dentro de su alma. Pero él, en su naturaleza, quería jugar un poco más. —Hablas como si hubieras estado con muchos, ¿debo saber algo? Sarah vio su oportunidad, sabía que si algo tenían frágiles los hombres, eran sus egos. —¿Cree que usted ha sido el primero que he conocido así? —dijo ella en una media sonrisa. La expresión de Sebastian cambió inmediatamente a una de profunda ira, había acertado, lograba lastimarlo. —No parecía así, estabas muy estrecha, señora. Sarah se sonrojó a más no poder. Tragó saliva y luego bebió agua, debía seguir fastidiándolo para que él creyera que se trataba de una cualquiera y la dejara en paz, así no deseara que lo hiciera. —Por qué cree que esa noche salí a buscar… —Basta, Sarah, no mientas —interrumpió molesto, aun así, muy serio—. Es claro que no has estado con nadie en mucho tiempo, yo lo comprobé esa noche. Ni siquiera con este cretino que te ve como a un cubierto más. Lo sé, porque te aseguro que no ha notado la marca de beso que tienes en la parte de atrás de tu cuello. Sarah de inmediato llevó su mano a su nuca, no vio nada, sin embargo, sabía que él no mentía. Esa noche de seguro Demian sí la vería y todo se iría al carajo. Quizás eso era lo que necesitaba, la excusa perfecta para terminar con su matrimonio. Ya habían sido 10 años de agradecimientos, tenía que terminar todo de una vez por todas. Tomó algo de aire y vio a Sebastian con una triste sonrisa. —No me dicen el ladrón de besos por nada, niña. —Señor, puede usted tener a cualquier mujer que quiera, ahora mismo hay toda una fila de candidatas que sueñan con tenerlo en su cama. Déjeme en paz. Además, mi esposo no le va a creer nada; yo no diré nada de quién es usted en realidad, finjamos que nada pasó. Sebastian se contrarió, no esperaba que ella estuviera tan resuelta a olvidar. Ya se quedaba sin cartas en su turno, así que se jugó una última, esperando fuera su As. —Entiendo que ya tu matrimonio no es lo que deseas, aun así, el trabajo lo es todo para ese tonto. Sería una pena que todo su esfuerzo se viniera al piso… —¡No!, ¡por favor, no! —dijo ella alterada, tomándolo de una mano. Había acertado—. Este contrato lo es todo para él, ha trabajado muy duro para que ustedes elijan su empresa, por favor, no… Sarah empezó a temblar, todo estaba mal, muy mal. Se mordió los labios y quiso llorar. ¿Dónde estaba ese hombre gentil que se topó en el baño de ese club, que la hizo sentir viva otra vez? ¿Por qué sus ojos ya no reflejaban a alguien que la amó de esa forma desesperada, y en lugar de eso se encontraba con un horrendo manipulador? Creía entender el porqué buscaba mujeres de una noche. ¿Quién querría estar con alguien así? Sebastian torció un poco los labios, no quería jugar de esa forma, pero asegurarse a Sarah era su prioridad. Después de todo, así había sido siempre. —Bien, niña, entonces tú serás parte de ese contrato. Y empezaremos a escribir las cláusulas esta misma noche. Vendrás conmigo. Sarah solo vio hacia el frente, como si esa conversación no fuera con ella, pensando que Sebastian no tenía necesidad de ser tan cínico para llevarla de nuevo a su cama. Ella lo había añorado, lo había imaginado cada vez que aspiraba el aroma de su camisa. Devolvió su mirada a la del hombre, quedaba claro que quería jugar, bueno, ella también. En ese momento su deber moral como esposa se disolvía en el agua de las finas copas de aquella mesa. Él también la traía loca, iba a perder, ya esa guerra completa estaba perdida. Aun así, tener que elegir entre un esposo al que parecía le daba asco y un amante que estaba desesperada por ella, valía un poco la pena. Al final, terminaría todo en divorcio, ella viviría con Loren un tiempo y resetearía su vida de nuevo, como esa vez que por poco la matan. —Está bien. Solo déjeme hablar con mi amiga, para tener una coartada. Sebastian se sorprendió de lo rápido que había aceptado, pensando que el trabajo de su marido en verdad le resultaba muy importante. Se molestó más, él quería que Sarah fuera con él porque lo deseaba, no por miedo. Esa relación que había comenzado muy mal, resultaría peor, y nadie saldría bien librado de ese juego que estaban inventándose en el camino. Demian regresó a la mesa excusándose y como si hiciera parte de ese juego, dijo que tendría que ir a trabajar un poco más esa noche. Sarah solo cerró sus ojos y sacudió su cabeza, no hacían falta tantas estúpidas excusas para acostarse con Sebastian. —Espero que no sea por nuestra culpa que debe irse —replicó Brendant, como si le preocupara. —Es algo que no puedo decirle, señor, sin embargo, debe saber lo mucho que nos esforzamos por nuestros clientes. —Sonrió ampliamente y luego miró a su esposa—. Hermosa, lo siento, ¿puedes regresar sola? Tal vez nos tome mucho tiempo, puedes llevarte el auto… —Yo la llevaré —intervino Sebastian, haciendo que Sarah se alterara mucho—. Si ustedes me lo permiten, claro. Demian no vio problema, como no veía a su esposa para nada. Ella movió su cabeza y luego le sonrió a su amante, no había más que hacer. Pensó en que la bonita lencería que tenía bajo el vestido no se iba a desperdiciar, así fuera en manos de ese horrible hombre que se creía dueño del mundo, dueño de ella. La noche, entonces, a penas comenzaba para Sarah y Sebastian, amantes destrozados e idiotas. *** Fin capítulo 5
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD