¡A la perfección!

1043 Words
Finalmente alrededor de las 8, llegué a casa de mis padres. Ellos tenían todo listo, una mesa perfecta, todo estaba en orden, tal cual como ellos son. —Esperamos que Demetri no te deje plantada— Dijo mi madre, Tomasa con cierta preocupación. De por sí yo estaba nerviosa y con las palabras de mi madre, sentía los nervios en mi garganta. Antes de que alguno pudiera responder; el timbre sonó, así que, me apresuré abrir la puerta. Ahí estaba él, o bueno, ahí estaban ellos. —Buenas noches— Dijo Demetri con amabilidad. —Buenas noches. Por favor pasen adelante— Les pedí. Todos pasamos a la sala, mis padres y la madre y hermana de Demetri, se presentaron a sí mismos. —¿Ya conocían a mi hija Regina?— Preguntó mi padre. —Si. Ella es la secretaria de Demetri, confieso que me sorprendió que ella fuera el alma gemela de mi hijo— Respondió Saiddy, la madre de Demetri. Le lance una sonrisa, ella siempre me había caído bien. —A todo esto. ¿Qué clase de novios son ustedes? Llegamos y no se dieron un besito— Dijo su hermana, Antonella. Demetri y yo nos miramos, entre tanto ensayo se nos olvidó las muestras de amor que debíamos tener ante los demás. —Lo siento. Es que estaba concentrado en ustedes— Dijo para justificarse. Yo sin embargo no dije nada, mas bien, me acerqué a él y le di un beso cálido en los labios. —Disculpa amor, mi cabeza también estaba en nuestros padres— Dije a gran voz, con el fin de que me escucharan. —No pasa nada mi cielo— Me respondió con romanticismo. Mi madre que no le gustan esas demostraciones de amor en público, interrumpió el momento. —Vamos a la mesa. Lauro y yo, preparamos hoy la cena— Dijo mi madre. Todos la seguimos hasta la mesa. Mi madre tenía todo bien organizado, incluso había dejado el espacio de la silla de ruedas de Demetri. Todos tomaron asiento, y de repente hubo un silencio medio incómodo, pero la madre de Demetri, astutamente, sonrió y cambió el panorama. —Para mi hija y para mí es un placer estar con ustedes esta noche. Estamos encantadas de conocerlos— Dijo Saiddy. —Lo mismo digo —contestó mi padre con seriedad. —aunque lo que me interesa saber es si su hijo planea casarse en serio o solo juega con mi hija. Respiré hondo, estaba lista para responderle a mi padre, pero antes de que abriera la boca, Demetri, como buen estratega, respondió primero. —Planeo casarme en serio, señor. Regina es una mujer maravillosa. Lo miré sorprendida, él era tan bueno en los negocios, que incluso me estaba convenciendo de que la mentira, era una verdad. La hermana de Demetri lo interrumpió, ella más que nadie conocía a su hermano. —¡Por fin alguien que le interesa a mi hermano! Ya estaba perdiendo la fe. Regina, querida, ¿tú sabes cocinar? —Eh… si— De eso estaba segura, mi madre me había inculcado el amor por la cocina. Mi madre destapó todo lo que había en la mesa, y como si la confianza hubiese llegado a su máximo momento, todos empezamos a servirnos y a comer. En medio de un bocado, mi padre que no podía quedarse callado, hizo la pregunta del millón. —¿Cómo se conocieron?— Preguntó. Miré a Demetri, recordando el ensayo, él sabía exactamente lo que preguntarían. —Padre, nos conocimos en un evento benéfico, le ofrecí café y él me invitó a salir— Le contesté con seguridad. —Además, no sabía que ella tenía una entrevista conmigo, y así fue como llegó a ser mi secretaria también, y desde ahí, todo surgió mejor de lo que esperaba— Completó Demetri lo que ya habíamos ensayado. —Qué historia tan bonita —dijo mi madre con un suspiro exagerado. —Y pensar que hace unos meses yo te decía, Regina, que el trabajo no lo era todo, y que tampoco ese Yeison te convenía— Dijo mi madre, hablando ya un poco de más. —Sí, mamá —respondí, tragándome la vergüenza y un pedazo de pan al mismo tiempo. —¿Y desde cuándo están saliendo? —preguntó Antonella, con la emoción de quien espera un chisme jugoso. Demetri y yo nos miramos otra vez, buscando en los ojos del otro la respuesta correcta, porque esa no la habíamos ensayado. —Desde hace… —empecé yo. —Tres meses —dijo él al mismo tiempo. —¡Cinco! —corregí rápidamente. Hubo un silencio confuso en la mesa, pero Demetri sonrió con calma. —Cinco, claro. Lo que pasa es que los primeros dos fueron secretos. No queríamos que nadie en la empresa sospechara. —Y ustedes, Regina, ¿ya pensaron dónde vivirán después de casarse? —preguntó Antonella con una sonrisa pícara. —¿Vivir?— repetí, casi atragantándome con la comida. —Por supuesto —intervino Saiddy. —No creo que quieran vivir con los suegros. A los jóvenes de hoy, les gusta tener su propio espacio. Demetri se rio, y como si nada le respondió, era como si lo tuviera ensayado. —Estábamos pensando en algo pequeño, y acogedor… con rampa, por supuesto, por mi situación de silla de ruedas. —Por supuesto amor, eso es lo primordial, encontrar un lugar acorde para ti— Le respondí, siguiéndole la corriente. —Gracias mi cielo, tu siempre tan atenta, por eso es que me quiero casar contigo. —Entonces si usted se quiere casar, ¿Cuando es la fecha de la boda?—Preguntó mi padre, casi en un tono exigente. Demetri y yo nos miramos, tampoco eso lo habíamos ensayado, así que, con un gesto, permitió que yo tuviera la palabra. —Nos casaremos en un plazo máximo de seis meses. Queremos organizar todo, no queremos que nada se nos escape— Respondí con seguridad. —¡Muy bien! Estamos de acuerdo— Dijeron casi todos al unísono. Después de la cena, finalmente se despidieron nuestros padres. Como yo no vivía con mis padres, Demetri me llevaría hasta mi departamento, pero primero, llevaría a su hermana y madre.
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