Rita besó al hombre apasionadamente, quería tenerlo comiendo en su mano, así le convenía a sus intereses. Al otro día por la mañana, Maya estuvo lista a primera hora para ir a la oficina, Marcus llamó a su puerta minutos después, al abrir se dio cuenta que vestía de manera informal, jamás iba a sí a la oficina. —Buen día, Maya. —Buenos días, Marcus, ¿Iremos a la oficina? —Jamás voy en domingo a la oficina —dijo con una sonrisa, por lo visto a la chica se le había perdido el día. —Ja, ja, ja, es verdad, lo siento, ya no sé ni en qué día vivo. Marcus se acercó a ella, extendió su mano hacia su cabello, Maya se sintió embriagada por su aroma a ámbar y madera, Marcus se retiró en seguida. —Lo siento, traías algo enredado en tu cabello —alzó la mano para mostrarle lo que había quitado.

