7. Ratoncito. [Parte 1]

1613 Words
7. Ratoncito. Becket. Jamás pensé que buscaría a sabiendas la ira de una mujer. Menos que esa mujer sería la esposa de mi hermano. Acaricio mi mejilla, en donde ella golpeó minutos atrás. No duele, imposible que esas manos puedan hacer daño, pero que yo mismo haya buscado, anhelado, esa reacción de ella, me confunde como la mierda. No quería provocarla, no quería causar una pelea… sólo sentí que ella necesitaba explotar. Joder, esa mujer me está volviendo loco. Empiezo a llenar los bebedores de los caballos al mismo tiempo que pienso cuál de todos mis trabajadores pudo poner a todo el pueblo en contra de Lia. Esta es una comunidad bastante unida y los chismes viajan rápido, así que no sé por qué me sorprendo de que algo así pasara. Sin poder evitarlo, o detenerme a mí mismo de hacerlo, dejo a un lado la tarea con los caballos y me encamino a casa. En la cocina, busco una canasta y empiezo a meter cosas dentro. Es cuando estoy terminando de llenar todo de comida, que Rose y Cass entran. — ¿Qué haces? — Cass se sienta en el orillo del mesón, su cabello está desordenado y sus mejillas algo sonrojadas, así que debe haber estado montando a Canela. — Le llevo algunos comestibles a Lia — comento, volviendo a lo mío. — Oh — ella se entusiasma —, ¿te ayudo? Mi primera reacción es negarme. He notado que Cass disfruta de la compañía de Lia y no quiero que se encariñe, no cuando tarde o temprano Lia se va a ir de aquí. Pero… Puedo pedirle a Cass que me acompañe, pues dudo que Lia saque sus garras si llevo a la niña conmigo. Casi me río de que yo, un hombre adulto, me vea en la necesidad de usar a una niña de doce años como escudo para evitar la ira de una delicada mujer. — Busca fruta de allí — le digo a Cass. — ¿Qué le gusta a ella? ¿Cómo carajos voy a saberlo? — No importa, echa de todo, cariño. — Parecen muy dispuestos a ayudarla — Rose comenta, empezando a picar verdura para lo que supongo es el almuerzo. — Mmm — murmuro. — Pensé que la odiabas. — ¿Por qué la odiaría? — Pregunto distraídamente —. Quiero que se vaya, pero no la odio. Después de todo, es la esposa de mi hermano. Además… — tomo unos cuantos chocolates de los que le traigo a Cass de la ciudad —, alguien gracioso puso al pueblo en contra de ella y no le han querido vender ningún comestible cuando fue a comprar más temprano. — Oh — Rose murmura —, no ha comido nada en todo el día, ¿entonces? Bueno, no había pensado en eso. Sigo guardando más cosas, esta vez más apresuradamente. Cass no se opone a que comparta los comestibles que compro para ella, lo que sinceramente hace que mi corazón se encoja de una forma que es casi dolorosa. ¿Cómo puede ser tan desinteresada teniendo una madre como Loretta? Levanto mi mirada a los ojos de Rose cuando me entrega un par de sándwiches. — Toma. — ¿Qué es eso? — Para la muchacha. ¿Qué? — Yo pensaba que a ti no te agradaba — le digo. — Ay — la mujer mayor se sonroja, viéndose algo atolondrada —. No estoy diciendo que me agrade, pero nadie merece quedarse sin comida. La miro fijamente, recordando y recordándole ese día cuando la misma Rose iba a hacer esperar a Lia por el almuerzo. Claro, eso pasó justo antes de que la condenada mujer arrastrara un colchón por todo el rancho, ganándose el respeto y miedo de todos mis trabajadores. Incluso, al parecer, el de Rose. Me río por lo bajo, tomo la canasta repleta de cosas y, haciéndole un movimiento a Cass con la cabeza, le indico que me acompañe. Ella casi brinca de la alegría. — ¿Crees que se va a ir pronto, tío Beck? — ¿Lia? — Le pregunto mientras caminamos hacia su cabaña. — Sí, papá dice que ve una determinación en sus ojos que le recuerda a Lucas. Suspiro. Así que yo no soy el único quien lo nota. — No lo sé, cariño, pero mientras siga aquí, asegurémonos de que coma bien, ¿bueno? Ella asiente, contenta con la idea, pero luego su ceño se frunce con preocupación. — Creo que fue mamá. — ¿Qué? — Mamá — susurra, mirándome apenada —. Creo que ella fue quien puso a todos en contra de Lia. — ¿Por qué dices eso? Que yo sepa, Loretta ni siquiera conoce a Lia. Desde que le prohibí la entrada a casa, es imposible que se hayan visto. — Escuché a mi padre reprochárselo anoche, pero, aunque ella lo negó, él no parecía muy convencido. Maldito infierno. ¿Hasta cuándo Loretta me va a causar problemas? — Tú no te preocupes por eso, deja que los adultos se ocupen de los asuntos de adultos. — Ya casi seré una adulta, incluso ya tuve mi primera regla. — Jesús, Cass… — Papá y tú no pueden seguir protegiéndome de lo que mamá es… — ella rueda los ojos en un gesto lleno de fastidio —, sé que no es una buena persona. Bueno, joder. Cass y Loretta nunca han tenido una buena relación, pero no pensé que Cass tuviera una opinión tan firme y formada de su madre… una opinión tan cercana a la realidad. — Mira, Loretta sigue siendo tu madre y no está bien que hables así de ella. Cassidy deja escapar una risita un tanto divertida, como si le causara gracia que yo la esté defendiendo. — Pero si tú la odias. — Mmm — divago, porque no hay forma de que pueda negarlo. Cassidy es demasiado astuta, sabría que estoy mintiendo —. Sabes muy bien que tu madre y yo no tenemos una buena relación, pero eso no tiene nada que ver contigo. — ¿Seguro? Siento que me tensiono por sus palabras. — Cassidy — le advierto, porque nos estamos metiendo en terrenos muy peligrosos. — Sólo digo que… — Es hora de llevarle esto a Lia — le digo, afortunadamente ya deteniéndonos frente a su destartalada cabaña. Ella suspira con irritación, pero obedece. Le hago una ceña con mi cabeza para que vaya primero, lo que Cass hace. — Toca tú — le pido. — ¿Le tienes miedo? — Pregunta, divertida. Ruedo los ojos, pero lo cierto es que aún tengo la camisa mojada por la forma en que me empapé de agua por su culpa. En el rancho es normal que nos mojemos de vez en cuando, a veces es más que agua con lo que llegamos a casa, a veces es barro y hasta mierda de vaca. Pero, aunque esté acostumbrado a un poco de caos, no deja de ser raro que en la mayoría de mis encuentros con Lia termine mordido, mojado o golpeado. — Toca — le ordeno a Cass. Ella obedece y pocos segundos después sale la fiera, con su rostro fruncido como si estuviera lista para dar pelea, pero tan pronto ve a Cass, su postura de lucha se calma. Sonrío, sintiéndome un poquito triunfante. Lia mira de Cass a mí, sin decir una sola palabra. Ella tiene el cabello rubio amarrado en un desordenado moño encima de su cabeza, sujeto por lo que parece ser un lápiz. Y tiene unos lentes que hacen ver más pequeña su nariz, dándole un aspecto un poco de ratón de biblioteca. Ja, me quiero reír. Su imagen es tan engañosa, nadie creería que cargó un colchón por sí misma y me lanzó billetes como forma de pago. — Te trajimos comida — dice Cass y, sin un poco de vergüenza, jala un extremo de la canasta y pasa por el lado de Lia para meterse dentro. Como yo soy la única persona que sostiene la otra parte de la canasta, entro con ella —. ¿Estabas trabajando? Lia asiente mientras Cass me insta a dejar los comestibles sobre el pequeño mesón de la cocina. ¿Trabajando? Al ver mi confusión, Cass casi canta —: Lia es como una diosa de los videojuegos, ¿no lo sabías? ¿Qué? Estoy tan confundido. Lia se sonroja por las palabras de Cass, como si le avergonzara el cumplido. Y mete sus manos en los bolsillos traseros de su jean, evitando a toda costa mi mirada. Yo paso una mano por mi nuca, incómodo al recordar el desborde de emociones que hubo momentos antes. Cassidy mira de uno a otro, curiosa. — Ehhh… — la niña mira alrededor, buscando qué decir, hasta que sus ojos se posan en el colchón en el piso —, eso se ve incómodo. — No está tan mal — Lia murmura. Me muevo alrededor, pruebo el grifo del lavaplatos y miro si todavía hay gas natural. Afortunadamente, todo parece estar en orden. Cass empieza a parlotear con Lia sobre cosas de chicas, luego arma citas para que le ayude a hacer la tarea, y mientras tanto yo examino todo el lugar. Miro la madera tanto de las paredes como del techo. No es época de lluvia, pero el clima últimamente está tan loco, que no me extrañaría si lloviera. Apuesto a que hay una gotera justo encima de su colchón. Además de eso, se necesitan hacer más reformas, así como limpiar la chimenea. Armo una nota mental de todo lo que hace falta para volver este lugar habitable. [1/2]
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD