8. Cercanía. [Parte 1]

1550 Words
8. Cercanía. Becket. Estar en esta casa dos veces en un mes, debe ser un record en mi historia de vida. Igual a la última vez, es Loretta quien me abre. La sorpresa vuelve a llenar sus ojos cuando se da cuenta de que soy yo. — Becket… ¿qué haces aquí? — Una sonrisita dulce se asoma en su boca. Carajo, ¿es en serio? Su aparente dulzura me enerva Acaricio mi sien para apartar el dolor de cabeza que nace con solo verla. Ya es tarde, Rose volvió a preparar uno de los platos favoritos de Cass, así que sé que ella no está aquí, lo que me permite hablar con claridad. — Sólo lo diré una vez — miro a Loretta a los ojos cuando le advierto —: No quiero que el nombre de Lia vuelva a salir de tu maldita boca, no quiero que ni siquiera respires en su dirección, ¿estamos? Ella enmudece y se inmoviliza frente a mí, tomada por sorpresa, pero no tengo ganas de seguir en su presencia. Con el mensaje ya dado, asiento y me giro para marcharme. — ¡Espera! ¿A qué se debe esto? — Sé lo que hiciste, Loretta — le digo sobre mi hombro, sin detener mi caminar. — Becket, no sé de qué hablas. — Pusiste a todo el pueblo en contra de ella. Le dijiste a todos que Lia vino a quedarse con todo y que yo estoy ansioso por deshacerme de ella. Ahora todos la odian. No le quieren vender ni siquiera un puto café, Loretta. — ¿Acaso dije alguna mentira? — Ella pregunta, altiva —. Escuché de los trabajadores que ella es la dueña de la mitad de todo, que tú has estado nervioso por su presencia, todos lo están. — Si es verdad o es mentira, no es tu maldito problema — la encaro, retrocediendo un paso cuando veo lo cerca que estamos —. Esa chica no es tu asunto, nada sobre el rancho lo es. Y si me entero que vuelves a infundir chismes sobre ella, Dios tenga piedad, Loretta, te sacaré yo mismo de esta propiedad. — Nunca lo harías — se mofa —, nunca le harías algo así a tu querida Cassidy. Tu querida Cassidy, la forma en que lo dice hace que una herida muy profunda dentro de mí arda como el infierno. — Dije que te echaría a ti, no a tu hija. Hank adora a Cass, sabe que ella ama este lugar, nunca se iría a menos que yo se lo pida. Si lo pongo a elegir entre su hija y tú, ¿a quién crees que él elegirá? Porque Hank puede ser un pésimo amigo, pero no es un mal padre, y él nunca haría nada que lastimara a Cass. Y Loretta lo sabe. — ¿Destruirías así a mi familia, Becket? La miro con hiriente burla para que vea de lo que soy capaz y lo harto que estoy de su mierda. Cuando ella parece ver que mis amenazas son ciertas, doy media vuelta y me voy. Lo que me dijo Cass esa mañana rumbo a lo de Lia, hizo que yo empezara a sospechar de su madre, pero necesitaba estar seguro antes de hacer algo. Así que fui al pueblo e interrogué a unas cuantas personas tan pronto pude. En efecto, fue Loretta quien infundió esos chismes. Y aunque traté de desmentir lo que Loretta dijo, la duda ya está plantada. Va a ser difícil que las personas miren a Lia con otros ojos cuando ya se han llevado una muy mala primera impresión de ella. No es que importe, me recuerdo, Lia pronto se irá. Y aunque Loretta tiene razón y todos hemos estado nerviosos desde su llegada, mi miedo a que Lia se aproveche de su dominio en estas tierras, ya desapareció. No puedo imaginar a esa chica haciendo algo con avaricia o malicia. Aun así, no puedo arriesgarme, no cuando se trata de estas tierras, que son mi vida entera. Porque puede que Lia no sea alguien a quien temer, pero nada está escrito en la arena y todo puede cambiar. Y sólo hasta que tenga todo a mi nombre, podré estar en paz. Sin hambre y no queriendo entrar aún en la casa, me dirijo a los establos. Busco la cuadra de Canela y tomo su cepillo para empezar a peinarla. Es la yegua favorita de Cass, su yegua, y aunque al principio era asustadiza, ahora es bastante tranquila y amorosa. Peino a Canela por un buen rato, hasta que siento una presencia acompañándome. Es Hank, y está cargando heno sobre sus hombros. Hago de cuenta que no lo veo, continúo con Canela mientras espero a que él se vaya. — ¿Estabas con Loretta? — Él pregunta. Detengo por un momento lo que estoy haciendo, entonces le respondo —: Necesitaba dejarle unas cuantas cosas claras a tu mujer. — Me dice que la amenazaste. Así que ella lo llamó para poner quejas. — Lo hice. Él suspira, enciende un cigarrillo y se sienta en un banco cerca a la entrada. No parece que le importe mucho que le haya dado un ultimátum. — ¿Por qué sigues con ella? — Le pregunto, aún concentrado en Canela. La verdad es que sigo sin entenderlo, ¿cómo puede seguir con ella después de tanto daño causado? Él se toma su tiempo para responder. — Al principio la amaba — admite —, y luego… — ¿Luego? — Supongo que no quería que Cass creciera en un hogar separado, pero, sí… no estoy seguro de que haya sido una buena elección. Me quedo en silencio. Y es que, una parte de mí entiende lo que él dice. Después de todo, yo ya estuve en sus zapatos. De repente, una risa un tanto agría se le escapa. — Aún me odias, ¿no es cierto, Beck? No respondo nada a eso, aunque la verdad es que no. No lo odio. Al principio, tal vez lo hice, pero han pasado tantos años que la rabia se ha enfriado. Si soy sincero, ahora sólo estoy agradecido con él. Después de todo, Hank nunca ha intentado alejar a Cassidy de mí. — Puedes sacar a Cass del rancho, pero nunca lo has hecho. — No te haría eso, Becket — más silencio, hasta que dice muy bajo —: Mucho menos se lo haría a ella. Mi hija ama demasiado este lugar. Cassidy nació amando este lugar, parece que llevara el rancho en su sangre. Contrario a la vida de ciudad por la que Loretta siempre ha luchado, mintiendo y engañando con tal de salirse con la suya, Cass amó esta vida desde que empezó a dar sus primeros pasos. Nos quedamos en un silencio tranquilo mientras él termina de fumar su cigarrillo. Probablemente las cosas entre nosotros nunca volverán a ser las mismas, hay demasiada traición en el medio, pero hubo un momento de mi vida en donde pensé que ni siquiera podría volver a tener una conversación cordial con él. — Me voy — me grita y segundos después escucho el motor de su camioneta arrancar. Una vez termino con Canela, acaricio su hocico y la llevo de nuevo a su cuadra. Para matar tiempo, sobretodo porque no tengo hambre, reviso que cada caballo tenga suficiente heno y que los cubos de agua estén llenos. Al igual que Cassidy, no puedo imaginar mi vida lejos de estas tierras. Y me duele pensar que esa fue una de las razones por las que perdí a Lucas. Mi hermano arrastraba demasiado resentimiento por nuestra infancia, por nuestros padres, por todo el maltrato que vivimos en casa. Nunca supo —o nunca quiso— separar estas tierras de las heridas que dejó una familia disfuncional. A diferencia de él, yo nunca culpé a nadie más que a nuestros padres. Nunca culpé a estas tierras. El amor y el trabajo que me unieron a ellas fueron lo único que me mantuvo cuerdo mientras sobrevivíamos a un padre violento. Sin embargo… Suspiro, porque imaginar cómo habría sido la vida si no hubiera respetado los deseos de Lucas y lo hubiera buscado para hacer las paces… ya no importa. Lo cierto es que todo ya pasó. No puedo volver atrás. Lucas ya murió. Limpio el sudor de mi frente mientras un recuerdo de mi hermano me golpea con fuerza. Lucas no era el mejor montador, desde muy pequeño tenía una relación de amor y odio con los caballos. Y recuerdo vívidamente cómo, al intentar peinar a uno de los caballos más rebeldes del lugar, el animal lo pateó y le tumbó la muela de leche que ya tenía floja. Lucas tenía sólo siete años y me perseguía de aquí a allá, sin aburrirse de verme hacer todas las tareas que yo ya hacía a los dieciocho años. En ese entonces él aún amaba este rancho y era feliz ayudándome en las labores diarias. Así que ese recuerdo sólo está lleno de sus risas y carcajadas, no por el llanto que se creería sería la reacción de cualquier otro niño en su lugar. Claro, esos eran otros tiempos, cuando Lucas aún no me resentía por no querer irme de este lugar. [1/3]
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD