El sonido de la alarma interrumpe mi sueño, de inmediato despierto, empapada de sudor y estupefacta ante aquel sueño que tuve con él. Parecía tan real, que hasta por poco me lo creo todo. Pero un hermoso sueño del cual no quería despertar.
—Pero ¿Qué estupideces digo?
De inmediato me quito esa absurda idea de la cabeza, que pueda ocurrir algo entre él y yo. Me cambio tranquilamente, porque sé que esta vez llegaré temprano. Miro rápidamente la hora en mi teléfono.
— Pero ¿Qué me está pasando?
Al parecer el sueño era tan profundo que no pude escuchar mi alarma, como lo configuré que repita cada 5min. Ha sonado varias veces y ya son 7:00 am debería estar por salir. Termino de cambiarme de una manera rápida y voy por mi libro de anatomía. Salgo disparada como si fuese una bala, y saludo muy rápido a Mason, que hasta creo que no logró escucharme. Tomo un taxi hacia la universidad.
Para dejar todo este estrés, tomo mis audífonos y voy en busca de música clásica en mi carpeta de música. Cierro los ojos y el sentir de aquella melodía hace que me sienta en el paraíso. Se ha vuelto mi favorito, Nocturne Op.9No2 de Chopin. En pasos ligeros y apurados me voy acercando al salón de clases.
No puedo creer que me esté ocurriendo esto de nuevo, soy de esas pocas personas que son muy puntuales a la hora dicha, y esta vez me decepcioné a mí misma. Me asomo hacia la puerta y veo a todos que me ponen sus miradas en mí, haciéndome poner tensa ante esta situación.
—Buenas noches, señorita— en tono sarcástico. Creo sentir que hoy no es mi día.
—Buenos días, lamento haber llegado tarde, sucedió un imprevisto que hizo ocasionar mi tardanza—dije en tono segura.
—¡A mí no me importa la excusa de tu tardanza!
Me quedé sin nada que responderle...
—Desde ahora y siempre todos deberán estar aquí puntuales, para que no haya nadie quien me interrumpa en el momento de empezar mi clase—dijo con voz fuerte.
Me hizo entrar y al dirigirme hacia mi carpeta veo a André sentado a lado. Creo que ese idiota quiere agotar la poca paciencia que tengo. Me calmo y tomo asiento como si nada hubiera ocurrido. Saco mi cuaderno de apuntes, comienzo apuntar las partes importantes de la clase. Puedo ver que la catedrática no posee carisma y es más parece toda una sargento.
Mis ojos giran a verle y le contemplo de perfil, sin que se dé cuenta que le estoy observando, mientras él escribe en su teléfono. Ahí está él, luce radiante con una chaqueta de cuero negra, un polo blanco y unos vaqueros pitillos azules. Dejo de mirarlo y no me atrevo más a verle siento que todo esto es culpa suya, y prefiero concentrarme en la clase. Siento el vibrar de mi teléfono y al verlo, era un mensaje suyo
—"Otra vez llegaste tarde, ¿Qué sucedió?”
Al ver el mensaje de André me llené de furia porque sentía que era culpa suya, y procedí a responderle.
—"Todo por asistir a tu estúpido concierto" —escuché su pequeña carcajada y me hizo enojar más de lo que estaba.
—"De seguro no has de estar acostumbrada a desveladas"
—"Pues no como lo ves tarado"
Tan pronto como terminé de enviarle, escuché un grito que hizo estremecer a todos.
—Usted la que está al fondo, ¡venga aquí de inmediato! — en tono furioso.
—Definitivamente hoy no es mi día.
—Encima que llega tarde, tiene el descaro de entretenerse con ese aparato, usted está fuera de mi clase por hoy.
No puedo defenderme tiene toda la razón. Escucho un soltar de carcajadas, y al voltear sus miradas eran tan evidentes que cualquiera se daría cuenta de la situación, les eché una mirada llena de furor y me marché de clase.
Siento que la rabia se apodera de mí, pero prefiero mantener la calma, que no me sirve para nada enojarme. Me dirijo hacia el cafetín para beber algo y botar este aire lleno de cólera.
—¡Ey, levanta ese ánimo! Eres hermosa como para estar así— me dijo Joice tratando de animarme.
De repente una voz masculina nos interrumpe, la voz que hacía enfurecerme más. Al voltear a verle, sus ojos grises penetrantes me miran, pero es algo estúpido lo que siento, hacen apagar toda la llama encendida de furor en mí.
—Es verdad debes de hacerle caso a tu amiga—con una sonrisa pícara.
—De verdad lamento lo de hoy.
—¿Lo lamentas? Que no te das cuenta de que ¡Por culpa tuya me botaron de la clase! Con un disculpas no remedias nada. — le dije en tono alto y toda furiosa, que todos en el cafetín voltearon a mirarnos. En ese momento éramos el centro de toda atención.
El chico orgulloso salió de su caparazón.
—Tienes la culpa por responderme, para lo que importa unas disculpas tuyas.
Pero en su mirada no podía ver eso, al escuchar esas palabras.
Le tiré encima el jugo de piña que estaba bebiendo, esta vez llegué muy lejos. Todos comenzaron a chiflarnos. De inmediato me lanzó una mirada asesina, todos quedaron asombrados ante la situación.
—¿Qué es lo que ven?, la fiesta se acabó— dijo en un tono furioso tratando de sacarse el jugo de encima.
Joice abre los ojos como plato, y todos parecen hacerle caso que volvieron a lo que estaban haciendo. Él tan solo se retiró con su grupo de amigos.
—¡Estas completamente chiflada! —me dijo riéndose.
—¡Se lo merece por idiota!
Volvimos al aula, no soportaba estar cerca de él, ni siquiera un minuto.
—Así que eres toda una Harrison—la voz femenina riéndose.
—¿A Qué te refieres?
—André no se merecía que le lanzarás el jugo, estúpida—se dirigió hacia mí con una mirada desafiante.
—No necesita, que lo defiendas, él puede solo. Mide tus palabras hacia mí.
—¿Si hago lo contrario? Debes fijarte con quién te estas metiendo estúpida.
En ese momento quise responderle con un jalón de pelos, pero eso va contra mi ética, así que me haré la que no oye.
André se lo merecía, pero aquí hay gente que está con él, si se atreven hacerme daño muy pronto conocerán la Harrison que llevo dentro. Joice interrumpe haciéndola callar, de una manera astuta para apagar la llama de cólera en ambas.
—Tenemos que estudiar, y eso es más importante que discutir por estupideces. — dirigiéndose a mí, sabiendo que se dirigía de una manera indirecta hacia ellas.
Pude ver que no se atrevieron a responder y se marcharon a sus asientos como conejillas de indias pero en tres.
Joice se intercambió asiento con el estúpido de André. La clase ya había empezado, y este curso sería muy pronto el favorito de todos. Era muy entendible y se notaba el carisma que poseía para enseñar.
La clase ya había terminado. Al mirar mi teléfono eran la 1:10pm. Se excedió unos 10 min más, pero al parecer nadie le importó, incluyéndome a mí. Ya puedo decir que tengo un curso favorito, estudiar el funcionamiento del corazón y las arterias, no quería que acábese la clase.
Estaba dirigiéndome a la parada de autobuses, sabiendo que demoraría mucho. Pero en fin necesitaba distraerme con el paisaje de la ciudad, los campos y sus alrededores. De pronto...
André pasó muy rápido, a lado de una rubia; sujetándose de su cintura. El casco no me dejaba verle el rostro, pero su cabello corto y rubio apenas podía notarse.
—¿Acaso podrá ser su chica? Sentí una descarga eléctrica por todo mi cuerpo es como si los celos se apoderaran de mí, ¿Qué me ocurre?
De inmediato subo al bus, desconcertada ante la situación.
A lado mío está sentada, una pobre anciana de cabello blanco como cual nieve. Las arrugas por todo el rostro, y las ásperas manos, podían verse el fruto de todos estos largos años de trabajo. Tenía unas grandes bolsas de mercado, apretando entre sus dedos.
Me da mucha lástima, verla cargar con todos esos bultos, se ven muy pesados para su edad.
Su avanzada edad delataba sus ganas de poder cargar con todo ello. Apenas podía hablar, el momento de su bajada del autobús había llegado. La vi apenas caminar, y encima con aquellos bultos que hacían impedirle aún más.
La falta de generosidad y respeto se ha perdido en este tiempo. Todos parecen saber lo que esta pobre anciana está pasando por estos momentos, pero nadie recurre a ayudarla. A duras penas bajó los bultos... Hice que pararan, para bajar yo también. Me acerqué a ella y le dije:
—¿Me dejaría poder ayudarla? —le dije en un tono amable y dulce.
El rostro se le iluminó y de inmediato apareció una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios. Que luego se tornó en un miedo profundo. Su rostro cambió totalmente a un rostro acongojado. No entendía el por qué.
—¡Por favor, señorita no me quite mis cositas, con mucho esfuerzo conseguí alimento para mis 2 nietos que pasaron mucha hambre toda esta semana! —suplicándome
Por mi mente jamás pasaría algo tan cruel como aquello. Quedé estupefacta al escuchar aquellas palabras por esta anciana. Será porque ahora la sociedad ha cambiado mucho en este transcurrir del tiempo. He visto tantas maldades que hacen con gente pobre aprovechándose de sus incapacidades.
—¡Jamás haría algo así! Sé que soy una extraña confié en mí, sólo quiero ayudarla, es lo único que quiero—le dije amablemente.
Ella asintió toda cabizbaja, mostrándome por donde iríamos. Tomé los bultos. Hasta para mí, sentí que eran muy pesados. En el trayecto fuimos platicando...
—¿Cómo pudo cargar con todo esto? —Fuerza saco por mis 2 únicos nietos maravillosos, son lo único que tengo—dijo con una sonrisa media apagada.
Nos asomábamos por pasajes parecían sumamente peligrosos. El miedo acabó por entrar en mí. Intento recuperar mi seguridad y camino.
—Usted es muy buena, no se hubiera molestado— sonriéndome.
—Yo creo que el único bueno es Dios, y claro que no es una molestia para mí—dedicándole un guiño.
—El mayor se llama Daniel y la menor Sol.
—Unos bellos nombres. —le dije con una gran sonrisa en los labios.
—Aquí es donde vivo, señorita.
Mis ojos contemplan la miserable casucha. De pronto dos niños con piececillos casi desnudos se nos acercan y corren hacia los brazos de su abuela. Los rostros de estos pequeños, con caritas sucias y ojos que reflejan sus penumbras vidas, se les iluminó de felicidad al verla.
—Abuelita, ¿Quién es ella? —dijo el niño.
—¿Quién es esa extraña? —interrumpe la pequeña de cabellos ondulados.
—Ellos son mis 2 nietos, el mayor tiene 7 años, su nombre es Daniel—señalándome con su mirada.
De pronto la pequeña interrumpe.
—¡Mamita! ¿Por qué no a mi primero? —reclamándole
La anciana le sonríe y suelta unas pequeñas carcajadas.
—¡No me he olvidado de ti mi pequeña!
—¡Siempre a él primero! —con un rostro incómodo.
Le sonrío y digo:
—¿Y esta pequeña niña ha de ser Sol?
Su mirada se planta en mí observándome de pies a cabeza.
—Es muy tímida discúlpela—dijo la anciana sonrojándose
—No tiene que disculparse.
—Disculpe mis malos modales, esta pobre anciana se llama Luz.
—Soy Cailin estudiante universitaria de medicina, mucho gusto en conocerlos tiene unos preciosos nietos—dirigiendo mi mirada hacia los pequeños.
—Un nombre muy hermoso para una joven tan bella y generosa como usted—invitándome a tomar asiento.
—¡Se lo agradezco! —le hablé sonrojada.
Siento querer hacer más por ellos, pero por ahora no puedo hacerlo.
—¿Gusta tomar un té? —me dijo amablemente.
—Con mucho gusto—acepto.
—Siento no ofrecerle más, pero es todo lo que puedo ofrecer—con una mirada cabizbaja.
—No se preocupe.
Como todo niño, empiezan a buscar entre las bolsas, con los rostros iluminados de alegría y las sonrisas que adornaban sus caritas. Una grande impresión me llevé al ver, cada cosa que salía de aquellas bolsas. Se encontraban con sobras de comidas, entre ropas viejas, estas tan desgastadas estaban que tendrían que remendarlas. En ese momento una lágrima recorre mi rostro. En esta escena triste, mi corazón se encoge y siento la tristeza partir mi alma.
Sol, la pequeña de cabellos ondulados, tiene entre sus manos una bolsa transparente con patatas frías y algunos trozos de carne.
—Muchas veces nos acostamos sin probar un solo bocado, cada noche lloro de impotencia de no poder darles un buen futuro. Lo que tanto se merecen—dijo la anciana entre lágrimas.
Imaginar todo esto es muy doloroso. En ese momento no sabía como calmar a la pobre anciana.
—Prometo que ya no volverán a pasar hambre—la miré compadeciente.
—Mis nietos muchas veces se ven obligados a buscar sobras entre la basura, cuando no encuentro nada.
Mirándola a los ojos y tomando sus arrugadas y ásperas manos de esta pobre anciana, le dije:
—Le prometo que ya no pasará por esto, sus nietos ya no tendrán que husmear por sobras en los basurales o tener que buscarse la vida, haré lo posible por ayudarla, si usted me lo permite.
La anciana con la voz entrecortada y las lágrimas que caían y caían. Me mira a los ojos y dice:
—No señorita, seremos una carga, usted está muy joven y es estudiante, debe preocuparse por usted no por personas extrañas como nosotros.
—Usted ya tiene una avanzada edad, ¿Qué será de ellos? El tiempo pasa muy rápido.
—Al menos le pido sólo por mis nietos ellos tienen un futuro que les espera, esta anciana ya no.
Tomando sus manos y centrando mi mirada en los ojos de esta, le prometí sacarla de esta situación, prometí ver por esos pequeños. Cuando estaba por tomar el último sorbo del té que yace frío, mi teléfono suena y es mi madre. Olvidé la hora ya debería estar en casa. Procedo a contestarle.
—¿Por qué tanto demoras?
—Lo siento mamá ya estoy llegando.
—Te apresuras de inmediato.
Ya era hora de irme, agradeciéndole por el té a la anciana me despido de ellos.
—Tenga cuidado señorita que Dios me la bendiga—con un beso en la frente.
Un hermoso retrato me llevo mientras voy de regreso a casa, ahí estaban Daniel y Sol en la puerta despidiéndose con sus manitos de mí.
El miedo quiere apoderarse de mí al tener que cruzar esos pasajes silenciosos. Sentí un viento helado que recorrió mi cuerpo entero y un silencio que daba miedo. Aun así continúe caminando, dando pasos apurados que el sonido de mis zapatos hacían ruido por los pasajes silenciosos.
El sonido de mi teléfono hizo retumbar todo el pasaje que estaba cruzando, haciéndome asustar por completo. Era nuevamente mi madre, realmente estaba preocupada ya eran las 3:15pm.
—Cailin ¿Dónde te encuentras ahora?
—Estoy yendo a casa mamá no tardo.
—Llamé al director y me dijo que ya habían salido y no tienes turno tarde hoy.
No sabía que responderle en ese momento, corté la llamada y apagué mi teléfono. Al guardar mi teléfono en mi bolso, volteo a ver atrás como si algo me dijera que lo haga y veo a 2 sombras ocultándose. En ese momento un miedo atravesó mi cuerpo, quedando congelada ante la situación, veo que se acercan corriendo. Mis piernas comienzan a temblar y mis manos se entumecen, vuelvo a mis sentidos y corro, corro como si quisiesen matarme.
Al voltear mi cabeza, veo a dos hombres muy mal vestidos con aspectos de delincuentes.
Siento ya no poder más, mi corazón se acelera y mi presión aumenta pero aun así saco mis últimas fuerzas. Los zapatos no me ayudan, mientras corro pido auxilio. Me siento cansada siento ya no poder más, mi garganta la siento seca. Siento que están por alcanzarme y corro desesperadamente y tropiezo con un hueco en medio de la pista, raspándome los brazos de inmediato aparece sangre. En ese momento no sentía el dolor. Escuchaba los pasos acelerados detrás de mí, ya estaban por alcanzarme.