CAPÍTULO 7: MI ÁNGEL

1018 Words
El sonido de mi alarma interrumpió el sueño, donde veía a un chico de brazos fuertes, sujetándome fuertemente antes de cruzar inesperadamente la pista. La resaca era atroz me dolía fuertemente la vista y cabeza. No podía llegar tarde, tenía una evaluación que dar y averiguar hechos de todo lo sucedido conmigo. No quería un escándalo quería velar por la reputación de mis padres de alguna forma. Antes de llegar al salón de clases en una esquina de la escalera encuentro a André y Ada intercambiando salivas. Quien puede pensar que el intercambio de salivas es capaz de causar un desastre caótico o un viaje hacia las estrellas. Sujeté fuertemente mi mochila y subí a clases, creo que él no me vio y mejor. Tomando mi libreta de apuntes veo que André me mira de pies a cabeza como si estuviera haciendo un análisis completo superficial. Volteo bruscamente mi cabeza para evadirlo. A la hora de mi break me senté junto a Joice para poder buscar pistas, tratando de analizar a cualquier chico. Cuando Joice me muestra una fotografía en su teléfono. —La equis grande pintada de rojo y tu nombre debajo de ella, significa que todos tus días en la facultad serán los peores. —lo dijo con circunspección. —Lo mismo le pasó a un chico de nuestra facultad sacaba las mejores calificaciones, debido a eso le hicieron la vida imposible cada día. —Entonces ¿Qué pasó? —pregunté desconcertada. —Se suicidó. —Mostrándome su fotografía y la foto del mismo patrón que encontré pegado en la puerta de mi casillero. Esas últimas palabras me helaron la piel y alma. Como es posible tanta injusticia y eso era algo que toda mi vida discrepaba. Lo que no entendía ¿Por qué yo? ¿Tal vez era por mi dinero? No logro encontrar la causa específica a todo esto. Cuando de repente siento una mano sobre mi cabello y al voltear veo una gran masa de chicle atascada sobre los medios de mi cabello. —¿Qué te pasa idiota? —Soltó furiosa Joice. André junto a su novia me veía de lejos. Fuimos al baño tratando de poder sacarme el chicle, pero era un caso perdido y la clase justo estaba por empezar. Al entrar al salón era yo quien era el centro de atención junto a la catedrática, mis mejillas empezaron a tornarse un rosa carmesí bruscamente. La mirada de André me persiguió hasta mi carpeta, veía las miradas burlonas de todos sobre mí, era algo que me esperaba. La catedrática empezó a dictar las notas de nuestras evaluaciones. —Excelente Harrison, tiene la nota más alta de la evaluación de hoy. Todos me miraron con recelo y ahí se encontraba la mirada gris Al llegar a casa y de muchos intentos que hice por deshacerme de la gran estúpida masa de chicle no pude. Joice me acompañó a la estética, tuvieron que cortarme el cabello, eso ocasionaba perder mi grande cabellera castaña. El corte resultó un bob medio con balayage. —Te ves preciosa. —Joice soltó con una sonrisa pícara Al ocaso del sol decidí salir a caminar por el parque lejos de mi casa, sentí que eso me ayudaría, y como suelo acostumbrar con los audífonos en alto volumen. Así me olvido de todo a mi alrededor y me enfoco en la liberación de cargas. Ya estaba oscureciendo y a lo lejos vi a unos niños jugando con algunas flores del parque, hice un vago viaje hacia mis recuerdos sobre esos niños que prometí ayudar. Estaba de regreso a casa y un tipo se puso en frente de mí, mientras jugaba con el cigarrillo sobre sus hostiles labios. —Ey, nena dame tu bolso y no te haré daño, aunque estás muy bonita. No puedo negarlo. Mi cuerpo quería desvanecerse debido a la adrenalina que sentía en estos momentos, no cabe duda de que mis neurotransmisores siempre están en alerta. Una rebelión de pensamientos se inundó en esas milésimas de segundos. Debo darle el bolso o huir y pedir auxilio. Se me acercó, su aroma a cigarrillo y c******s me erizó la piel. —Ey muñequita, hueles tan bien. De lejos escucho un acelerado motor acercándose. —¡Detente! —Golpeándole el rostro e hiciera que sangrara. Los dos empezaron a luchar cuerpo a cuerpo veía las manchas de sangre recorrer por el torso de André y manchando la chaqueta marrón que traía puesta. Un montón de sensaciones estaban recorriendo mi cuerpo entero, quería que pararan. Pero André sale victorioso de la lucha dejando al drogadicto y delincuente hombre en el suelo, se levantó diciendo estas palabras. —Esto no quedará así hijo de puta. —marchándose. Vi que sus ojos grises reflejaban ira. —Ponte el casco te llevaré a tu casa. No pude decir nada en ese corto tiempo, debe ser tantas emociones encontradas en esa escena. Partimos y al bajar de la moto recorrí con mi mirada su torso y labio inferior, estaban lastimados y sangraban. Sin más que pensar le invité que entrara a mi casa para limpiar y curar sus heridas. Mientras se quitaba la chaqueta recostado en el sofá de la sala, solté las únicas palabras que podía decir en ese momento. —Enserio gracias por todo. —medio musitando. —Tú, no sabes cuidarte. Él solo dice lo cierto, soy muy despistada. Mientras limpiaba y desinfectaba las heridas, vi una en particular que me distrajo. Era la misma que observé aquel día de mi repentina salvación, aunque esta era otra. Me armé de valor y cuando iba a preguntarle, se puso la chaqueta y tomó los cascos para salir por la puerta. Me quedé sin terminar, mejor dicho, sin empezar ni siquiera la oración interrogativa. Antes de subirse a su moto me dijo algo mirándome directamente a los ojos. Cuídate Cailin el mundo no es como tú piensas, es la peor mierda. Y se marchó. Otra vez me dejó con mil preguntas en mi interior, como era posible que cada vez que estaba propensa, él como un ángel estaba ahí para rescatarme.  
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