La tarde se había pasado volando. Ni cuenta me di de la hora, pero ya estaba anocheciendo así que decidí tomar mi bolso e irme a casa. El baño que acostumbraba a darme en ese río era de otro mundo. Sentía que me liberaba de todas mis preocupaciones y me recargaba de energía. Era el lugar perfecto para refugiarme y ordenar mis pensamientos.
Iba de camino a casa. Corría un poco de viento que me provocaba calosfríos. Venía con el cabello húmedo, así que era el motivo más probable de que me bajara la temperatura del cuerpo.
Contaba las calles que me faltaban por llegar a casa. Quería regresar pronto para así darme una ducha con agua caliente y meterme bajo mis frazadas de polar. A lo lejos divisé que venía un auto que me era familiar. Sabía perfectamente a quién pertenecía. Seguí caminando de manera normal, de modo que no se notara que ya lo había identificado.
Una cuadra antes de llegar hacia mi se detuvo. Estacionó el auto ahí mismo, a mitad de la calle. Se bajo y se acercó.
–No sé que mosca te picó hace un rato. Te fuiste enfurecida de mi auto sin dejarme hablar. Tenía muchas cosas que decirte Lucy. No vuelvas a hacerlo – me dijo de manera eufórica. A penas dejo de hablar me miró y pregunto
–¿Estas bien?, ¿Qué te ha pasado? Deja te llevo a casa, estas empapada- me dijo
–No es necesario Jack – respondí
–Mi casa queda a unos 20 minutos de aquí, me gusta caminar y no tengo prisa por llegar – mentí
–Perfecto. Te acompaño caminando a casa.
¿Qué cosas debía decirme si a penas nos conocíamos? No quería discutir. Me sentía con muchísimo frío y lo único que me interesaba en ese momento era llegar a casa.
–¿Tienes frio? – me preguntó
–No – le mentí
–Avísales a tus amiguitas – respondió con voz burlona mirándome fijamente los pechos
Me sonrojé en cosa de segundos y con mi brazo golpeé su hombro.
No acostumbraba a utilizar sujetador, y ese día no fue la excepción
–Idiota – le dije
Jack acostumbraba a usar una chaqueta de cuero negra, la cual iba totalmente con su estilo. Comenzó a quitársela y la posó sobre mis hombros.
–Después de todo, tienes algo de clase, animal – le dije sonriendo
Quisiera imaginar la cantidad de chicas que matarían por usar la chaqueta de Jack, y ese día era yo la afortunada.
Caminamos varias cuadras en silencio. La verdad no sabía que decir en ese momento. Se sentía tan bien su compañía, y su olor era afrodisiaco. En ese momento, lo único que quería era besarlo y que me llevará lejos. Pasaban tantas ideas por mi mente en ese momento, que no sabía que hacer, ni que decir.
Una parte de mi me decía que tenía que controlarme, que no podía llegar y enamorarme de un chico que apenas conocía y debía mantener la compostura. No podía ser igual a las demás chicas de la escuela. Mientras que otra parte de mi me decía que lo besará. Que me dejará llevar por mis sentimientos y que dejará de pensar por un minuto, para lanzarme a los brazos tan grandes de el chico que venía a mi izquierda.
Al demonio.
Me paré delante de él, me puse de puntitas, con mis manos le sujeté la cara, lo atraje hacia mi logrando que así, sus labios tocaran los míos. Lo besé. Mejor dicho, nos besamos, y no era cualquier beso, sino que era uno intenso. De esos que ya no se solían dar.
Su lengua jugueteaba con la mía. Me tomo en brazos logrando que mis piernas rodearan su cintura. Con fuerza me atraía hacia él y con sus manos me agarraba el culo. Su respiración comenzó a sentirse más fuerte.
–No me lleves a casa – le dije
Mirándome sorprendido respondió
–Todo lo que ordene, señorita Lucy
En ningún momento me dejo en el suelo. Caminaba conmigo teniéndome en brazos. No quería despegarme de él, y sentía que él tampoco quería separarse de mi. Llegamos al auto, nos subimos y comenzó a conducir. No tenía idea a donde nos dirigíamos. Solo había una cosa que tenia claro en ese momento, y era que realmente deseaba a ese chico. Su olor tan varonil, sus brazos tan fuertes que sentía que podía sostenerlo todo. Su sonrisa tan perfecta. No entendía como en tan poco tiempo podía llegar a desear tanto a una persona, sin si quiera conocerlo bien. Al parecer, a él tampoco le interesaba.
Llegamos a un mirador. Quedaba a unos minutos de la ciudad. Era realmente hermoso. Tenía un parecido a mi escondite secreto, pues me transmitía mucha paz el solo hecho de estar allí, solamente que de este se podían apreciar todas las luces de la ciudad, y no un pequeño río, como el que acostumbraba a ver. Nunca había ido a un lugar así. Me encantaba.
Me di vuelta para poder apreciar a Jack. Se notaba algo preocupado, como si miles de pensamientos llenaran su mente en ese preciso momento.
–¿Todo en orden? – le pregunté.
Aterrizó del planeta marte.
–Contigo, no podría estar todo más en orden en este momento – se volteó, comenzando a acariciarme la mejilla con sus gigantes dedos, que si los mirabas habitualmente parecían querer destruir todo lo que se les cruzaba, pero en este momento me acariciaban con delicadeza, como si rostro tuviera la fragilidad de un cristal.
–¿Qué es todo esto? – le pregunté.
Me sentía algo confundida. Como era posible que en un par de días sintiera todas estas cosas por Jack, un chico que era prácticamente un extraño para mi. Con suerte sabía que era estudiante de la misma escuela a la que yo iba, y que su nombre era Jack, pero no sabía absolutamente nada más sobre el chico que estaba revolucionándome por completo.
–No lo sé Lucy – me dijo mirándome fijamente, y agregó
–Lo único que sé es que te quiero. Te quiero solamente para mi, te quiero entera…
Lo miré con un poco de sorpresa, ¿todo esto es real?, ¿es que acaso es Jack quién está diciéndome que me quiere? ¿el chico que ninguna mujer podía tener? ¿el mismo chico por el cual Isabela había hecho hasta lo imposible por tener, y que yo, sin hacer mayor esfuerzo, lo tengo?
Interrumpió mis pensamientos
–Sé que debes estar pensando que es mentira, y que hasta quizás sea una estupidez. Pero no lo es, Lucy. Provocas sensaciones en mí que nunca había sentido con ninguna chica, y ¡cielos que he estado con muchas! – utilizo un tono de voz diferente al que acostumbraba
–Si, créeme que sé que haz estado con muchas – le dije abriendo los ojos y con una cara de afirmación a lo último que había dicho
–Quiero hacer las cosas bien Lucy. Te deseo, te deseo completa, pero no quiero que pienses que te digo todo esto solo de la boca para afuera. Realmente lo siento Lucy
La verdad estaba sin palabras. No podía creer todo lo que estaba sucediendo.
Luego continúo hablando
–Pero no soy bueno para ti Lucy – agacho la mirada
–¿Y lo es, entonces? – le repliqué
–Todo lo que me excluya
¿Qué tan malo podía ser que dos personas se quisieran? Realmente lo deseaba, y no iba a permitir que él decidiera por lo que era o no bueno para mí. Era una mujer ya, con 18 años, que podía tomar sus propias decisiones sin que nadie interfiriera por mí.
No tenía más opción que tomar las riendas del asunto. Estaba viendo algo que jamás imaginé ver, al rudo Jack deprimido y sin habla.
–Tú no decides por mí, corazón – le dije
Inmediatamente me pasé del asiento de copiloto, al asiento del conductor. Me subí arriba de él, y comencé a besarlo. Luego, aparte mis labios de los suyos para comenzar a besar su cuello, haciendo movimientos circulares arriba de él.
Estaba totalmente fuera de mis cabales, pero no pensaba parar bajo ninguna circunstancia
–Si que eres necia – me dijo con una voz quebradiza que era producto de la satisfacción y el deseo que le provocaba todo lo que le estaba haciendo.
Comenzaron a sonar gemidos que venían tanto de la boca de Jack como de la mía. Los movimientos que estaba realizando arriba de él funcionaron, y comencé a sentir como se le endurecía su m*****o. Era realmente mejor de lo que imaginaba.
Con sus manos comenzó a bajarme las mangas del vestido, besándome cada parte de la piel que iba quedando al descubierto. Lo hacia con tanto deseo, que no quería que parara jamás. Luego, prosiguió con la otra manga, logrando así que mis pechos quedaran totalmente desnudos al frente de él. Me miró fijamente y dijo
–Eres preciosa, Lucy
Y comenzó a besarme los pechos de manera tan apasionada que no podía dejar de gemir. Baje mis manos para poder quitarle la polera. Una vez afuera esta logré ver como su cuerpo estaba tan trabajado, lleno de músculos y también con tatuajes. Volví a tomar el control del asunto y comencé a besarlo de manera desesperada mientras una de mis manos se introducía por debajo de su pantalón tocando así su duro pene. Una vez que lo tomé con mis manos pude ver en su rostro la satisfacción que le provocaba que se lo tocará.
–¿Te gusta? – le pregunté
–Me encanta.
Se formo una pequeña sonrisita en su rostro.
De pronto él quiso tomar el control del asunto. Sus manos bajaron con el propósito de estimularme. Metió una de ellas por dentro de mi ropa interior y comenzó a masturbarme. Tocaba justamente el lugar que debía, y una velocidad perfecta. Una electricidad comenzó a recorrer todo mi cuerpo, logrando así aumentar el placer que estaba sintiendo en ese instante
–¿Lo deseas? – me preguntó con voz excitada
–Lo deseo – respondí de forma inmediata.
–¿Cuánto lo deseas?
–Muchísimo. No hagas más larga la espera.
De verdad quería sentir su pene dentro de mí. Lo deseaba con tanta fuerza que no quería seguir esperando que sucediera. Quería que tuviéramos sexo ahí, en su auto, en ese mirador. Solo Jack y yo.
Hizo a un costado mi ropa interior, y él se bajo un poco el jeans con el bóxer. Comenzó a rosar su pene con mi clítoris de manera muy delicada, sin quitarme un ojo de mi rostro. No podía disimular todo el deseo que estaba sintiendo, y al parecer, verme así de excitada, lo encendía el doble.
Y sentí como Jack entraba poco a poco dentro de mí. Nunca había sentido una sensación como la que estaba sintiendo en ese momento, sentía que no quería que Jack se separa de mí. Me gustaba sentirlo dentro de mí.
Comencé a realizar movimientos para que ambos pudiéramos disfrutar aún más del placentero momento. Su rostro reflejaba toda la satisfacción que le provocaba este momento. Sin embargo, ese rostro cambió de un momento a otro cuando nos golpearon la ventanilla del auto. No podía creerlo, nos habían pillado.
No tuve otra reacción mas que abrazarlo para así poder esconder mi rostro. Me sentía avergonzada. Nunca me había encontrado en una situación así. Por las luces que podíamos ver, era la policía.
El oficial dio la señal de que bajáramos la ventanilla.
–Vaya, esta juventud no tiene límites ¿Acaso no tienen casa donde ir a experimentar todo esto? – dijo el oficial
–Lo siento oficial. Con una chica así, es difícil controlarse – respondió Jack
–Pero si no es el chico Jack.
¿Mentado Jack? ¿Cuántas veces había encontrado a Jack en esta misma situación? No podía sentirme mas humillada. Esta si que era la peor sensación de la vida.
–Última vez Jack, consigue un poco de dinero para poder irte con tus chicas a otros lugares. Adiós, señorita – dijo el oficial retirándose del lugar.
No podía mas de la rabia y de la humillación.
–Llévame a casa ahora – utilice un tono golpeado, para que pudiera sentir la rabia que estaba experimentando en ese momento.
–Lucy, por favor. No es lo que crees – me respondió
–¡Que me lleves a mi casa! – le grite.
Lo único que quería en ese momento era que la tierra me tragara.
Llegamos a casa, así que detuvo el auto. La verdad es que no tenía ninguna intención de hablar en ese momento, ni mucho menos de aclarar las cosas. Bueno, si es que algo se pudiera aclarar, ya que todo resultaba mas que obvio, por lo que abrí la puerta y me bajé, cerrando de un golpe la puerta.
–¿Puedes calmarte chica? – me dijo mientras comenzaba a dirigirme a la puerta de mi casa.
Me detuve y le respondí
–Definitivamente no eres bueno para mí. Adiós Jack -fueron las ultimas palabras que le dirigí antes de entrar a casa.