Capítulo 3

1489 Words
                                                                                Capítulo 3 Mi primera semana en la nueva escuela, resulto ser toda una odisea, teniendo que lidiar constantemente con esas ganas de hacerle frente a las porristas y a los chicos del equipo de futbol, mirar tanta injusticia hacia los débiles me hacía llenarme de un terrible coraje, pero debía mantenerme al margen, hacer de odios sordos a las constantes bromas pesadas de Portia y Jessica, quienes se habían convertido en mi mayor problema diario. Logre entrar a los mate atletas luego de una difícil prueba que pase victoriosa; sí, soy una cerebrito y no se aun lo que es tener malas notas, siempre he recibido reconocimientos por mi alto coeficiente y por lo aplicada que resultaba ser en mis estudios; la verdad era que no me esforzaba tanto estudiando, podía tomar una hoja, leer un gran párrafo y rápidamente aprendérmelo, igual que con las matemáticas, solo necesitaba una explicación rápida de algún nuevo ejercicio y ya lo captaba en segundos. Ángela vio en mí una oportunidad para mejorar sus calificaciones, la verdad solo le faltaba ser aplicada, y tener ánimos de estudiar. -Hoy no hemos visto a las perras de Portia y Jessica, espero que no se aparezcan, este maldito 9 me tiene de mal humor – gruñó con una hoja en la mano. Hace dos días que habíamos presentado un examen sorpresa; yo obtuve la mejor nota de toda la clase, mientras que Ángela reprobó como la gran mayoría. -Debes prestar más atención en clases, siempre andas quedándote dormida – le dije con gracia. -Es que me quedo hasta tarde mirando series, estoy adicta, creo que debo rehabilitarme. La expresión de preocupación en el rostro de mi amiga me causó mucha risa, parecía hablar en serio sobre su supuesta adicción a las series de netflix, pero la verdad era que no le gustaba estudiar y mucho menos prestar atención en clases, trataría lo más que pueda en ayudarla. Caminamos a pasos lentos por el campus, en dirección a un árbol que había pasado a ser nuestro lugar favorito para sentarnos a conversar, leer, yo estudiar y ella dormir; nos acomodamos bajo la sombra, yo saque mi libro de matemáticas ya que pronto tendría la competencia en los mate atletas y Ángela solo se acostó en la grama con sus audífonos en las orejas. Me concentré tanto en mi lectura que no me di cuenta de que ciertas chicas se acercaban a nosotras. -X es igual a menos b más menos raíz cuadrada – dije leyendo con tranquilidad de mi libro, hasta que unos zapatos deportivos se asomaron frente a mis ojos, haciendo que levantara mi rostro de golpe, encontrándome con Portia, Jessica y sus demás secuaces. -Leyendo como toda una rara, ¿no Harris? – me preguntó Jessica, Portia me miraba con una sonrisa de medio lado. -Por favor, estoy estudiando – les supliqué cerrando mis ojos con frustración, preguntándome, ¿hasta cuándo nos molestarían solo por mero placer? -¡Ay pobrecita! – exclamó la porrista, causando la risa de las demás-, pasa que no soporto tu presencia ni la de tu tonta amiga. Portia miro a mi lado en donde se encontraba Ángela plácidamente dormida, ajena a lo que estaba pasando pues hasta ahí se ponía escuchar desde sus audífonos la música fuerte. La rubia Portia la miro con una sonrisa de medio lado, volteando su rostro hacia una de las chicas porristas, que llevaba un granizado en la mano, se lo quito y lo que vino a continuación me dejo sin palabras. Se colocó al lado de Ángela y lentamente vació el líquido completamente helado encima de su rostro, me levante de golpe al presenciar aquella terrible escena, mi amiga se despertó de igual forma gritando a causa del frió liquido en su rostro, colocándose de pie y quitando con desesperación lo helado, no podía creer lo que estaba pasando estas chicas habían llevado la maldad a otro limite y sentía que en ese momento una fuerza sobre natural tomo mi cuerpo y reacciono por mí notando como las uniformadas se burlaban y reían a carcajadas, mientras que Ángela seguía moviéndose con desesperación yo tome fuerzas y me abalance sobre Portia, con tanta rabia por dentro que sentía que iba a matarla con mis propias manos. Caímos en el piso forcejeando, yo la tomaba de los cabellos y halaba con fuerza, mientras que ella tomaba mis manos intentando quitarlas, pero mi agarre era más fuerte, me estaba consumiendo la rabia en ese momento y creo que era lo que le daba una descarga de energía a mi cuerpo; por otro lado Ángela protagonizaba de igual manera una pelea con Jessica, las demás chicas solo gritaban y miraban con asombro la escena, llegando luego, a causa del estruendo, varios de los chicos que se encontraban a los alrededores. En un movimiento rápido, solté a Portia de sus cabellos y le plasmé una fuerte bofetada logrando voltearle completamente el rostro, ella coloco su mano en la rojiza mejilla y volteo a mirarme nuevamente con asombro, su expresión era de terror y sus ojos estaban cristalinos, parecía ser que quería llorar y verla así, me hizo regresar nuevamente a mi personalidad apacible, levantándome en un movimiento rápido de encima de su cuerpo, sus amigas corrieron rápidamente ayudarla, mientras que yo me descuide para mirar a Ángela y fue en ese momento en el que al volver mi mirada a Portia, sentí como me golpeaba con fuerza en mi nariz, haciendo que cayera al piso. Automáticamente sentí un fuerte mareo y la sangre de forma escandalosa bajo por mi nariz, aquello parecía ser como si me estuviera desangrando y escuche a lo lejos los gritos ahogados de miedo por parte de los demás. -¡Dios mío no! – exclamó con preocupación Ángela. Mi preocupada amiga se arrodillo a mi lado, mientras me preguntaba una y otra vez si estaba bien, pero la verdad era que, en ese momento sentía un profundo sueño, como si estar despierta me pesara más que nada, así que sin luchar más me dejé caer y en ese momento sufrí de un repentino desmayo. No supe en ese momento cuanto tiempo había pasado inconsciente, solo sé que al despertar y mirar a todos lados pude notar que me encontraba en la enfermería de la escuela, y mi madre estaba a unos pazos de mí, hablando con la enfermera y detrás de ella mis hermanos con mi amiga Ángela. -Mamá – le llame sentándome en la cama, sintiendo un fuerte dolor de cabeza- ¡Auch! –exclame con expresión de dolor. -Mi amor, quédate acostada – me ordeno mi madre, caminando con rapidez hacia mí. -Ángela, ¿Qué paso? – le pregunte a la chica haciendo referencia a Portia y Jessica. -Las mal nacidas de Portia y Jessica están en dirección. -¡Señorita Ford, cuide su vocabulario! – le regaño la enfermera. -Bah – gruñó. -¿Cómo te sientes cariño? – me preguntó mi madre. -Me duele un poco la cabeza, pero nada más. -Derramaste mucha sangre y por tu enfermedad eso es algo muy malo, te descompensa automáticamente, creo que sería bueno que la llevara a que su medio la revise, señora Harris– comentó la enfermera. -Sí, tiene razón. -Por favor, antes de irse por favor fírmeme esta orden de salida. Mi madre camino junto a la enfermera al escritorio, dejándome sola con mis hermanos y mi amiga. -Esta vez sí que te pasaste Seren – me dijo mi hermano, mirándome con desaprobación. -Gracias amiga, por haberme defendido, aunque no debiste, yo no hubiese permitido que te arriesgaras de esa forma. Ángela bajo la mirada con pesar, sabía que sentía en ese momento que todo lo que había pasado era culpa suya, pero no era así, las únicas culpables de todo eran Portia y Jessica. El director hizo aparición en la enfermería antes de irnos, preguntando por mi estado de salud y conversando con mi madre sobre lo ocurrido, le comento que yo había iniciado la pelea y que la chica Portia Anderson también tenía unas marcas en el rostro que yo le había causado en la pelea, mi madre me miraba con molestia y a la misma vez asombro, era la primera vez que protagonizaba una pelea en los años que tengo de vida. -Depende de lo que diga el doctor, el director va a incluirte en el castigo, me siento totalmente decepcionada de ti Seren, esperaba este comportamiento de tus hermanos, ¿pero de ti?, eso jamás. Recibía ese sermón de camino a la camioneta de mi madre, con fastidio y en silencio lo seguí escuchándolo durante todo el camino en dirección al hospital, parecía ser que no iba a ser fácil que me escapara de un castigo triple, el de mi madre, el de la escuela y el de mi padre, el cual ya estaba enterado de la situación y no tardaba en llamarme para regañarme igualmente.                    
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