Capítulo 6
No sabía a ciencia cierta que estaba pasando con mi mente durante estos últimos días, se suponía que debía odiar a Portia Anderson, odiar el tiempo que me obligaban a pasar con ella, pero increíblemente la realidad era otra, me gustaba cada vez más estar con ella encerradas en el gimnasio mientras limpiábamos todo el desastre, escucharla hablar sobre cualquier tema, eso que me hacía sentir cuando se preocupaba por mí. Me había vuelto adicta a los energizantes con sabor a fresa, pues fue la primera muestra de amabilidad que tuvo la chica conmigo.
Me había dado cuenta de que Portia era una cuando estábamos las dos juntas, era totalmente diferente a la que en las mañanas caminaba como modelo de pasarela por los pasillos, pues en el castigo me hablaba con naturalidad y amabilidad, pero en la escuela no me miraba, no me saludaba y cuando Jessica se acercaba para decirnos cualquier cosa humillante, ella simplemente sonreía a su amiga y se alejaba, no sabía muy bien como tomar aquella acción, pero una cosa si me daba satisfacción y era que ya no me humillaba como antes, o por lo menos así fue hasta un día.
Me encontraba caminando con mi amiga Ángela, habíamos recibido hace unos minutos los resultados de un examen de matemática, Ángela celebraba por todo lo alto el haber por primera vez en mucho tiempo sacado una nota alta, me agradecía abrazándome porque días atrás yo había servido como su tutora y me esforcé completamente porque la chica entendiera las fórmulas de los ejercicios, quedándonos despiertas hasta tarde para poder lograrlo, pero los resultados fueron bastantes satisfactorios para ambas.
-Gracias, gracias Ser – me decía abrazándome con fuerza.
-Vale, ya, ya, me asfixias – le dije con gracia.
-¡Ay! miren chicas, ahora resulta que las dos raras son lesbianas.
Escuché esa voz a mi espalda, y sabía perfectamente de quien era, como no conocerla, si hasta en mis pesadillas aparecía; para nuestra mala suerte y como dosis diaria de bullying estaban ahí paradas, Jessica Evans junto a sus seguidoras, las chicas del equipo de porristas, al lado de Jessica se encontraba Portia, quien me miraba con una ceja levantada, no entendí el porqué de su expresión.
-Yo creo que la lesbiana aquí eres tú, Evans – le dijo de forma retadora Ángela, acercándose al rostro de la chica.
Jessica se quedó en silencio por unos minutos observando el rostro de Ángela, el cual estaba muy cerca del de ella.
La verdad ya resultaba tedioso tener que pasar por esas situaciones, claramente a Jessica y sus amigas les causaba placer burlarse y molestar a los demás, por mi parte y la de mi amiga, jamás las provocábamos o buscábamos iniciar una pelea con ellas, solo nos dedicábamos a lo que de verdad nos importaba, tener buenas notas, pero ellas tenían otro cometido en su día a día, y en ese cometido íbamos incluidas nosotras.
-¡Ay por favor! – exclamo Jessica con burla-. Si fuera lesbiana, jamás me fijaría en una estúpida rara como tú.
Ángela coloco sus ojos en blanco con fastidio.
-Ok Jessica, ¿algo más? – le preguntó mi amiga con los brazos cruzados.
Parecía ser, que la falta de interés por parte de Ángela le causó molestia a Jessica y como extraña e ilógica forma de vengarse, le quito la tapa al café que tenía en las manos y me lo lanzo todo en mi cara, agradecí al cielo que era un café frió; mi reacción al principio tardo, no entendía el porqué de dañarme a mí, yo no estaba incluida en la disputa, alce la mirada y vi como Portia tomaba a su amiga por el brazo y le decía algunas cosas que no logre entender, pues Ángela se colocó frente a mí y me empezó a quitar el café de la cara.
-¡Maldita sea! – exclamo Ángela con rabia volteando a ver a Jessica-, ¡¿Cuál es tu maldito problema?!
Jessica le dio una mirada de enojo a mi amiga, y sin responderle nada salió del lugar como alma que lleva el que no debe ser nombrado, Portia se quedó ahí de pie con sus ojos puestos en mí, quería decir algo, pero se arrepintió y salió del lugar siguiéndole los pazos a Jessica.
-Ser, ¿estás bien?
-Sí, está bueno el café – le dije con una sonrisa, saboreando un poco de la crema que había quedado en la comisura de mis labios.
-Estas toda sucia de café – me respondió con una sonrisa, mirando mi empapada camisa.
-Te puede parecer extraño, pero tengo una camisa en mi casillero en caso de este tipo de emergencia.
Ángela me miro automáticamente extrañada, pero con una sonrisa burlona dibujada en su rostro.
-De verdad que eres rara, amiga.
Juntas y sin enfrascarnos mucho en lo que había pasado, salimos en dirección a mi casillero, me cambie la camisa llena de café y nos fuimos a nuestra siguiente clase, cuando entramos al aula el cual ya estaba casi llena de todos nuestros compañeros, escuchamos desde el fondo del aula como abucheaban y soltaban silbidos picaros.
-¡Llegaron las novias! – exclamo Jake Wilde, haciendo que todos los demás nos miraban y abuchearan.
-¡Púdrete Wilde! – le dijo Ángela, enseñándole el dedo del medio.
-¿Ese dedo se lo metes a Harris? – preguntó.
Sentía que no podíamos ser más humilladas en ese momento, seguramente se crearía un chisme absurdo sobre nosotras gracias a la estupidez de Jessica Evans, respire profundo tratando de hacer caso omiso a las habladurías, las burlas y las miradas de los demás y tome asiento, luchando por poner toda mi atención en la clase.
Ese mismo día al salir, fui junto a mis hermanos como era de costumbre a casa, Mikkel estaba de muy buen humor gracias a que mi padre había enviado su auto y ahora no teníamos que tomar el autobús o ser traídos todas las mañanas por mamá, a mí me daba igual la situación, para mi resultaba lo mismo quien me trajera o recogiera.
-¿Cómo es eso que tienes una relación con Ángela? – me preguntó mi hermana de camino a casa, ella iba en el puesto de adelante, mientras que yo desde atrás, miraba por la ventana las calles de la ciudad.
Doble los ojos con fastidio, suspirando.
-No es verdad, es otra de las humillaciones de Jessica y su grupo – le respondí sin darle mucha importancia.
-Bueno, pero si te gusta ella no tiene nada de malo hermanita, estamos en el siglo veintiuno, el ser gay es algo sumamente normal – comentó Mikkel.
-Muchas gracias por mostrar su apoyo hacia mí, pero no es el caso, no me gusta Ángela, solo somos buenas amigas y ese rumor lo está esparciendo Jessica porque es otra sus tantas formas de hacernos molestar.
Mi tono de voz y mi expresión les dieron a tender a mis dos hermanos mayores que no quería seguir con el tema, había tenido suficiente ese día, había sido bañada en café y humillada por ser lesbiana, bueno, literalmente no lo era, o eso creía, pero la cosa es que mis compañeros de clases lo tomaron como burla y habían dañado mi mañana, como era lo común, últimamente no iba a la escuela a estudiar, iba para ser objeto de burlas.
Esa tarde era la última del castigo y yo sencillamente no tenía ganas de ver ni a Jessica ni a Portia, era uno de esos días en los que la depresión me tomaba, recordando mis males y solo quería encerrarme en mi cuarto, dormir o tal vez tocar una de las tantas canciones deprimentes de mi repertorio. Le pedí a mi madre que llamara al director y le mintiera diciendo que tenía algún malestar, esta como toda buena cómplice lo hizo y quede eximida de mi último día de castigo. Recibí esa tarde justo a las 3pm, una llamada de mi amiga Ángela, preguntándome si todo está bien con mi salud, le comenté sobre mi estado de ánimo y quedo en venir a mi casa para armar cualquier plan que me animara, la verdad quería estar sola, pero Ángela me había demostrado durante todas estas semanas que era una amiga de verdad, por lo que no quise negarme a que viniera a mi casa.
-Por lo menos el maldito castigo termino – comentó Ángela, mientras entrabamos a clases la mañana siguiente.
-Así que Portia se quejó de que yo fuera eximida de mi castigo – le dije recordando lo que la tarde anterior me había comentado.
Esa tarde luego del castigo, Ángela fue a mi casa como lo habíamos planeado y me comento que Portia Anderson se había quejado con el director de que me había dejado faltar como si nada al último día de castigo, dejándole a ella todo el trabajo de la limpieza.
-Sí, pero el director está al tanto de tu enfermedad y sabe que no te puede obligar a realizar ese tipo de trabajos, así que solo le mintió y le dijo que ibas a recompensar esa falta de otra forma, pero que ayer era el último día de limpieza.
Tomamos asiento en los primeros puestos de la clase, como era lo rutinario, Ángela alegaba siempre que yo la hice cambiar, pues lo normal en ella era sentarse en los últimos puestos para poder dormir mientras el profesor o profesora dictaban la clase.
En esa primera hora nos tocó la clase de geografía, yo miraba con atención a la profesora mientras que Ángela a mi lado luchaba con las ganas de cerrar sus ojos, yo de vez en cuando le daba un empujoncito cuando veía que ya los cerraba por completo, ella daba un brinco y se despertaba de golpe.
-Señorita Ginn – dije levantando mi mano.
La clase estaba en silencio, pues nos habían colocaba en parejas para identificar en un mapa los estados del país.
-Sí, ¿Qué pasa Seren? – me preguntó, mirándome desde el escritorio.
-Necesito ir al baño.
-Sí, está bien no hay problema.
Me levanté de mi asiento para salir del aula, pero antes me devolví hacia Ángela, quien luchaba por identificar cuál de esas dos partes del mapa eran Texas o California.
-No marques nada hasta que yo venga – le dije, para así evitar que se equivocara y dañara la hoja.
-Maldito mapa – dijo casi en un susurro, sin prestarme mucha atención.
Sentía que mi vejiga iba a explotar, no me gustaba salir de clases para ir al baño, y menos si estábamos en alguna tarea, pero no podía aguantar a que la clase terminara, ya me estaba doliendo mucho el vientre.
-Qué alivio – dije casi en un susurro, sintiendo como un peso se me quitaba de encima al expulsarlo todo.
Luego de aquella majestuosa acción, salí del cubículo para proceder a lavarme las manos y para mi sorpresa, en el lugar estaba una persona conocida, la miré automáticamente sintiendo unos nervios recorrerme, pues estaba recostada de los lava manos de brazos cruzados y me miraba con una sonrisa, yo trata de no parecer asombrada ignorándola por completo, dando unos dos pasos más abriendo la llave para lavar mis manos.
-¿Estas bien? – me preguntó.
-Si – le respondí de manera cortante.
-Ayer no viniste al castigo y pensé que te habías puesto mal otra vez.
-Eso fue lo que paso, me sentí mal y por eso no vine.
-Trate de preguntarle a tu novia, pero me insulto.
Alce mi mirada con molestia.
-Ángela es mi amiga, no sé porque tú y tus estúpidas amigas andan diciendo cosas que no son.
Me sentía furiosa, no por el hecho de que me juntaran con una chica, sino por levantar falsos testimonios sobre nosotras.
-Lo siento – se disculpó con una sonrisa burlona.
No le respondí nada, solo la mire de mala manera y trate de salir del lugar, pero ella me detuvo, colocándose entre la puerta y yo.
-Déjame salir, por favor – le dije mirando en otra dirección, estábamos lo bastante cerca.
-¿Siempre eres así de educada?
-Mira Portia – le dije mirándola con molestia, ya sintiendo que colmaba mi paciencia-, no sé qué tratas de hacer, pero necesito ir a clases y terminar el trabajo, así que déjame salir.
-No trato de hacer nada, pero está bien – dijo dándose por vencida, moviéndose a un lado-. Seren una cosa más.
Me detuve en seco volteando mi rostro hacia ella.
-¿Qué?
-Tus ojos verdes son muy bonitos.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza, y unos nervios me atacaron tan fuerte que un extraño mareo me azotó, haciendo que perdiera el equilibrio.
-Seren – me dijo con preocupación acercándose a mí, tomándome del brazo.
Todo daba vueltas a mi alrededor, y mi cabeza sentía que iba a explotar, casi no podía mantenerme en pie, estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para mantenerme despierta.