Capítulo 5

1244 Words
                                                                                       Capítulo 5 No podía negar que, llegada la hora en la que debía ir a la escuela para cumplir con mi castigo, me sentía totalmente nerviosa, la idea de tener que pasar tiempo a solas con Portia Anderson me descontrolaba toda. -¿Qué hay girl? – me saludo con toda la buena vibra del mundo, mi amiga Ángela. -Quisiera tener esa buena actitud – le respondí con una sonrisa. -Tómatelo con calma, así como yo lo haré, ni voy a mirar a la perra de Jessica. Caminamos juntas por los solitarios pasillos de la escuela, a esa hora solo se contaba con la presencia de pocos grupos extra académicos que practicaban en las tardes, como los chicos del equipo de fútbol y los del coro. -¿Dónde se supone que debemos encontrarnos? – pregunto Ángela mirando para todos lados. -¡Buenas tardes señoritas! – saludo una energética voz. El director salió de su oficina junto a Jessica y Portia, quien coloco sus ojos en mí. -Muy bien, todas han llegado a la hora, las felicito, es el primer paso para redimir las cosas. Ángela coloco sus ojos en blanco con fastidio, yo la mire con una sonrisa graciosa, luchando con las ganas de reír a carcajadas. -En los lugares que se les fue asignado el trabajo, ya encontraran los implementos para llevar a cabo la limpieza, tienen dos horas para hacerlo, tómense su tiempo, conversen como personas civilizadas y no se apuren, tienen toda una semana. El hombre nos miró a todas con una sonrisa victoriosa, se despidió y volvió a entrar a su oficina, yo mire a Ángela con la cual quede en encontrarnos en la salida para irnos juntas a nuestras casas, pero antes pasar a tomar un helado, y así aminorar seguro las dos malas horas que tendríamos que pasar en compañía de esas chicas. El teatro el cual era el lugar de Jessica y Ángela quedaba cerca, mientras que el gimnasio quedaba a las afueras de la escuela por lo que tuve que caminar más hacia él, sintiendo a mis espaldas los pasos de Portia. Al entrar me dispuse a concentrarme en el objetivo en silencio, no tenía intenciones de entrelazar una conversación con la porrista, pero si, de vez en cuando volteaba a mirarla, y no podía evitar dibujar una sonrisa al notar la incomodidad en su rostro, miraba todo a su alrededor con asco y en vez de limpiar parecía que empeoraba todo. Por un momento sentí lastima por ella, quería indicarle que lo que estaba intentando hacer estaba mal, pero recordé todo lo que estos días nos había hecho pasar a mi amiga y a mí, y simplemente me coloqué mis audífonos y seguí con la limpieza. Me costaba mucho algunas veces ser una chica normal, tener esa energía que los adolescentes común mente tienen, pues esta enfermedad cruel que, aunque no estaba en su faceta más agresiva me lo imposibilitaba; se suponían que eran dos horas de la limpieza y no había pasado ni media hora cuando yo sentía que ya no podía seguir y que el aire me estaba faltando, me sentía totalmente fatigada y sin fuerzas. Me quite mis audífonos y tome asiento respirando con dificultad, coloque mis manos en mis rodillas y me incline un poco, me sentía verdaderamente mal en ese momento. -¿Estas bien? – sentí como Portia se acercaba a mí y me preguntaba. Levante mi cara con dificultad, sintiendo un fuerte mareo que me hizo tambalearme, lo que ocasiono que Portia me tomara por el brazo. -Dios mío, llamaré al director. La chica intento salir, pero yo la detuve tomando su mano, le pedí que por favor no lo llamara, ya que eso se me pasaría en un rato. -Te ves realmente mal – me dijo sentada a mi lado. -Tengo las plaquetas bajas, por eso no tengo fuerza – le explique. -Tengo una bebida energizante en mi bolso – se levantó rápidamente y fue a buscarla, entregándomela. Mire la botella por uno segundos. -No es veneno – me dijo con gracia. Yo le sonreí con timidez y tomé un poco del líquido, el cual sabía muy bien, era como una bebida gasificada con sabor a fresa. -Gracias – le dije mirándola por pocos segundos para luego poner mi atención en la botella. -¿Por eso mismo te desmayaste ese día de la pelea? Su pregunta me sorprendió mucho, no pensé que tenía interés por saber algo sobre mí. -Si, por eso también sangre mucho, soy una chica un tanto enfermiza. No tenía intenciones de darle detalles a fondo a Portia sobre lo que de verdad me pasaba, fue una de las cosas que le pedí a mi madre, que no hablara en la escuela sobre mi enfermedad, no quería que los demás me miraran con lastima, o que me trataran diferente por lo que estaba padeciendo, solo quería llevar una vida normal, luchaba a diario por hacerlo, aunque en oportunidades como esta me costara más de lo normal. -Tienes que decirle al director que no puedes hacer este tipo de cosas, tal vez te cambie el castigo y te ponga uno en donde hagas menos fuerza. ¿Era eso posible?, ¿Portia Anderson se estaba preocupando por mí?, me estaba sorprendiendo cada vez más su actitud, o tal vez era que ya no quería compartir el castigo conmigo, creo que esa última opción era la más creíble. -No, está bien, estos últimos días he estado un poco mal, pero ya iré mejorando. Pude sentir en ese momento que aquella rubia quería decirme algo más, pero le estaba costando dejarlo salir, no entendía de que se trataba, no podía descifrar con claridad, esta Portia que se estaba comportando amable conmigo, era nueva para mí, diferente a la que conocí durante toda esta semana. Parecía ser que la bebida energizante si había hecho efecto en mí, luego de unos minutos pude recobrar energías y continuar con la labor, pero esta vez con una intensidad menos y para mi asombro con la ayuda de Portia quien, a pesar de no atinar palabra alguna durante el resto de la limpieza, me hizo entender en ese momento que no era totalmente una chica mala, con esa acción me demostró que había un poco de bondad en ella. -Bien ya es hora de irnos – dije mirando la hora en mi teléfono. -¡Por fin! – exclamo con una sonrisa. -Adiós – le dije con timidez, para encaminarme a la salida. -Seren espera… ¿Seren? me había llamado por mi nombre y yo solo pude quedarme paralizada en la puerta de salida, muchas veces se refería a mi como “Harris”, nunca la había escuchado decir mi nombre. Di vuelta a mi cuerpo para poderla mirar, ella se acercó con timidez a mí. -Yo quería disculparme contigo por ese golpe, la verdad estaba muy molesta, pero no debí hacerlo. Eso sí que jamás me lo espere y me tomo totalmente por sorpresa, tanto que unos nervios comenzaron a tomarme en ese momento. Miré su rostro y me di de cuenta que sus disculpas eran sinceras. -No te preocupes, de igual forma yo no debí comenzar la pelea. Me regalo una nerviosa sonrisa en ese momento, haciendo que mi corazón latiera con fuerza, dándome a entender que ahora estaba dando inicio a mi loca obsesión por Portia Anderson, la chica más hermosa de toda la escuela.              
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