++++++++++++++++ El peso del cansancio acumulado era una losa de hormigón que me había arrastrado a un sueño profundo, casi anestésico, en la inmensidad de aquella cama que no me pertenecía. Sin embargo, la paz fue una ilusión efímera. De repente, una serie de golpes rítmicos y urgentes contra la madera de la puerta fracturaron mi descanso. —¡Señorita Clara! ¡Despierte, por favor! —La voz de Dania, habitualmente suave y contenida, filtraba una nota de ansiedad que me atravesó como una descarga eléctrica—. Me acaba de llamar el señor Sinclair. Ha sido muy específico. Debe estar lista ya mismo, el chofer la espera abajo en veinte minutos. Mis ojos se abrieron de golpe, secos y pesados. El techo del penthouse, con sus molduras elegantes, fue lo primero que vi antes de soltar un grito ahog

