—Bájate —dijo Tamara—. Y recuerda: si rompes algo, Henderson no será tu único problema. Estos clientes no aceptan errores. Caminé detrás de ella hacia la entrada de servicio, sintiendo que los zapatos me apretaban y que el aire se volvía cada vez más escaso. El destino, definitivamente, me estaba arrastrando a un lugar del que no estaba segura de querer salir ilesa. ++++++ La cocina de la mansión era más grande que todo mi apartamento. Un ejército de cocineros se movía con una precisión coreografiada, entre nubes de vapor y el aroma a especias exóticas. Tamara me entregó una bandeja de plata que pesaba una tonelada. —Empieza con el agua. Llena las copas del comedor principal. Los invitados están por llegar, sé que dije cena, pero la verdad es que el evento es todo el día, así que maños

