ADY
Me encontraba en la cama tirada, pensando en todo lo que ha pasado, estaba lastimando últimamente demasiado a Jay, él era sincero conmigo, estaba dispuesto a todo y yo como cobarde siempre lo alejaba ¿Por qué no puedo ser valiente como antes? ¿Por qué tengo tanto miedo? ¿Por qué sigo haciendo lo que tanto critique? Sigo lastimando a las personas que se interesan por mi ¡Eres estúpida! Dijo la voz de mi cabeza, lo sabía, estaba siendo una cría de 15 años, creo que hasta una de 14 se portaría mejor de lo que yo lo estaba haciendo.
Lo acerco y lo alejo al mismo tiempo. Él me es sincero y yo simplemente le miento. A veces me cuesta decir todo lo que realmente siento y pienso, ya una vez lo hice y me lastimaron y jugaron conmigo. Siento que eso puede llegar a sucederme nuevamente. De verdad que no quiero tener estos sentimientos, quisiera que él se olvidara de los suyos tambien. No puedo enamorarme, eso es una pésima idea, por eso intento buscar una razón que nos separemos, pero nada está funcionando, él es demasiado perfecto y sé que vale la pena, pero debo alejarme, aunque no sé si pueda ahora, sé que estamos pasando por un mal momento y que eso lo está haciendo sentir demasiado dolido solo me gustaría que nunca olvidara que moriría por él, que todo lo que hago es por él. Quiero que entienda que no soy solo yo, que debo pensar tambien en Camell. No puedo simplemente cerrar los ojos y lanzarme al abismo por completo.
***
Me encontraba ya en lobby, esperando a todos para poder irnos, íbamos a ir de excursión. Ellos fueron llegando uno a uno. Primero llegó Lucca, parecía un modelo de esos que vez en las revistas de moda, tenía un vaquero negr* con un jersey azul que le resaltaba con el blanco de su piel, Lucca era el más fornido de los cuatro, su cuerpo se amoldaba demasiado bien a todo lo que se ponía, las largas horas que pasaba en el gimnasio le daban resultados. No entendía como aún seguía soltero, sus manos eran grandes, tenía esos brazos que enloquecen a las mujeres, ya que se le notaban las venas.
Luego llegó Emanuel, con su habitual sonrisa que iluminaba el mundo. Traía un conjunto deportivo color blanco, él era delgado, se notaba que no le dedicaba tantas horas al gimnasio, pero hacia el suficiente ejercicio para mantenerse en forma, le encantaba bailar y eso lo ayudaba bastante. Tenía brazos delgados, pero bien formados. Él junto con Lucca y Jay eran los más altos.
Después de llegó Fernando, con su cara de ¨me fastidia el mundo, así que, no me hablen¨, pero yo sabía que debajo de ese bloque de hielo, se escondía un hombre que con solo hablarte podía hacer que le abrieras las piernas en un instante. Fernando, se mantenía en forma gracias a que fue bendecido por los dioses y no necesitaba de eso. era delgado, blanco y con una sonrisa que hacia mojar todas las bragas del mundo. Solo que le costaba mostrarlo. Era demasiado frio, seco y distante. Él venía con su habitual estilo, todo color negr* y ancho, que le daba ese toque de chico malo.
Por ultimo llegó Jay, ¡Vaya! Tenía que ser ilegal verse así, llevaba unos vaqueros negr¨s, con una camisa blanca hasta los antebrazos, la ropa se le ajustaban en las partes correctas, cualquiera tendría un orgasmo mental con solo verlo. Su cabello negr* azabache, su piel blanca como la nieve, esos hermosos ojos que eran un abismo sin fin. Donde yo queria tirarme sin paracaídas, pero que por el autocontrol que tenía lo evitaba.
A su lado se posó una mujer, mis ojos se abrieron, nunca la había visto, era hermosa, tenía una melena que le llegaba por la cintura rubia como el oro, unos hermosos ojos azules, casi trasparentes, blanca, labios rojos carmesí, parecía sacada de revista. Mi corazón se aceleró cuando la vi aferrarse al brazo de Jay.
-¡Hola! me disculpo por haberme demorado, me entretuve con Luli.
Todos se abalanzaron hacia ella, le hacían preguntas: ¿Cómo estás? ¿Cuándo llegaste? ¿Cuánto tiempo estarás aquí? ¿Cómo va todo en la compañía? Yo simplemente estaba ahí, quieta, sin decir nada ¿Qué era este sentimiento? Son celos estúpida.
¡No digas nada!
¿Por qué? ¿Te da miedo aceptar que sientes temor de perderlo por completo ahora que ves que alguien se interesa por él?
No sabemos quién es.
Es una hermosa mujer que va a llegar a quitarte lo que piensas que es tuyo.
No es mío, él no es un objeto.
Lo vas a perder.
¡Silencio!
Obstinada y cobarde vaya combinación.
-¡Ma! ¿Todo bien? – La dulce voz de Camell me sacó de aquella pelea mental que tenía.
-Si – Le di una falsa sonrisa – Es hora de irnos.
Le dije. Todos caminamos hacia los carros que nos estaban esperando. Mi cara de disgusto lo decía todo, no podía dejar de verlos, hacían la pareja perfecta, el un muñeco y ella una muñeca ¿Asi era mejor no? Ya no tendría que preocuparme por lastimarlo, con ella se olvidaría de mí y eso era lo que yo buscaba ¿No?
Mentirosa.
No lo soy.
Si. Lo eres, estás muerta de celos.
Comencé a caminar rápido, queria alejarme de ellos, ahora me arrepentía de haber propuesto pasar el día juntos.
-¿Celosa? – Una voz apareció detrás de mí.
-¿Qué? – Me gire a ver quién era. Allí estaba él, Fernando con una gran sonrisa burlona, menos mal no sonrisa siempre porque eso sería perjudicial para la salud de las mujeres que nos rodeaban - ¿Por qué lo estaría?
-Jefe ¿Al fin donde estuviste hace un momento? Pasé por tu habitación y no estaba – El tono divertido de la pregunta de Fernando me irritó mas.
-Estaba con Luli – Dijó Jay todo despreocupado.
-¡Vaya! Que suerte tiene el jefe, Luli es hermosa – Me dio un suave golpe en el hombro y comenzó a caminar. Yo queria seguir moviéndome, pero mis piernas no funcionaban. Era como si me hubiera clavado allí en el piso.
-No es lo que te estás imaginando. Estábamos tomando un café en el restaurante del hotel, Luli es una gran amiga – Su voz hizo que todo mi cuerpo vibrara, podía sentir su embriagante aroma, el sonido de su voz, pegando en oído, me hacía estallar el cuerpo en un ardiente calor - ¿Quién te entiende? Dices que debo alejarme, que no podemos estar juntos, pero cuando escuchas que paso tiempo con una mujer, te dan celos. ¡No eres tan coherente como aparentas! – Se alejó de mi con una sonrisa ladeada, que denotaba maldad y diversión, dejándome allí, mas inmóvil que nunca. ¡Dios! Esto va a ser un largo paseo.
No me dio tiempo de decir nada, pero la sangre se me subió a la cabeza y las orejas se me pusieron rojas y las sentía caliente.
-¿Por qué tan colorada? – La voz de Emmanuel me sacó de aquel trance.
-¿Qué? ¡No! – Mi respiración se aceleró – Solo tengo un poco de calor.
Antes de cualquier jugada de Jay quisiera hacer me aferré a Lucca y le dije que me iría con él y Camell, vi la cara de diversión de Fernando y la seriedad de Jay.
Decidimos ir de excursión en un jeep por la selva tropical de Tijuca desde Rio de Janeiro pensábamos hacer muchas cosas y había muchos lugares que ir a conocer, pero este recorrido duraba aproximadamente unas 4 horas y solo teníamos un día para conocer porque al día siguiente ya partíamos al siguiente país.
Como éramos siete nos tocó repartirnos en tres Jeep. Camell se quiso ir con Lucca, Emmanuel dijo que se iría con ellos dos tambien, Fernando tomó del brazo a la tal Luli y la montó en su Jeep. Y allí estaba yo, sola otra vez con Jay ¿Qué mal estoy pagando? ¿Por qué me persigue la desgracia?
En ese momento quería matarlo él se había dado cuenta desde que salimos del hotel que estaba evitando irme en el mismo vehículo que Jay, y como no pudo hacer que viniera en el mismo vehículo que él, ahora se estaba vengando. Comenzamos la excursión realmente era todo muy lindo, se recorría la selva tropical en un jeep abierto, llegamos a la selva y de ahí nos podíamos seguir caminando por el bosque y observar los osos perezosos, las mariposas, los monos y las aves.
Disfrutamos la vista panorámica desde vista chinesa (vista china) y nos maravillamos con el hecho de que esta sección de Mata Atlántica (Bosque Atlántico) está a solo 10 minutos de los límites de la ciudad, nos embarcamos también en una suave caminata por el parque Nacional Tijuca hasta Cachoeira dos Macacos (cascadas de los monos).
-¡Todo es tan hermoso! – Dije con una gran sonrisa.
-Si. Es hermoso – Lo dijo en un tono que no logré descifrar ¿Estábamos hablando de lo mismo?
Cuando giré para verlo, me choqué con su mirada fija en mí. Mi cuerpo tembló. Relamí mis labios, la boca se me secó, mis bragas se mojaron, y en mi centro algo palpitaba.
-Haces que algo dentro de mi palpite y no precisamente hablo del corazón.
¡Dios! Ahí te voy. Tragué con dificultad. Si seguía así, toda mi fuerza de voluntad se iba a ir directo al caño. Este hombre tenía el poder de desestabilizarme. Me llevaba al cielo y me devolvía a mi maldito infierno a la vez.