Cuando vi salir a Fernando solté todo el aire que había estado conteniendo, comencé a caminar por la piscina, queria distraerme un rato. Mi celular comenzó a vibrar.
LLAMADA MADRE
-¡Hola nena! ¿Cómo están las cosas por allá?
-Hola ma, todo está sobre ruedas Camell está disfrutando de todo este proceso, la agencia se ha portado muy bien con nosotras.
-¿Y tú? ¿Cómo estás tú? – Di un largo suspiro.
-Supongo que bien, todo esto nuevo, aun me estoy acoplando a todo.
-¿Algo que te moleste? – No sabía cómo lo hacía, pero siempre se daba cuenta que algo me pasaba.
-No, nada – Mentí, no queria preocuparla.
-Bueno. Andrés llamó, que no se ha podido comunicar con Camell ¿No le contaste sobre esto? – No podía creerlo, nunca llama, nunca está pendiente de la niña y ahora si le da por ser un padre responsable.
-¿La esposa le dio permiso de llamar? Cuando la señora – Lo dije en tono sarcástico – Se le dio por meterse con la niña no dijo nada, y ahora si está preocupado ¡Esto es increíble!
-Te pido por favor Addy, no vayan a pelear, sabes que eso no le hace bien a Camell…
-Lo sé madre, no te preocupes, lo llamo después, no tengo ganas de oírlo en estos momentos, y para responder tú pregunta, no, no le conté nada de esto, Camell es mi hija y está bajo mi cuidado. Ahora te dejo madre.
-Cuídense ¿Si?
LLAMADA FINALIZADA
Di un largo suspiro, en estos momentos quiero desaparecer de la faz de la tierra, hacía meses que no sabía de él, desde que me enteré de que su esposa había insultado a mi hija en una visita que le hizo y él no hizo nada, simplemente se quedó callado, no podía negarlo aún me dolía todo lo que había pasado, había arriesgado muchas cosas por una persona que nunca me amó, nunca fui importante para él y tampoco lo era mi hija.
Me senté en una de las sillas que había alrededor de la piscina. Recordé ese día cuando le dije que estaba embarazada, se me arrugo el corazón al traer esos momentos a mi memoria. No quería traer a mi hija al mundo cuando no tenía las bases para brindarle una estabilidad económica y emocional, pero él me hizo cambiar de opinión, me prometió estar con nosotras siempre, dijo que nunca nos dejaría y que siempre estaría a nuestro lado, que no tenia de que preocuparme así que acepte. No quería que mi hija sufriera, ni que pasara por lo que yo pasé al no tener a sus papas juntos, por eso y porque lo amaba locamente deje pasar muchas cosas y aguante demasiado. Después de mucho tiempo me cansé de estar ahí donde no me valoraban, no era sano para nadie y cuando uno no se siente feliz en un lugar es mejor partir para buscar la paz y la tranquilidad que tanto anhela.
En el fondo me sentía sola, quizás por eso me quede tantos años a su lado, solo quería que alguna vez alguien me amara si quiera un poco de la manera que yo sabía amar, ¿era justo no? Cuando una persona sabe amar de una manera tan condicional quiere que la amen igual, además era bonito, nunca tuve esos amores tan reales, por lo general en el amor no me iba tan bien, siempre salía lastimada o me mentían. Ahora que lo pienso, simplemente buscaba el amor de padre que nunca tuve en él.
Llevé las manos a la cabeza y me despeiné un poco, queria alejar todos esos pensamientos, me sentía patética, tenía que concentrarme en todo lo que me estaba pasando ahora, queria hacer las cosas bien, no queria arruinarle la oportunidad que le están dando a Camell y tambien debo concentrarme en hacer bien mi trabajo. No queria fallarle a nadie, tenía que hacer las cosas perfectas, no queria que Jay se arrepintiera de haberle dado esta oportunidad a Camell y tampoco de haberme contratado.
Estaba sumida en mis pensamientos que no sentí en que momento llegó Camell con los chicos - ¿Estas bien? – Sentí como alguien me dio un suave toque en mi hombro, al mirar quien era, vi una enorme sonrisa. Era Emanuel, tiene una sonrisa que hace sentir paz, es como si fuera un calmante para el alma.
Aclaré mi garganta – Si, solo estoy pensando un poco, nada importante – Vi cómo se sentó a mi lado.
-Debe ser algo importante, porque no notaste que llegamos, terminamos muy rápido y quisimos venir a la piscina tambien a relajarnos un poco ¿Puedo quedarme a mirar el cielo contigo? – Yo sonreí.
Me acerqué al él - ¡Claro! No es como si este lugar fuera mío ¿No? – Él sonrió por mi comentario.
Comenzamos hablar de muchas cosas, me decía que Camell lo hacía demasiado bien, que se portaba como una profesional, reímos y bromeamos. Vi como Fernando tambien tomó asiento cerca de nosotros, se puso sus gafas de sol y se quedó dormido, Lucca estaba jugando con Camell en la piscina, a pesar de que llevamos poco conociéndolos ella se había hecho muy cercana a él. solo faltaba uno de los chicos, aunque creo que debo dejar de llamarlos así, ya son unos hombres.
Faltaba aquel que tanto me estaba esforzando por evitar, me sentía patética y frustrada por eso, pero no queria verlo hasta no saber qué iba a decirle. Después de hablar un largo rato con Emanuel, decidí ir a mi habitación. Al llegar abrí la puerta de la habitación, entré y cuando iba a cerrar, sentí que alguien había metido su mano para evitar que la cerrara, me asusté mucho cuando me gire a ver quién era.
Nos quedamos mirando fijamente por unos segundos - ¿Vas a seguir evitándome? – Me dijo, mientras yo seguía ahí atónita, sin poder moverme. Entró rápidamente y cerró la puerta, se acercó a mí, más de lo que me hubiera gustado, yo no podía moverme, mi cuerpo no respondía, su mirada estaba clavada en mí, era como si estuviera leyendo mi mente. Mis manos sudaban, el corazón queria salir de mi pecho, no podía negar que cada vez que lo tenía cerca, mis nervios se disparaban - ¿Por qué has estado evitándome? Hasta el punto de no querer ir a la organización del evento ¿Tengo que recordarte que trabajas para mí y que no debes alejarte a menos de que yo lo diga?
-L-lo siento – Las palabras no salían de mi boca.
Jay dio un paso más – He querido hablar contigo, pero me ha sido imposible, estas tan cerrada a no querer verme, queria darte un espacio, pero ¡Maldita sea! No pude aguantar más - Bajé la mirada no supe que decirle, la verdad no había pensado aun que debía decir, tenía tantas cosas en mi mente. Se acercaba más, se veía lo frustrado que estaba porque yo no decía ni una solo palabra y me rehusaba a mirarlo a la cara.
Ya no pudo más y me agarro de los hombros y me acerco mucho más a él, nuestros labios quedaron a milímetros, mi corazón latía demasiado fuerte, sentía como si se quisiera salir de mi pecho, sentí un calor subir por todo mi cuerpo hasta llegar a mis mejillas, este hombre me ponía demasiado nerviosa, intente alejarme, pero él no me dejó, me miraba los labios y después los ojos como exigiendo respuesta de lo que yo pensaba, pero yo estaba helada, sin poder pronunciar palabra.
Sentí como uno de sus brazos rodeó mi cintura y me acercó más a él, nuestros labios quedaron rozándose - ¿Porque no me dices nada? ¿Es tan difícil decirme que lo que piensas? – Mi respiración estaba agitada, realmente no podía moverme, tenerlo tan cerca, sentir su aliento, su aroma, su cuerpo cerca del mío, me hacía temblar - ¿Vas a seguir sin decir nada? ¡Ok! Entonces hablaré yo – Me dio un corto beso en los labios - No he podido sacarme ese beso de la cabeza, ni todos los otros, estas todo el tiempo en mi cabeza, me dan celos si veo que otro hombre se te acerca, si estas lejos quiero verte, me desespero si no sé de ti, quisiera cuidar todo el tiempo de ti. Ayer queria decirte todo esto, queria decirte que no me importa tú pasado, que no me importa si tienes una hija, que no me importa el mundo, intenté alejarme, pero no puedo, siempre regreso a ti – Me dio otro beso – Estoy aquí frente a ti, y sigues sin decirme nada, sigues callada y dejando que me vuelva loco con todo esto ¿Qué haga como si nada hubiera pasado? Imposible, estas clavada hasta mis huesos, te veo hasta en mis sueños ¿Por qué eres tan cruel?
Di un largo suspiro y lentamente me alejé un poco, no podía seguir evadiendo el tema, sabía que yo no era así, no podía seguir dándole largas al asunto. Al tenerlo tan cerca confirmé todo lo que él despertaba en mí, por más que quisiera negarlo, Jay me gustaba y mucho, así que decidí mentirle – Todo lo que ha pasado es un error, algo que no debió pasar, ni lo del bar, ni lo de ayer, nada de eso puede volver a pasar – Me fui alejando cada vez más, mientras tomaba las fuerzas para mentirle – Yo soy mayor que tú, tengo una hija, y soy tu secretaria, tú apenas estas comenzando una vida y te mereces alguien mejor – El negaba con su cabeza, así que decidí acércame y tomar su rostro entre mis manos, me obligué a mentirle mirándolo a los ojos – No te puedo brindar nada de lo que tú quieres, así que es mejor que olvides todo – Tomé aire, para decir lo que venía – No me gustas Jay, no te veo como hombre, solo te veo como el chico que le dio una oportunidad maravillosa a mi hija y que ahora es mi jefe.