Tren de consecuencias

1932 Words
Supuse que saldrías a comprar semillas de coca, porque el hombre con los dientes de oro, así te lo pidió; papá, este tema puede llevarnos lejos, y no para bien – Reprochó Eustaquio  Le apuesto a que no mijo: soy su padre, soy más viejo, y más vale el diablo por viejo, que por diablo – Dijo José Amario entre risas – Mañana empezaremos a preparar el terreno, llueva, truene o relampaguee – Aseveró  Papá, ¡No estoy de acuerdo! Y ya no sé en qué tono decírselo… Entre más grande se vuelva “el asunto”, más expuestos vamos a estar – Reclamó Eustaquio.   Es tan simple como esto, o lo hace, o  lo desheredo, y no tendrá derecho al poco de tierra que le dejaré cuando muera – Amenazó José Amario.   Está bien, pero de ahora en adelante, lo haré responsable, por cualquier cosa que nos ocurra.- Sentenció Eustaquio.   Perfecto: Yo asumo las consecuencias. Además, todos sabemos que a larga, todos vamos a terminar sembrando coca, así nos neguemos a hacerlo, porque, según sé, en el Putumayo, el cultivo se está extendiendo cada vez más, y no hay nada que usted o yo, podamos hacer… Este país está condenado a ser un Narcoestado, y quienes no nos adaptemos a esas “nuevas reglas” vamos a ser borrados del mapa, así de sencillo – Dijo José Amario, sacudiendo las manos.   Al día siguiente, los dos hombres, se dispusieron a quemar otra parte del monte a fin de extender el cultivo, pero esta vez con coca. José Amario ya había averiguado tanto como había podido de la planta, por lo tanto, se dedicó únicamente a darle instrucciones a Eustaquio, quien empezó las labores, con un poco de rabia y de resentimiento, porque la herencia de su padre, aunque poca, era algo con lo que contaba, porque eventualmente, quería, con algunos ladrillos, levantar una casa.   El pequeño Amaranto, nuevamente observaba de lejos lo que su padre y su abuelo ejecutaban, era un niño de casi cuatro años, pero parecía que tomara atenta nota de lo que estaba viendo, porque era como sí grabara paso a paso, cada uno de los procedimientos que se hacían con la tierra. Amaranto hacía como que, simplemente, jugaba con sus carritos...Pronto sería un niño, que jugaría a la guerra.   Nuevamente, sembrar la planta, regarla, y esperar cuatro meses, para recoger la hoja, y lo más importante, la flor, la amapola, de cuyas vainas, se obtenía una suerte de leche, que hacía transformar completamente la realidad: “alucinar”, sí así se quería llamar.   Más temprano que tarde, Jose Amario, llamó nuevamente al “Caleño”, y a sus mal encarados hombres, para que recogieran esta vez el producto, como estaba pactado desde hacía meses atrás.   Desde luego allí estaré. Por favor esté pendiente Jose Amario, porque no quiero sorpresas - Sentenció “El caleño”.   Nuevamente la trocha, el jeep último modelo embarrado y los cuatro hombres, cercaron la pequeña propiedad de Eustaquio.   ¿Cuánto nos darán esta vez? Dijo Jose Amario, con la avaricia en los ojos.   El doble, de la vez pasada. Esta vez estaríamos hablando de tres millones de pesos - Señaló el hombre rubio – Pero esta vez, voy a necesitar algo más: requiero que encuentren la manera de entregarme el producto neto, porque nuestro “laboratorio” fue expropiado por los milicianos, así que necesitamos un nuevo proveedor, y ¿Quién mejor que ustedes? Señaló el hombre rubio.  No tenemos cómo, y la realidad, es que tampoco nos interesa – Respondió Eustaquio con deferencia.   Bueno, realmente, no les estoy pidiendo un favor, lo van a hacer – Exigió El caleño  El rostro de Eustaquio palideció, mientras el gigante moreno, dejó entrever una metralleta, y hacía  gestos, de estar dispuesto a empezar a disparar en cualquier momento; miró por un momento con mucha ira a José Amario, porque por él, estaban en semejante situación, mientras Aminta y el niño, observaban entre los espacios vacíos dejado por las columnas de madera del rancho; Aminta se limitó a cerrar los ojos, porque no quería ver, lo que ocurriría a continuación, sí la negativa de Eustaquio, continuaba siendo rotunda; rezó tres Padrenuestros y tres Avemarías, suplicando al cielo, que la tozudez de Eustaquio cediera, y aceptara la condición de aquellos oscuros hombres, aunque realmente, no tuvieran mayor opción.   ¿Nos darán para abrir más trocha, y para conseguir los químicos y lo que se necesita? - Intervino José Amario, rápidamente.  Por supuesto ¿Cuándo han visto qué nosotros pidamos cosas gratis? - Dijo el Caleño, sonriendo.   En aquel instante, José Amario se sintió por enésima vez, intranquilo, por la decisión que había tomado. Sabía que no era la correcta, y sabía que esta sería la primera de mil decisiones que llevarían a una espiral en decadencia, y no era para menos, porque en esta ocasión, estaban hablando de amenazas de muerte.   El caleño, entregó, en esta ocasión, un portafolio, con cantidades de billetes qué parecían incontables. - No importa, cómo sea, buscaré la manera de procesarla, así tenga qué hacerlo yo mismo – Se prometía, Jose Amario. Eustaquio, por su parte, se sentía indignado, sabía que las cosas iban a escalar hasta ese punto, y que eran circunstancias irreversibles; adicional a esto, allí estaba su joven familia, presenciándolo todo, y lo peor, era que no sabía con seguridad, sí saldrían vivos de todo esto. Lo que siempre ocurre con las personas que se involucran en ilícitos, es que se vuelven amigos de la muerte, porque ésta, les respira en la nuca, constantemente, y era algo con lo que tenían que aprender a vivir. - A lo mejor, y sea conveniente, aprender a utilizar armas, y defendernos – Se decía Eustaquio a sí mismo, pero luego recordó el calibre de las metralletas con las que fueron amenazados, y se sintió en una sin salida.   Una vez los hombres partieron con la coca recolectada, y habiendo entregado el portafolios, lleno de billetes, Aminta se sintió incapaz de salir del oculto rincón del racho, durante horas; lloraba de miedo, porque sabía que un destino quizá muy oscuro, les esperaba. - Pero ya no hay marcha atrás...Habrá que buscarle la comba al palo, y adecuarnos a esta situación - Pensaba para sí misma, con su ya acostumbrado optimismo.   Esa noche, tras la visita del Caleño, se fueron todos a dormir, sin pronunciar palabra alguna. Todos se encontraban descolocados, con su nueva situación de “productores de coca”, que era un estatus, del todo indeseable.   Al día siguiente, Jose Amario y Eustaquio, se dispusieron a viajar, nuevamente a San Vicente del Caguán para ubicar “el contacto” y que éste les detallara los por menores de cómo llevar a cabo la producción de “los gramos” o pasta de coca, como ya se conocía en la región.   Aminta por su parte, sabía que debía estar presente junto a Eustaquio, para lo que surgiera, incluso para huir, si fuera esta la última opción. “Tal vez tenga que enseñarle a Amaranto a escabullirse entre la selva, en caso que seamos presa de un ataque, o a lo mejor deba enseñarle a correr tan rápido como pueda, para que se resguarde, y se ponga a salvo en los árboles, en caso que nos persigan” - Reflexionaba Aminta. Como preservaba algunos conocimientos de supervivencia, de cuando llegó a aquellos selváticos terrenos, y éstos se encontraban vírgenes aún, sin colonizar, empezó con el correr de los días a enseñarle a Amaranto, qué árboles habían en la zona, qué frutos podía comer de aquellos árboles, como podía obtener resinas de algunos de ellos, incluso, le enseñó algunos trucos de primeros auxilios, en caso que llegara a herirse, con alguna planta cortante; Aminta siempre había soñado, con ser enfermera, y tenía alguna idea de cómo tratar una herida, o como hacer que no se infectara, como hacer torniquetes, y muchos otros conocimientos, que quiso transmitir a Amaranto en aquel momento – Tengo qué educarlo, tal y como sí fuese a una guerra – Se planteó.   Al día siguiente, José Amario y Eustaquio, se encontraron, de nuevo en el rancho:  Le dije que esto iba a ser nuestro final, nunca puedo confiar en la manera en la que usted hace las cosas, papá ...Mire en dónde vamos, amenazados con metralletas, como si fuéramos delincuentes ¡Ah! ¡Es que ya lo somos! - Dijo Eustaquio, manoteándole a Jose Amario  ¡Lo haremos, y punto! - Dijo Jose Amario, lanzándole una bofetada a Eustaquio, por su irreverencia.   Acto seguido, Eustaquio empujó a su propio padre, por una fuerza inconmensurable proveniente de la ira que sentía, por encontrarse en esa terrible situación. Sin embargo, recordó los diez mandamientos, que había aprendido en su poca, pero cristiana educación, que enunciaba “Honrarás a padre y madre” - Sí golpeo a mi propio padre, pueda ser peor, ya suficiente tengo con aguantar los embates de su avaricia- Pensó Eustaquio, mientras contenía su puño cerrado, para evitar, darle un golpe a José Amario. No quisieron empezar las labores de la tarea encomendada por “El caleño” aquel día. Estaban todos indispuestos y llenos de rabia, por ese “tren de consecuencias” en el que ya se hallaban inmersos.   Tengo terribles presentimientos sobre todo esto, Aminta – Dijo Eustaquio, sollozando, sobre el pecho de Aminta, una vez llegó a su hogar.   Lo sé, y lo entiendo, pero no quiero que te culpes más por esto que está ocurriendo. De cualquier manera, piensa, que las circunstancias, nos iban a llevar a esto, te lo he repetido varias veces. Somos la primera, de muchas familias que van a ser cocaleras. Lo que me preocupa, es ¿A quién le estamos sirviendo? Porque puede tratarse del mismo diablo – Dijo Aminta, mientras consentía a José Amario, quien solo podía llorar.   No obstante, todo este dramático cuadro, Aminta, decidió ser lo más pragmática posible, y ser el soporte que Eustaquio requería en aquel momento; igualmente, quiso continuar con el proyecto de enseñarle a Amaranto, cómo defenderse en la selva, de ser necesario, y de transmitirle sus muchos conocimientos en enfermería, y de estar preparada, para salir corriendo, cuando fuera necesario; sin embargo, sabía que iba a ser una situación muy compleja de llevar, porque ya corrían los años noventas, Estados Unidos presionaba demasiado al resto del planeta con su “guerra contra las drogas” y arrasarían con todo lo que encontraran, a fin de lograr “combatirlas”; lo dedujo por lo que venía escuchando en una vieja radio, que, ocasionalmente, lograba sintonizar algunas emisoras del Sur-occidente del país.     Ya estamos metidos en esto, hasta el cuello. Tendremos que hallar la forma de sobrevivir, simplemente. De hecho, tengamos que estar preparados, para salir corriendo, en cualquier momento, o debamos estar preparados para la visita del Ejército o de la Guerrilla – Dijo Aminta, con un tono firme, que dejó frío a Eustaquio.   Será cuestión de ver cómo nos vá durante estos primeros intentos de producir esos malditos gramos. A lo mejor, podamos construir un cambuche, para escondernos, en caso de que seamos víctimas de una emboscada - Comentó Eustaquio.   Lo que Eustaquio no sabía, era que ya algunas familias en la vereda, habían empezado a ser contactadas por los guerrilleros de las FARC y estos empezaron a exigirles que empezaran a sembrar pequeños trozos de tierra, con coca, a manera de “contraprestación” por haberles acompañado a algunos de ellos, en el proceso de colonización de aquellas tierras baldías, hacia muchos años atrás.  
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD