Desde luego, Amaranto intuía en el fondo de su corazón, que era muy probable que pudiera regresar a su casa, porque lo presintió de camino hacia la aldea. Lo que le preocupaba era la manera en la que se iban a desenvolver las cosas: Ya sabía que el comandante se iba a encontrar con aquel hombre rubio de dientes de oro, que él siendo un niño, recordaba como “El Caleño”; también era consciente de que lo que el comandante pretendía hacer, era meterse en los terrenos de un narcotraficante, lo que implicaba meterse en la boca del lobo, y todo esto lo haría por una ambición desenfrenada, de hacerse al negocio de la coca, que sus padres ya habían montado. Tendría que aguardar entonces a que el comandante hablara con el caleño, e intentar indagar cuáles serían las órdenes que le daría a continuaci

