Mi padre esperó pacientemente a que mi hermano se levantara y saliera de casa.
— No puedo creer que me hayas hecho esto a mí- dijo con decepción.
— Yo no te hice nada papá, tú fuiste el que me ocultó la verdad y me expusiste entre muchas personas, ¿matrimonio?, ¿a caso no pensabas decírmelo?
— Te lo iba a decir, pero saliste huyendo.
— Claro que huí papá, porque no me dejaste otra opción, todos se enteraron al igual que yo... la diferencia es que es mi vida la que está en juego aquí.
— No tienes por qué exagerar, todos estaban felices por la noticia.
— Pero yo no y de ahora en adelante no aceptaré nada que no me haga sentir así. He vivido complaciéndote y me olvidé de mí.
— ¿Espera, qué tratas de decir con eso?
— Que no me casaré, porque de todas maneras eso no resolverá nada.
— ¿A caso no te das cuenta que nos lo debes?
— ¿Se los debo?, ¿por qué exactamente?- pregunté molesta.
— Por ayudarte a salir de la situación en la que estabas, es increíble que no veas que ahora ni siquiera piensas en ese hombre.
— No, te equivocas, yo pienso en él, todo el tiempo... pero no lo recuerdo, me lo imagino de mil formas distintas, pero quizás ahora pueda revivirlo todo.
— ¿De qué hablas?- preguntó con temor.
— Estoy embarazada papá- le dije mirándolo fijamente a los ojos.
— ¿Qué fue lo qué dijiste?- me abofeteó.
— Sé acabó- dije con lágrimas en los ojos levantándome del sillón rápidamente- no voy a seguir bajo el mismo techo- mi enojo era evidente- he tratado de comprenderte y de hacer todo lo que me has pedido, pero ya no estoy dispuesta a tolerarlo por más tiempo.
— Tú eres la que ha fallado y te atreves a darme la espalda- mi padre me miraba con miedo, no era la expresión que estaba acostumbrada a ver.
— Yo no he fallado, más bien pregúntate en qué momento dejaste de ser mi padre- me di la vuelta y me dirigí a mi habitación, en ese momento nada más importaba que alejarme de ese lugar que solo se había convertido en un espacio en el que vivía, prefería hacer un hogar aunque me estuviera muriendo de miedo por el ser que venía en camino.
Agarré mis cosas más importantes y las guardé en una maleta.
— Desde hoy, ya no me importa lo que digan de ti- dije abriendo la puerta y cerrándola de golpe.
Me quedé parada un momento, tratando de calmar la presión que sentía que me oprimía el pecho. ¿Qué iba a hacer ahora?, ¿cómo iba a enfrentarme a todo esto?
Decidí que era hora de saber más del padre de mi bebé, tal vez podría contar con su familia, era extraño como todo había desaparecido de la nada, como si nunca hubiera estado ahí.
No me había puesto a revisar los detalles de costos y horarios del detective, revisé mis mensajes, era un costo que podía cubrir, así que lo cité en una cafetería cerca de ahí, a los minutos él respondió, así que me dirigí al lugar.
Cuando llegué estaba algo nerviosa, me daba algo de miedo descubrir lo que estaba detrás.
— ¿Usted es Jane Smith?
— Soy yo, dígame- miré al hombre que me miraba de arriba a abajo.
— Soy Samuel Torres, el detective que contrató.
— Muchas gracias por venir, siéntese por favor.
— Recordé que trabajé con su padre años antes, me impresiona verla tan grande, era una niña la última vez que la vi.
— Sí, debo decir que cuando vi su nombre lo recordé de inmediato.
— Bueno, dígame en qué le puedo ayudar.
— Necesito encontrar a alguien, mis padres dicen que está muerto, pero la verdad es que ya no les puedo creer nada de lo dicen.
— Si falleció será mucho más fácil encontrarlo, solo necesito su nombre.
— Ese es el problema, no recuerdo su nombre... tuve un accidente y no recuerdo absolutamente nada a cerca de él.
— ¿Cómo espera que lo encuentre?- me miró con curiosidad.
— Sé que es una locura, pero le prometo que voy a conseguir información, necesito encontrarlo lo antes posible.
— De acuerdo, cuando tenga información, me avisa- se levantó de la silla y caminó hacia la puerta.
Me quedé sentada, pensando en qué iba a hacer ahora que me había distanciado de mi padre.
— ¿Estás sola?- preguntó una voz masculina sacándome de mis pensamientos.
— ¿Tú?, ¿qué haces aquí?
— Es mi lugar favorito para un buen café en París.
— Adelante, yo ya me iba- miré a las mesas ocupadas del restaurante.
— ¿Podemos hablar Jane?
— Ahora no... tengo muchas cosas en la mente y no tengo tiempo para una plática de amigos- me levanté dispuesta a irme.
— ¿Ni aunque se trate de nuestra boda?
Me quede parada dándole la espalda, así que se trataba de él.
— ¿Tú ya sabías esto?
— Lo ilógico es que tú no lo hayas sabido- dijo con una risa burlona- se trata de tú boda.
— Mi padre no me cuenta nada, al parecer para él ni siquiera es importante que yo sepa que estoy comprometida. Aunque como ves, no tengo ningún anillo- dije mostrándole mi dedo anular.
— Eso es porque no me diste tiempo de dártelo. Lo tenía preparado, pero te perdiste de nuestra fiesta de compromiso- bromeó.
— Escucha, no voy a hacer esto, no voy a dejar que mis padres decidan controlar mi vida.
— ¿Crees que yo quiero casarme con alguien a quien solo recuerdo por nuestros juegos cuando éramos niños?
— Pues parece que te lo has tomado bastante bien, ¿o me equivoco?
— Soy un hombre práctico, sé que mi familia no va a dejar de insistir en que me case y ya deberías saber que la tuya tampoco lo hará, para ambos es mejor ser aliados en esto.
— ¿Aliados?, ¿a qué te refieres?
— Que podemos hacerlo, así tú obtienes lo que quieres al igual que yo.
— ¿Cómo sabes qué es lo que quiero?
— Simple, quieres libertad, dejar de depender de tú familia... estabilidad, es lo que definitivamente vas a conseguir si nos casamos.
— ¿Y tú qué deseas?- pregunté con curiosidad.
— Alguien con quien compartir lo que tengo- sonó sincero y amable- como sea, piénsalo Jane... nuestra unión al parecer es inevitable, por eso podemos hacerlo a nuestra manera.