Después de esa larga, romántica y bella luna de miel llegamos a la que sería nuestra casa, donde formaríamos nuestro hogar y nuestra propia familia. Estábamos agotados de tanto ir y venir, de un país a otro, pero felices por la oportunidad de haber conocido tantos lugares y tanta gente.
- Creo que deberíamos repetir estas vacaciones después -
- Sí, por supuesto – le dije entusiasmada.
Los bellos momentos que había vivido en estos últimos días nada ni nadie lograría borrarlos.
Nuestra casa era grande, tenía tres plantas en la primera estaba toda la parte social y cocina gigantesca, con una sala comedor amplia y abierta, la decoración había quedado increíble, en la segunda planta habían tres habitaciones y una oficina para Daniel con su propia biblioteca, aún tenía algunas cajas por destapar de sus pertenencias, y en la tercer estaba nuestra habitación que era mucho más grande que las otras, nuestro baño con una increíble bañera para los dos, y una habitación exclusiva para poner nuestra ropa. Del otro lado de la planta estaba mi oficina, la más desordenada, no había desempacado ni una sola caja, todos mis libros estaban guardados y ahora debía disponerme a buscar lo que iba a necesitar para mi viaje de trabajo.
En mi estudio tenía el privilegio de tener un pequeño balcón, con una silla cómoda. Para mí era el lugar más bonito de la casa. En el jardín teníamos piscina cubierta y gran espacio de zonas verdes, que seguramente después remodelaríamos cuando llegaran los niños. La sola idea me hizo dar un poco de nervios, a pesar de estar segura de querer formar mi vida con Daniel, era muy pronto para tener hijos, quería seguir viajando y descubriendo lugares y objetos para los museos.
La casa la habían elegido mis padres, había sido su regalo de bodas, que habíamos agradecido con Daniel. Sinceramente era una casa muy bella.
- ¿Quieres que te ayude a empacar? – dijo con algo de tristeza Daniel.
- Si, por favor, me ayudaría mucho – dije algo agotada.
Necesitaba buscar entre todas las cajas lo que iba a necesitar para mi expedición.
- ¿Qué te ayudo a buscar? -
- Todo lo de invierno, la ropa, implementos, la carpa- le dije, a pesar de que no era invierno aún, en el lugar donde íbamos a estar había acumulaciones de hielo, el clima podía variar mucho y debíamos estar preparados.
- De acuerdo- miraba con cuidado las cosas como si fuese a romper algo.
Más tarde casi en la madrugada nos acostamos exhaustos
- Tenía la intención de que nos despidiéramos como debíamos, pero estoy muy cansado -
me reí por la declaración tan abierta de Daniel
- Yo también estoy muy cansada, lo siento -
- No te disculpes, cuando llegues me recompensas – la última frase su voz sonó un poco más ronca, sus ojos destallaron de deseo.
- No sé que te estés imaginando, pero algo intentaré hacer – y me abalancé sobre él para darle un beso largo, lo iba a extrañar, un mes lejos de mi recién esposo era difícil y para él aún más también.
Era mi primer expedición en años y la primer que tenía que vivir al lado de él. Fue una discusión difícil cuando Daniel, mis padres y los suyos se enteraron de que me había ofrecido para una expedición, por poco hecho para atrás todos mis planes, pero era algo que amaba hacer y quería volver a tener en mi vida, sin importar los riegos y lo lejos que estaría de casa y de Daniel, si él realmente me quería, lo entendería.
A regañadientes Daniel me apoyó en la decisión final.
- Te voy a extrañar – le dije sin aliento
- Yo también cariño mío- me abrazó entre las cobijas y así poco a poco nos fuimos quedando dormidos esa noche.
Unas horas después, al amanecer nos levantamos casi sin energía, tomamos una ducha juntos, nos arreglamos, desayunamos casi en silencio y me llevó al aeropuerto Gardermoen de Oslo, nos despedimos con mucho cariño.
- Me estas llamando -
- Si cariño, en la mañana y en la noche – le repetí con un sonrisa.
Me llenó la cara de besos, me dio un fuerte y largo abrazo y se fue. Esperé unos minutos más al llamado para abordar.
- Hola Lena – saludó Bjorn, era un joven bastante animoso, era nuevo en el equipo, sin embargo, era el más inteligente utilizando la tecnología que llevábamos para recopilar datos.
Seguido de él llegó Siriana, una mujer muy guapa e inteligente, Bjorn se puso algo nervioso cuando la vio, allí me di cuenta de que él era de esas personas transparentes, que se les nota cada sentimiento y cada verdad y me sentí afortunada por las personas que me iban acompañar.
Entregamos todo nuestro equipaje que era bastante y subimos el avión.
- A punto de abordar. Te amo – Le envié un mensaje a Daniel y apagué mi teléfono.
Apenas aterrizamos sentí el golpe de energía que necesitaba, estaba cerca de la aventura, de la historia y de hallar una parte importante de nuestro país.
Parte del equipo ya había llegado desde el día interior, así que enviaron a alguien para recibirnos y ayudarnos con el equipaje.
- Solo faltaban ustedes tres, todo el equipo ya está completo y listo para empezar – nos dijo el chico que iba manejando.
- Muchas gracias – nos sonreímos de emoción todos.
Al llegar ya estaban los campamentos levantados en el fiordo de Tana al noroeste del país,
nos ayudaron a levantar nuestros campamentos privados para dormir.
El equipo estaba reunido esperándonos para empezar con el proceso y para conocer el líder del proceso, entramos y saludamos a todos nuestros compañeros, todos estaban igual que yo, emocionados, es muy alentador ver que estas en el lugar correcto cuando compartes la misma pasión con las personas que te rodean. Esto era algo no te tenía en Oslo, extrañaba los tiempos de antes donde andaba por todo el país. Extrañaba estar aquí en campo abierto.