Fiodor.
–¿Me puedes decir qué significa esto? – le tiré a Ellioth la carta que me había dado en la cara.
–No lo sé Fiodor, es la primera vez que veo ese sello.
–¡Maldición! ¿Como que no sabes? ¿Qué demonios te está pasando Ellioth? –golpee con rabia mi escritorio–Nunca te habia pasado esto, sabes que odio no tener respuestas–
–Lo sé Jefe, por eso mientras estaba en la habitación de la chica investigue un poco y.... –lo interrumpi.
–¿Y...? –Dije, se estaba tardando en soltarlo y la paciencia no es una de mis virtudes.
–Bueno, solo pude conseguir esto–Ellioth me deslizó hacia mis manos un pedazo de hoja.
La cogí.
"¡Simone, alias El conejo blanco! "–murmure confundido.
–¿Quién mierdas es "El conejo blanco"? –pregunte a gritos molestó.
–Es el líder del nuevo cartel, jefe–respondió Ellioth.
¡Maldición! –exprese furico.
Giré mi silla hacia la ventana y mientras me fumaba un tabaco, me puse a pensar en cómo pudo pasar esto. De seguro mi padre debe estar retorciéndose de la rabia en su tumba, además de que lo primero que me diría es que tengo que destruir a ese tal "Conejo blanco" como la Bestia que me hago llamar... El problema es ¿Cómo lo hago?
¿Cómo destruyó a alguien que no conozco? Debo darle donde más le duela.
Mi mente se nublo buscando una solución para esta mierda, tardé varios minutos mientras me fumaba mi tabaco pero, luego de diez minutos al fin había pensado en algo. En algo. Que posiblemente no era la mejor opción pero era lo único que mi mente pensaba.
Antes hubiera liderado un plan mejor pero ella me ha cambiado, porque solo hay espacio en mi cerebro para Nikita.
Me levante firme y seguro.
–Prepara a mis mejores hombres, armalos con sus mejores armas y que estén listos en quince minutos. Vamos a ese evento. Vamos a mostrarle quién es él que manda en la ciudad–comenté con odio, mirando fijamente a Ellioth.
Ellioth asintió yendo enseguida a cumplir mis órdenes.
Me quedé terminando mi tabaco en el despacho, luego me fui acomodar. Rezando que Nikita estuviera haciendo lo mismo. Sí, rezando. Me ha costado que cumpla mis órdenes por eso pido que esta si la haya cumplido a la perfección.
Nikita.
Decidí darle una oportunidad.
Y...
Le obedecí.
Me dí una ducha larga y fría para limpiarme bien. Fuí al armario que posaba en mi habitación y cogí un vestido largo anaranjado, habitualmente no uso vestidos pero creo que la ocasión lo amerita, ahora estoy sentada en la peinadora tratando de maquillarme decentemente. Nunca había usado maquillaje y tengo miedo de verme como un payaso.
Había miles de labiales, polvos y pinturas... No tenía ni puta idea que usar, respire profundo, y cogí lo que según yo podía verse mejor con mi atuendo anaranjado. Agarre labial rosa pálido y sombras blancas, luego me mire al espejo y no lucía nada mal, según yo, cabe resaltar.
Mientras me acomodaba el cabello en el espejo escuche tocar mi puerta. Sobresalté un poco de impresión y luego, expresé–¡Adelante! – y el hombre que se hace llamar Fiodor entró. Entró con un elegante traje azul marino, su cabello estaba perfectamente peinado y sus zapatos tan brillantes que podía ver mi rostro en ellos.
Se acercó a mí sin ninguna expresión en su rostro.
Odio sentir miedo, pero él lo hace inevitable. Cada vez que se acerca a mí con esa actitud arrogante y fría causa ese sentimiento de temor en todo mi sistema nervioso.
Fiodor
Apenas la mire, la imprudencia salió de mí.
–¿Te pondrás eso? –le pregunté al instante asustado, nunca antes había visto una mujer con tan mal gusto para vestir. Tenía puesto un largo y esponjoso vestido anaranjado con amarrillo, había escogido usar unos tacones plateados. Creo que se confundió de evento y va a una fiesta de disfraces.
No puede evitar disimular mi cara de asco.
–¡Sí! ¿No es bonito? –manifestó alegre e inocente, pensé que era una broma y destruí al instante su alegría.
–¡Para nada! Pareces una zanahoria podrida–me dirigí a su closet y comencé a buscar otro atuendo adecuado para la ocasión, al revisarlo observe al fondo un vestido rojo delicado, saque un collar de diamantes y anillos de plata brillante.
Me dirigí de nuevo hacia ella.
–Toma–le tire todo en la cama–Ponte eso, y te doy cinco minutos para que estés abajo y no tardes más o te arrepentirás–ella estaba impactada e inmóvil.
Me dí la vuelta y me marché de ahí, creo que iba a cuestionarme con una de sus estúpidas preguntas pues tenía la boca abierta pero me fui de ahí dejandola con las palabras en la boca.
¡Diablos!
Me siento como si tuviera una hija.
Nunca había estado en esta posición de vestir ni arreglar a una mujer, Dios, no sé si esto me encanta pero por los momentos aún no me está molestando. Confieso que creí que sería peor, pensé que sería rebelde y estaría aún sin vestirse en su cama, como horas atrás.
Suspire.
Cuando le ofrecí una generosa cifra de euros a su padre por ella, tengo que admitir que me cuestioné un poco si debía tenerla. Averigüe y si, pasaba hambre y frío con ellos porque esa razón se esfumó ese pensamiento de no tenerla y aposté por ella, pero ahora que está aquí conmigo y siento que viene de otra época donde las mujeres eran esclavizadas. Nikita necesita aprender modales, valores y sobretodo necesita tener maldad en ella.
Tiene que aprender a ser una dama.
Porque la quiero en mi cama, para que sea mi mujer.
¡Dios!
Estaba en la entrada principal esperándola, habían pasado solo seis minutos y mi impaciencia era más que notable. Necesitaba irme, necesitaba ya verla, no me aguante más y mi impulso me hizo subir las escaleras pero al tercer escalón me detuve porque ella ya venía luciendo celestial.
«Creí por un segundo que era un Ángel» -murmuré.
Ese collar de diamantes deja ver reflejada completamente su carita de muñeca «hermosa y delicada» ¡Joder! Y... la abertura del vestido en su pierna derecha deja lucir su cuerpo esculturalmente sexy como de una modelo profesional. Ya no parece una niñita inocente, ya es una mujer adulta y así me gusta más.
Nikita bajaba despacio y tímidamente las escaleras mientras yo la observaba sin parpadear.
Me estaba enamorando, se estaba empezando a notar hasta en mi respirar y lo peor es que solo han pasado horas desde que llegó a mí vida.
Ella pasó frente a mí mirándome de manera arrogante, se detuvo en la puerta y expresó.
–¡Listo! ¿Nos vamos? –escuche decir pero no preste atención.
Estaba ido. Estaba perdido en mis pensamientos donde la hacía mía, completamente mía a Nikita en todas las formas posibles hasta que... –¿Señor... Fiodor? ¿Señor Fiodor? –dijo sonando sus dedos en mi cara.
Parpadee dos veces reaccionando a su segundo llamado.
–¡Disculpa! ¿Qué me dijiste? –pregunté confundido. Su llegada me dejó perplejo y no preste la atención adecuada a sus palabras.
–Decía... –giro sus ojos– Que me disculpe por lo tarde pero es difícil caminar con estos zapatos–señaló sus tacones–Y... qué si nos vamos–volvió a repetir su pregunta.
Tenía ganas de decirle un cumplido, por lo hermosa que se encontraba. Pero soy Fiodor y lo que salió de mí fue...–No la disculpo. La puntualidad para mí es esencial, para la próxima espero que llegue a tiempo–Dije frío y cortante.
Terminé de bajar y abrí la puerta para salir. Luego Ellioth nos abrió las puertas de la camioneta y entré primero, posteriormente Nikita hizo lo mismo después de mí.
–¡Vamos Aaron, ya arranca!–le ordené a mi chofer.
Él asintió veloz dejando humo en el lugar.
Ellioth venía atrás en una de las tres camionetas que transportaban a mis otros sicarios.
Iba a encontrarme con mi rival alías "El conejo blanco" Y aún no tenia un plan por si las cosas terminaban mal, no tenia un puto plan por culpa de ella, quién no me deja pensar en otra cosas que no sea en tenerla chupando mi v***a.
El viaje se estaba volviendo algo pesado, mire a mi lado y Nikita miraba por la ventana, noté su mirada algo apagada.
¿Qué diablos le pasa? –me pregunté.
Tal vez no este así por mí culpa pero, quizás no debí hablarle así, por eso es que nunca pude tener una relación estable. Por culpa de mi maldita actitud déspota.
Traté de disimular mi preocupación por su tristeza pero no pude.
–Mira niña. ¿Qué te sucede? –le pregunté violento. Ella volteó con su ceño fruncido hacia mí. –Nada. Nada que te importe imbécil–me respondió fría y molesta, volteando de nuevo hacia la ventana.
¡Maldición!
Dolio. Vaya que dolió que me hablara así pero fue mi ira quien sobresalió.
–A mí nadie me habla así–la tome fuerte de su brazo–Escuchame bien. –y con la otra mano aprete fuerte su menton–Sí tienes un puto problema conmigo solo tragatelo, porque no me interesa. Pero... si vas a tener esa puta mirada de mierda toda la noche, dímelo, y te mando directo al infierno–dije sin pensarlo. Mi mente se nublo de rabia dejándome en evidencia. Sí, en evidencia que no puedo controlarme, que no puedo controlar mi puta ira. Mi puto deseo de matar a todos.
Me quedé viendo un par de segundos con rabia y luego la solté.
Sus respiración estaba agitada.
Pero ella no dijo nada, solo volvió a mirar por la ventana.
Y claro que después el remordimiento vino a mí, no puedo seguir tratándola así. No debo. Pero es que no sé ¿Como tratar a alguien que me importa más que mi vida?
A veces suelo sentirme como un maldito psicópata, por sentir amor, odio e ira al mismo tiempo. No sé como controlar mis sentimientos, nunca he podido durante estos treinta y seis años.
Deseo hacer las cosas bien con Nikita ¿Pero...? ¿Como le explico que la había comprado para ser mi esclava s****l? ¿Como... le explico que cambie de opinión por su belleza, por su salvaje forma de ser? ¿Qué palabras debo usar para no causar más odio y desprecio en ella?
¡Maldita sea!
Tantas preguntas y tan pocas respuestas.
Si sigo así, enloqueceré.
Demonios.
[...]
Nikita.
Me equivoque, otra vez. Sí, ya antes lo había hecho, fue en el verano cuando creí que Agustín sentía algo por mí pues no le regalas una sonrisa y un guiño de ojo a cualquiera. Esa veces caí por inocente, creí que él me quería pero solo quería burlarse de mí como toda la escuela... Su novia Melissa así me lo dejo saber grabando un video donde Agustín me insultaba diciéndome “Fea. Nerd y flacuchenta” cuando supuestamente nos ibamos a besar. Ahora me volví a equivocar con Fiodor en sentir que en la habitación habíamos conectado, en que habíamos hecho click.
Maldición.
¿Será que mi destino es ser humillada por los hombres? –me pregunté a mi misma mientras observaba por la ventana, tratando de entender a este sujeto quien me trataba como le daba la grandísima gana.
Después de como me hablo, no hable ni lo mire en todo el camino.
Solo suplicaba llegar al lugar para librarme de él, unos minutos más y el deseo de matar a mi padre lo cumplía pero con él. Sin embargo, el deseo se esfumó porque tiempo después habíamos llegado a un enorme y elegante castillo con luces al entrar.
–¡Llegamos jefe! –el chofer hablo deteniendo la camioneta–¿Lo escoltó hasta dentro o me quedo vigilando desde afuera?–le pregunto.
Fiodor miró a la entrada donde estaba una gran multitud, luego miró a su chofer y le comentó. –No. No me acompañes Aaron, mejor quedate afuera y estad atento, que puede que te necesite muy pronto–
Aarón asintió muy bien, se estaciono en la primera fila del estacionamiento que daba para mirar perfectamente dentro del lugar. Se fue pero antes nos abrió a ambos la puerta para así entrarnos al evento.
Fiodor levantó su codo para que pasara mi mano por ahí, no quería tocarlo ni hacer lo que él quisiera, pero había muchas personas y cámaras... No era el momento para un berrinche, así que respire profundo y con una enorme sonrisa tome su antebrazo.
Camine sonriente por la entrada mientras que él caminó serio y odioso.
¿Acaso no puede dejar su asquerosa actitud en casa por un momento? –me pregunté al mirarlo.
Había muchos fotógrafos y periodistas disparando su flash, sin embargo al ver a Fiodor todos ocultaron sus cámaras.
¿Por qué? No tengo ni puta idea.
*~
–Quédate cerca. No hagas estupideces. Y no te metas en problemas–me ordenó mientras miraba a unos tipos que se acercaban a nosotros.
–Ya te lo dije: No soy tu estúpida muñeca para que me digas que hacer–le comenté fría y me aleje de él, ahuyentando así a los sujetos que venían hacia él.
En el evento había un bar y para allí me dirigí.
Fui un títere por muchos años, ya no volvere hacerlo y de eso me encargare muy bien.
No dejaré que nadie me ordene ni maneje a su antojo desde hoy. Desde este preciso momento que estoy bebiendo este ron n***o.
¡Joder! Esto sí que está fuerte–grite al ingerirse todo el trago.
–Sírveme otro–le acerqué mi vaso y el camarero me sirvió más, más. Y más.