Hace una semana que se publicó el artículo sobre la esposa del fiscal y ese maldito no ha dado señales de vida. Me estoy quedando sin opciones. Repaso mi rostro con las manos en señal de impotencia. ―¿Crees que aparezca antes de que se realice la exhumación? Giro la cara y niego con la cabeza. ―No tengo ni puta idea, Jacob ―comento, agobiado―. Pero no estoy dispuesto a rendirme. Haré lo que esté en mis manos para obligarlo a salir de dónde quiera que esté ―sentencio con convicción―. Voy a acabar con su paz, con su vida y con su maldita carrera ―bebo un trago de mi vaso―. No va a construir su felicidad a costa de la mía. Mis dedos se contraen alrededor del vaso con excesiva fuerza. ―Su reputación va a rodar por el piso en cuanto esa tumba se abra y no encuentren sus restos, Lud ―comen

