III: Ese niño de diez años

2162 Words
Nos demoramos una hora en el supermercado y después pasamos a mi casa por algo de ropa, porque mis pantalones de anoche y la camiseta de Eli, que es una talla menos que yo, es un pésimo outfit y grita “no dormir en mi casa”. Hago pasar a Fabián, quien se sienta en el sillón y no se mueve de ahí hasta que me aparezco de nuevo, lavada de dientes, con ropa limpia y planchada y unos tacos que ya me duelen en los pies. Insegura con mi vestimenta, me atrevo a preguntarle su opinión, Eli dice que él siempre es honesto y que tiene buen ojo para la ropa, así que esperemos que sea cierto y que esto no resulte incómodo. —¿Qué te parece?—mi voz sale un poco más chillona de lo normal. Levanto las manos y giro sobre mí misma. —Bo… Bien, bien— asiente y se reacomoda en el sillón. —¿Seguro?— doy media vuelta sobre mis talones y me miro en el espejo de mi cuarto. Me veo vieja con una blusa que muestra escote, pero sigue siendo una blusa, y unos jeans anchos. No me convence, así que vuelvo a cambiarme de ropa, esta vez por algo peor. Hago una mueca y trasteo en mi armario, poniendome algo nerviosa por dejar tanto tiempo esperando a Fabián y porque ya casi son las ocho y deberíamos ir saliendo si no queremos llegar atrasados. Encuentro un body transparente. Muerdo mi labios inferior, paso una mano por mi cabello y cambio el peso de una cadera a otra. Esto, con los primeros jeans y esa chaqueta de cuero que me muero por estrenar no debería verse tan mal, aunque quizás los usare con zapatillas negras para no verme tan producida. Me visto a toda velocidad y salgo de mi cuarto. —¿Así mejor? Levanta la mirada del celular y no es necesario que hable, tampoco creo que podría, pero su expresión facial lo dice todo y no puedo evitar sentirme orgullosa. Aún pueden encontrarme guapa los jóvenes. Debe ser otra de esas consecuencias de mis daddy issues o quizás la falta de aprobación masculina a lo largo de mi adolescencia, pero no puedo evitar desear ser esa mujer a la que no le pasan los años por encima y que va por la calle llamando la atención de jóvenes y hombres. De todas maneras no importa, porque, bien si yo les gusto, pero a mi tan solo me atrae un tipo de hombre y hasta ahora no hay nadie que se le acerque mucho, excepto mi jefe, pero eso ya es tema aparte. Carraspea y se pone de pie de un salto, mete las manos en sus bolsillos y se balancea en sus talones. —Sip, sí, eso te queda mejor. ¿Nos vamos?— alza ambas cejas y comienza a caminar antes de que responda. Presiono mis labios en una línea fina, para contener la risa, pero es bueno que Fabi se haya adelantado, porque la satisfacción es obvia en mi rostro, lo cual es algo vergonzoso. Una treintañera sintiéndose orgullosa porque un joven (no sé si puede considerarlos adolescente aún), me encontró bonita, más que bonita a juzgar por su reacción. —Okey, andando. Paso por su lado y lanzo mi brazo por sobre sus hombros, aunque apenas llego a su espalda. Fabi se ríe e imita su movimiento, solo que descansa su brazo en mi cabeza. Avanzamos hacia mi auto, donde él debe encogerse para caber en el asiento y tirar este hacia atrás lo que más se puede. Y eso teniendo en cuenta que mi auto es un Sedán tamaño promedio. Estoy subiéndome al auto cuando alguien aparece gritando: “Fabian” “Fabian” “Fabián, infiel de mierda” —¿Se refiere a ti?— asomo la cabeza dentro del auto, confusión obvia en mi cara. —¡Fabian!— el susodicho parece estar hundiéndose cada vez más en el asiento, deseando desaparecer —Ven a dar la cara, y tú, zorra, que sepas que jamás te hará terminar, una se hace la tonta y cree que las cosas van a mejorar, pero no es así. Okey, eso es más información de la que me gustaría tener, y al parecer es más de la que a Fabian le gustaría que yo supiera, porque aquello es suficiente para que se yerga en su asiento y abra la puerta de su lado. —Umh— me mira incómodo —anda nomas, después yo llego. Asiento, sin saber muy bien qué decir, ignorando el griterío que tiene la niña en el estacionamiento. No puedo creer que esté vivenciando algo así, creí que estas cosas tan solo pasaban en las telenovelas, pero al parecer Fabian consiguió una novia dramática que no tiene miedo o vergüenza de hacer show frente a un montón de personas. Gritando sobre su vida privada y otras cosas que a nadie le interesan saber. Tan solo por eso y porque sufro de vergüenza ajena crónica, es que me voy de allí sin dudarlo. ✈️ El cumpleaños de Eliza es algo… Mierda, se me olvidó por un momento lo mucho que le gusta celebrar su nacimiento a esta mujer. Habíamos hablado sobre una fiesta, a quién invitaría, que comeríamos y tomaríamos, pero por alguna razón mi cerebro obvio todo eso. Debería haberlo sospechado al comprar tan solo tequila y ron. Supongo que el cansancio del trabajo ha comenzado a afectarme y estoy en “modo automático”, de nuevo. Es más fácil, un alivio, casi. Pero no funciona como uno piensa, no es algo que enciendes y luego decides apagar, es algo que va y viene sin que lo puedas controlar, aunque con el tiempo aprendes métodos para evitar que las emociones vuelvan cuando no deberían o más intensamente. Por eso es que decido no beber tanto, incluso si una parte de mí ruega por vaciar la botella entera y caer en esa espiral de pensamientos autodestructivos que por alguna razón amo tanto. Igual necesito un par de cervezas para sobrevivir la noche y fingir que no soy tan miserable como en realidad me siento. En algún momento empiezo a sentirme mejor, o tal vez hay suficiente alcohol en mi cuerpo para disfrutar la música y comenzar a bailar. Tengo la suerte de que nadie intenta acercarse, nada muy raro considerando que todos los presentes son amigos de Eli que ya tiene sus parejas o gays o simplemente hombres que están interesados en otras mujeres. Bien por mí. Después de un rato de bailar me canso y decido acomodarme en el sillón. —Ris, tanto tiempo sin verte— un hombre, alto, delgado y con un mostacho para nada favorable se acerca. —Hola— digo demasiado entusiasta. Él debe notar la confusión en mi rostro, porque me da una sonrisa suave antes de ofrecerme su nombre. —Antonio— se sienta a mi lado, un poco más cerca de lo común. No es como si eso me diga mucho, pero no quiero ser tan desagradable así que me esfuerzo por encontrar su nombre en mi memoria. Me toma un par de segundos más, pero al final logro hacer la conexión. —Ah— alargo el sonido —, el primo de Eli, ¿no? —Él mismo. —¿Cómo has estado? No te veo desde… —¿El cumpleaños pasado?— sugiere inclinando la cabeza en mi dirección. Suelto una carcajada, que muere rápidamente cuando se inclina un poco más hacia mí. —Cierto. ¿Yo soy o está demasiado cerca? Me hago hacia atrás disimuladamente, recostándome en el sillón, pero él me sigue de cerca. Sus ojos se alternan entre mi boca y el escote indecente que por alguna razón pensé que era buena idea ocupar, pero al parecer llama demasiado la atención. Yo solo quería verme bonita y ahora tengo a un baboso mirándome las tetas como si fueran su próxima comida. No es algo que me atraiga precisamente. Además tiene mal aliento y las uñas sucias. Un poco de higiene básica no le haría mal. —Bueno, termine con mi polola y ahora estoy disfrutando la vida de soltero. Traductor ladysoft: Cualquier micro me sirve. —Oh, lo siento— evito tocarlo, aunque por un segundo pienso darle unas palmaditas de consolación, y le doy un trago largo a mi cerveza. ¿Será de muy mala educación si me paro y me voy? ¿Dónde está mi amiga para salvarme? —¡Antonio!— aparece otro hombre que le ofrece la mano. A él no le queda más que recibir el saludo, levantarse y dejar que el hombre golpee su espalda, con más fuerza de la necesaria a mi parecer. —Nana— Fabian baja la mirada hacia mí, o mejor dicho mi busto. Sus ojos refulgen con un deseo que no se como recibir, pero al menos él tiene la cortesía de fingir que nada ha pasado —, permiso. Se deja caer entre nosotros, no dejandonos otra opción que hacer espacio para él, luego pasa el brazo por el respaldo, sus dedos rozando mis hombros. Antonio alterna la mirada entre nosotros, sus ojos se achinan con sospecha, ¿de qué? No tengo ni idea, pero sea lo que sea no le importa lo suficiente porque después vuelve a enfocarse en mí. —¿Cómo te ha ido a ti, Ris?— enfatiza demasiado mi apodo. —Oh, conseguí trabajo… —Genial— me interrumpe. —Sí, como profesora de italiano, no es lo que me gustaría, pero bueno— me encojo de hombros sin saber cómo seguir. Mi vida laboral no es algo en lo que me gustaría ahondar, principalmente porque es miserable. —¿No es eso para lo que estudiaste? Fabian suelta una risa nasal, casi una burla, que Antonio ignora o no escucha. Yo por mi parte le doy un codazo en el abdomen para que se comporte. Es como si volviera a ser el niñito de diez años celoso de mis novios, solo que ya no tiene diez años y que Antonio me atrae tanto como un cactus. Aun así es gracioso de observar. Fabian sigue usando las mismas técnicas, sutiles pero claras. Es como cuando solía subirse en mi regazo y hundir el rostro en mi busto, sacandole pica a todos mis novios, que tenían que esperar al menos un mes para poder acercarse tanto como él. O como solía agarrar mi mano cuando salíamos a comprar pan para la once. El problema radica en que ya no es un niño y que sus gestos pueden malinterpretarse. Parte con el brazo detrás de mis hombros, luego su pierna pegada a la mía, en algún momento se convierte en responder por mí. —¿Fuiste a ver la última película de Marvel? —Nana jamás ha visto algo de Marvel. —De hecho— me acomodo en el asiento, intentando poner algo de distancia entre el hermano de mi mejor amiga y yo —, vi Iron Man uno, pero solo porque Fabi me obligó— lo señalo con el pulgar y ruedo los ojos —, ah y porque Rober Downey Jr está exquisito. El intento de alejarme no es muy exitoso. No vuelvo a sentir la piel caliente del moreno a mi costado, pero él se las arregla para poner mis piernas sobre las de él y descansar sus manos en mis muslos. No sé cómo lo hace para parecer tan casual, ni siquiera me mira y si no fuera porque sé que yo jamás haría algo así, pensaría que la idea es mía. —Se quedó dormida en la mitad de la película— dice Fabian. Sí, porque eran las tres de la mañana. Información que guardo para mí porque sé como suena eso y con el comportamiento de Fabian no ayudaría mucho a mi causa, que no es conquistar a Antonio, tan solo convencerlo de que no estoy saliendo con su primito, porque no lo estoy haciendo. —Ris, ¿puedes mostrarme donde están las cosas para tomar? Señala con su cabeza hacia la derecha. Asiento y voy a ponerme de pie, pero Fabi ejerce presión sobre mis piernas y me obliga a mantenerme sentada. —En la cocina, estoy seguro de que puedes encontrarla por ti mismo— apunta con la mano frente a nosotros. Su primo no puede echarse para atrás, ya ha salido del sillón y quedará como un tonto, admeás de que su plan se volvera obvio, así que no le queda de otra que irse. Fabian se lleva el vaso a la boca y yo la empujo con mi mano, causando que chorree y ensucie su camiseta. —¿Qué mierda? —¿Cuál es tu problema?— bajo mis pies de su regazo y aprovecho de salir del sillón, escapando de su respuesta porque en verdad no me gustaría saber.
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